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El aborto desde una perspectiva católica y feminista

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Por Lic. Maria Marcela Frencia, Licenciada en trabajo social en «Católicas por el derecho a decidir».

¿A favor o en contra? Eso es un falso dilema. No se trata de estar a favor o en contra. Se trata de escuchar, de acompañar, de entender, de empatizar. De respetar al otro/a. Es cierto, que cuando una mujer decide abortar se encuentra en un dilema ético -¿continúo con un embarazo no deseado o lo interrumpo?- Individualmente nunca he estado ante este dilema, pero no importa lo que individualmente me haya sucedido a mí. Lo que importa es que cuando otra persona está atravesando por esta situación, uno/a no puede juzgar en base a lo que piensa, simplemente hay que respetar al otro y a su decisión. Eso aprendí yo del catolicismo, respetar y amar al prójimo. En Argentina se calculan alrededor de 500 mil abortos por año – muchos son practicados por católicas- y por más que tenemos una ley restrictiva que criminaliza esta práctica, las mujeres abortan igual. Entonces, si la ley no resulta eficaz para detener los abortos, sí aporta a la estigmatización de las mujeres.

A través de la investigación «Mujeres Católicas y aborto: Identidades religiosas y experiencia del aborto en trayectorias biográficas», desde el área de investigación de Católicas por el Derecho a Decidir, junto con un equipo de becarios de CONICET, se recogió voces de mujeres católicas que habían abortado. Mujeres que se autodefinen católicas y que viven y se apropian de su religiosidad de diferentes maneras. Estas mujeres transitaron por la experiencia de un aborto, a pesar de la forma violenta que tiene la jerarquía católica de oponerse al mismo.

«¿Qué pasaría si empezáramos a transparentar lo que nos pasa a las mujeres, católicas, no tan católicas, ultracatólicas?» (Rocío, 37 años).
Ahora bien, ¿Qué pasa cuando la sociedad silencia estas voces, cuando la iglesia las estigmatiza, las persigue, las amordaza?

Escuchar e interpretar estas experiencias permite conocer el modo en que mujeres de ese credo decidieron interrumpir sus embarazos y cómo logran convivir y conciliar esta experiencia con su identidad religiosa.

Latinoamérica es una región con profundas raíces religiosas, la mayor parte de su población se considera católica y la influencia de esta religión sobre todo en temas de sexualidad impacta fuertemente en la vida y las decisiones de las personas. Hoy en Argentina estamos discutiendo sobre la despenalización y legalización del aborto y pareciera que los motivos éticos, morales y fundamentalmente religiosos son los principales obstáculos para su aprobación.

Sin embargo, uno de los resultados que arroja esta investigación es que ante un embarazo no deseado y en condiciones adversas -de distinto tipo- en el actuar de las entrevistadas parece primar un sentido práctico, necesitan resolver el problema. Esto no significa que la religiosidad no opere ante este dilema pero en general lo hace con posterioridad al hecho, a través de la culpa o la necesidad de perdón. Algunas -que siguen reproduciendo un discurso anti aborto- no logran escapar de las redes de la culpabilización y transitando su proceso de manera traumática en soledad y con el peso de la exclusión. Pero otras toman una posición disidente a la de la jerarquía, hacen un proceso crítico y asumen un discurso liberador sin sentirse excluidas de la religión y entienden al posicionamiento de la jerarquía como misógino y patriarcal, que hace mucho daño a las mujeres.

A su vez, la forma en que se realiza el aborto es también un factor que condiciona a las mujeres. La clandestinidad, las malas condiciones, las secuelas en su salud vuelven a ligar la práctica al pecado y/o a la transgresión, como un escarmiento o castigo por la decisión tomada.

«Yo no me sentí juzgada por Dios, me sentí más juzgada por los hombres que por Dios» (Belén, 33 años). Ante una posición cerrada y adversa de la iglesia católica, las mujeres luego de realizar la interrupción del embarazo, buscan otras formas de acercamiento a Dios y a su espiritualidad. Buscan una imagen de un Dios que protege, que acompaña, que entiende. «Yo hoy siento que siempre Dios está a mi lado, está siempre ayudándome en todo. Hasta en esta lucha por la despenalización del aborto…porque Dios no va a querer que vengan niños al mundo a sufrir» (Susana, 46 años).

No hay una sola posición respecto del aborto en el catolicismo. Y la realidad muestra a las creyentes tomando decisiones conscientes y responsables que no necesariamente respetan esta postura hegemónica de la iglesia católica. La maternidad tiene que ser una decisión y no la acepción del determinismo biológico. El aborto existe, las mujeres católicas y las no católicas lo practican. Eso no está en discusión.

Lo que se pone en discusión ahora es el rol del Estado. ¿No debería ser el Estado responsable de garantizar las condiciones de salud óptimas para que las mujeres decidan? Y si deciden abortar ¿No debería ser el Estado el responsable de garantiza las condiciones para que todas -sin distinción de religión o condición socio-económica- puedan acceder a prácticas seguras sin poner en riesgo su salud y su vida?

Las mujeres no piden permiso para tomar esta decisión. El Estado no debería mirar para otro lado. No debería dejar que decisiones como estas pongan en riesgo a las mujeres.

La religiosidad del pueblo, el catolicismo en sí, no es un obstáculo para que el aborto sea legal y las mujeres accedan efectivamente a este derecho. El verdadero obstáculo es el impacto que aún tiene las posición de la jerarquía eclesial en la política Argentina y ese es otro cantar.

Fuente: ExtraNews

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