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Barbas en remojo: Algo hicimos muy mal los argentinos para que nuestra cloaca desborde de mierda

Una reflexión personal del autor sobre el complicado momento económico, político e institucional que vive el país. Foto: Archivo

Me gustaría compartir con los lectores una inusual, pero personalísima, reflexión sobre los días que vive nuestra Argentina.

Compartiré en primer lugar, una información mínima que es de dominio público y que puede ser corroborada con facilidad: Todos los papeles argentinos se depreciaron en el mundo. Si bien ayer hubo una leve recuperación de las acciones argentinas en Wall Street, ésta no llega a compensar la caída exponencial que sufrieron esta semana.

Los capitales especulativos se van de los bonos argentinos y retiran inversiones para pasarse a dólar y sacar los capitales del país. Los inversores externos ven la operatoria del llamado “Club del Helicóptero”, subiéndose a la crisis (que es real, y de naturaleza económica) y retiran sus intereses de nuestro mercado: El viernes 31 de agosto el riesgo país, un índice que mide la confianza hacia la Argentina de los mercados financieros externos, alcanzó 727 puntos: Fue el más alto desde el 10 de diciembre de 2015.

Para intentar recuperarse de semejante nivel de descreimiento y mostrar que va a pagar los vencimientos que Argentina tiene que afrontar en los próximos meses, el equipo económico salió a pedir la escupidera al FMI para que adelante los fondos que tendrían que venir a respaldar la economía en los próximos dos años.

Y para peor, los artífices del “mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años” mandaron al Presidente Mauricio Macri (quien se quemó a lo bonzo en lo que podemos considerar como una de las movidas políticas más torpes de la historia nacional) a hacer un anuncio público que dejó expuesta la insustancialidad de su gestión. Resultado: Estampida cambiaria y licuación casi total (el casi, porque soy generoso) del capital político que les quedaba al ingeniero y a los “colaboradores” que tanto defiende, que vienen en caída libre desde diciembre del año pasado.

Que en la vereda de enfrente el Primer Mandatario tiene a muchos de los más infames canallas golpistas, delincuentes y corruptos que haya parido la nación argentina, haciendo sus operaciones de manual de toda la vida, trolls y activistas (muy bien pagos) mediante, no sorprende a nadie.

Pero a este lugar infecto llegamos también gracias a la torpeza imperdonable del actual Gobierno, exitosísimo en el difícil arte de errar. Todo el tiempo.

Mientras vemos a Macri desgastado e innecesariamente golpeado, los corruptos kirchneristas, asediados por la Justicia a causa de sus multimillonarios delitos, no paran de lanzar bombas de humo por doquier, con el único fin de voltear a la actual admistración, ahora, con una mayor ayudita de los empresarios amigos, que no quieren ir presos. Sediciosos por naturaleza, se muestran exultantes y se frotan las manos mientras viralizan medias verdades, o directamente mentiras, porque ‘cuanto peor, mejor’.

No les interesa ni la voluntad del Pueblo, ni las instituciones, ni la ley, ni el progreso del país. Sólo el propio vientre, zafar de sus oscuras condenas, no devolver lo que robaron, gozar de los miles de millones de dólares que rapiñaron a los más pobres de este país, y volver al poder para sojuzgar a quienes los enfrenten e instalar su dictadura disfrazada de seudodemocracia, para continuar con el saqueo de la Argentina.

Como si esto fuera poco, los tilingos CEOs de la soberbia PRO que también nos trajeron a este lugar de oprobio -porque quizás entiendan mucho de gestión de empresas privadas, pero no saben nada de administación pública- se exhiben omnipotentes y frescos como una lechuguita. Y eso, cuando tendrían que haber sido los fusibles a cargo de hacer anuncios, y a quienes el Presidente tendría que echar de inmediato, y a las patadas si fuera necesario, si acaso pretende salvar lo que queda de su Gobierno, y terminar su término constitucional con dignidad.

Por corruptos golpistas como los filokirchneristas (y su establishment asociado), por el “peronismo dialoguista” que no se hace cargo de sus responsabilidades históricas y actuales y es pura especulación hipócrita, y por funcionarios soberbios e inútiles como los Peña, los Lopetegui y los Quintana de la vida, es que no tenemos arreglo como país. Como anticipé, es una visión personal. Pero creo sinceramente que con una dirigencia política, económica, institucional y gremial como la que tenemos, pocas esperanzas podemos abrazar sobre la posibilidad de un futuro mejor para la Argentina.

En este espeso caldo de siempre, los argentinos tenemos que hacernos cargo y formularnos, aunque sea por una vez, la pregunta correcta: Qué putrefacta anomalía tenemos nosotros como sociedad, para engendrar una clase dirigente tan incapaz, egoísta y abyecta como la nuestra. Y, sobre todo, qué cambios debemos hacer individualmente cada uno de nosotros, para limpiarnos de tanta inmundicia que generamos.

Vienen politólogos, sociólogos y economistas del mundo a estudiarnos acá, porque somos inclasificables. Y no lo digo como elogio. El trasfondo de todo lo que nos pasa no es técnico, es profundamente moral. Si no estamos dispuestos a obrar como se debe y a entender que los atajos y las violaciones constantes a las reglas del juego no nos benefician sino que a la larga nos perjudican a todos, no vamos a poder salir adelante. Mientras no entendamos esto, seguiremos siendo mediocres.

No nos queda más remedio que evaluar nuestros propios pasos y predicar con el ejemplo. Ejercer soberanía y no callarnos más. Presionar a los funcionarios para que gobiernen, a los prestadores para que brinden servicios de calidad y a los jueces para que impartan Justicia como se debe. Y no dejar de reclamar hasta conseguir que lo hagan.

Los argentinos tenemos que EJERCER CIUDADANÍA. O sea, mostrar COMPROMISO. No ir a votar cada dos años, para después dejar a los políticos hacer lo que quieran hasta el próximo comicio. Asumir que NO SOMOS “VECINOS” COMO DICE MACRI, sino CIUDADANOS. Olvidarnos de la democracia delegativa, e ir por la defensa de nuestros derechos, que no DEBE LIMITARSE A CORTAR CALLES.

Porque los reclamos de ciudadanos conscientes no tienen que sufrirlos sus compatriotas en la cotidianeidad, sino QUIENES ESTÁN CÓMODOS EN SUS PRIVILEGIADOS SITIALES DE PODER. Hay que sacar de la zona de confort A LOS DIRIGENTES, tanto a oficialistas como opositores, sin movernos un ápice de la letra estricta de la Contitución.

Pero, sobre todo, los argentinos (yo, vos, nosotros, por si esto no quedó claro) debemos cumplir cada uno con nuestras obligaciones, y denunciar a quienes no lo hacen. Dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y sostener a nuestras instituciones y a las autoridades que emanan de nuestra Constitución, desde el primer hasta el último día de sus mandatos, sin dejar de exigirles rendición de cuentas.

Estoy seguro de que los hijos de esta tierra somos intrínsecamente honestos y buenas personas. En una conversación, un querido colega me decía que él no se siente responsable de la dirigencia que tenemos, que él no hizo nada para que los deshonestos llegaran al gobierno, y que desde el poder pretenden endosar a los hombres y mujeres de a pie las culpas que en realidad les caben a ellos, como argumento para justificarse: “Ustedes nos votaron”, dicen, como si esto fuera darles vía libre para que roben.

Me pareció un aporte muy valioso, con el que en parte coincido. En lo personal, soy sólo un laburante común, que rema en dulce de leche (repostero) día tras día, que nunca tuvo, ni tiene (y asumo) jamás tendré un mango, y sin embargo, vivo tranquilo. Yo sé que la mayoría de quienes leen esta nota pueden decir lo mismo. Sin embargo, algo errático tenemos en nuestra conducta colectiva, para que de entre nosotros salgan dirigentes económicos, sociales, políticos, sindicales, culturales, etc, como los que tenemos.

Sé que muchos de esos líderes son decentes, que muchos son hasta elogiables, pero cuando tengo que referirme estrictamente a políticos, empresarios y sindicalistas -quienes más efecto pueden causar en nuestras vidas- no puedo sino pensar que hay algo sistémico, de lo que todos en conjunto formamos parte, que nos hace permitir que actúen con ese nivel de corrupción, egoísmo, indolencia, insensibilidad, desamor, odio, revancha, desapego de la ley, ineficiencia, y cuanta hijoputez pueda concebirse para un elegido en una sociedad, en este caso, la nuestra.

Y la cloaca que en verdad desborda, esta vez sí, de mierda, y mancha nuestros pies, nos tiene como mínimo que interpelar y hacernos preguntar qué podemos hacer para que un Presidente no sea un delincuente, o un miserable, o un fascista, o un hipócrita, o un oligarca que no gobierna para el pueblo, sino para los de su clase.

Aunque yo sepa que soy honesto y que no tomo diagonales, simplemente me (auto) propongo cada día revisar mis pasos, para saber si con alguna conducta personal, chiquita o no, contribuí o no a que semejantes engendros pustulentos lleguen a lugares tan altos en nuestra querida nación.

El día que vea en la actitud de los dirigentes, no importa su filiación política o ideológica, algún gesto de renuncia sanmartiniano (aquí no hablo de renunciar a los cargos, sino a los privilegios), pensaré que quizás comenzamos a mejorar, aunque sea un poquito. Mientras tanto, pido a los lectores que disculpen mi autocondena. Alguna responsabilidad debo tener para que personas deshonestas y horribles lleguen al poder y nos roben por décadas sin que se les mueva un pelo. Y -discúlpenme de nuevo- ustedes también.

Porque, en última instancia, creo sinceramente que el problema reside en nosotros. Los argentinos.

Fuente: ExtraNews

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Redacción

Politólogo de la Universidad de Buenos Aires. Especialista en Opinión Pública y Análisis Político. Periodista del Círculo de la Prensa de Buenos Aires. Maestrando en Análisis Político en la UNTREF y en Defensa Nacional en la UNDEF. Miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político.