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Dos escenas peronistas en medio de la danza del ajuste

Con miras a la ofensiva electoral de 2019, el peronismo se reorganiza y se prepara para cargar los costos del ajuste sobre Vidal. Foto: Agencia DIB

“Llegó la hora de que armen en la provincia de Buenos Aires”. La sugerencia, casi un ultimátum, fue escuchada por el diputado nacional Sergio Massa de boca del gobernador de La Pampa, Carlos Verna, cuando lo visitó, días atrás, en la Casa de Gobierno. El plural tiene una explicación sencilla: incluía también a Florencio Randazzo. El jueves, el sanjuanino Sergio Uñac recibió a un grupo de ocho intendentes del conurbano en la casa de su provincia en Capital, quienes le plantearon la necesidad de la unidad para vencer a Cambiemos.

El territorio bonaerense siempre es clave en términos políticos, pero esa sucesión de escenas da cuenta de la especificidad que esa centralidad viene adquiriendo en las últimas semanas. Es allí donde tendrá lugar un capítulo clave de la disputa por la unidad del peronismo, una eventualidad que todos consideran determinante. Todos, comenzando por el oficialismo: golpeado en las encuestas, en Cambiemos consideran esencial que la oposición permanezca dividida y que ninguno de sus líder capitalicen lo que los suyos pierden.

Los movimientos de Verna y Uñac demuestran que esa discusión se está acelerando. Ellos, aseguran cerca de Massa y los alcaldes, plantean una armado para “resolver” la provincia de Buenos Aires (Mazza dialoga pero resiste la candidatura a Gobernador porque quiere ir por el premio mayor) sin incluir a Cristina Fernández de Kirchner. Aceptan una interna, pero una interna extraña: sin el sector que tal vez más votos tiene. Pero enfrentan una tensión básica: los intendentes siguen orbitando en torno a la expresidenta, por la sencilla razón de que es quién mejor mide en sus distritos.

Eso es lo que los intendentes “dialoguistas” le dijeron a Uñac, en la casa de san Juan en Capital Federal. Su modelo de unidad es, hoy, con el kirchnerismo jugando “dentro”. Justo lo que los gobernadores dicen no querer. La lógica que exhibieron en esas dos reuniones ya es conocida: creen que en una eventual segunda vuelta, un candidato peronista no K atraería votantes K con más eficacia que a la inversa. Dicen que, incuso, algunos aseguran que prefieren retener sus feudos y que Cambiemos gobierne cuatro años más a cederle el Ejecutivo otra vez a CFK.

Mientras, los alcaldes del conurbano aparecen inmersos en juegos más inmediatos. El más trascendente es el entendimiento táctico con Vidal para resistir, hasta donde se pueda, el ajuste que recaerá indefectiblemente sobre la provincia. Un nuevo contacto entre la gobernadora y Martín Insaurralde –aceitado por Manuel Mosca, el cambiemista con mejor diálogo con el peronismo- reforzó ese trabajo conjunto, que tiene a la transferencia de empresas y subsidios de Nación a la Provincia como su eje más importante.

El éxito de esa movida, sin embargo, es dudoso: en la misma semana, el gobierno admitió que el ajuste para 2019 deberá ser de $ 300 mil millones, $ 100 mil millones más de los que se habían previsto originalmente, cuando comenzaron las negociaciones. En esas circunstancias, Vidal parece tener cada vez menos margen para atenuar el impacto del recorte. Circulan todo tipo de cifras para esa negociación, que todavía no está cerrada, aunque en el entorno de la Gobernadora afirman que en 15 días, como máximo, se sabrá todo.

Mientras, Vidal juega recursos para atenuar la estrechez económica, sobre todo en el conurbano. Sin embargo, las arcas provinciales no parecen estar en condiciones de dar respuestas contundentes. Un ejemplo es la reposición de los descuentos financiados por el Bapro, anunciada con bombos y platillos. Se trata de un subsidio de $1.500 por comprador, la misma cifra que el año pasado, cuando la inflación desde entonces fue de al menos el 15%, que además se implementa en menos supermercados y solo por tres meses.

En el entorno de la Gobernadora enfatizan que acompañará ese tipo de –acotadas- iniciativas con un renovado despliegue de empatía con el ciudadano de a pie. Algo que comenzó con la aceptación fue más alta que la prevista y que pega sobre todo en alimentos. Es decir, en los más pobres. Es una tarea ciclópea: hacer entender a quienes carecen de todo que un ajuste –otro- no solo es necesario, sino que es la única manera de que alguna vez mejore su condición. Ella es la primera que lo sabe, por eso teme diciembre, el mes donde el hartazgo suele estallar.

Tal vez deban afinar el discurso para otra cuestión, en la que Vidal n o parece hacer dado con una respuesta satisfactoria: el escándalo por los aportes de campaña “truchos”. Es cierto, como dijo, que la investigación se publicó en un medio “kirchnerista” y que otros partidos, sobre todo los grandes, tiene manejos pocos consistentes de sus fondos. Pero el trabajo del periodista Juan Amorín es sólido y Cambiemos, que se supone que vino para modificar esas prácticas, no pudo hasta ahora refutarlo.

Fuente: DIB

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Redacción

Periodista de la Agencia Diarios Bonaerenses