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La grieta le ganó a Trump

Como se esperaba, no fue la economía lo que más influyó en el voto de los millones de estadounidenses que el martes fueron a votar. Foto: Zoom Internacional

Si hubiesen priorizado su bolsillo y la tranquilidad que les da tener trabajo sin miedo a perderlo, Donald Trump no debería ahora tener que empezar a lidiar con un incómodo obstáculo para seguir adelante con su polémico plan de gobierno: una Cámara de Representantes con mayoría demócrata.

El sueño de Trump de pulverizar el Obamacare (plan de salud impulsado por el ex presidente) e ir con todo contra los inmigrantes ha acabado: los demócratas se lo impedirán. No solo porque ahora son más sino también porque estas elecciones formalizaron lo que ya hace rato se percibe en la calle y en los debates públicos en Estados Unidos: la grieta se ha profundizado y, lo que es peor, no parece haber tocado fondo.

Para detener a Trump los demócratas no fueron a buscar votos al centro político. Esta opción está en vías de extinción en todo el mundo y por eso se observa  cada vez más populismo extremo, de izquierda y de derecha. Tomó más fuerzas el sector más progresista del Partido que focaliza su posicionamiento político en los derechos de las minorías y de los grupos vulnerables.

Por eso, los resultados  confirman que el Capitolio tendrá al mayor número de congresistas mujeres de su historia. También se rompieron muchas otras barreras: fue electo el primer gobernador abiertamente homosexual del país. Fue en Colorado, Jared Polis. Rashida Tlaib, en Michigan, significó la llegada del primer musulmán al Capitolio. Deborah Haaland y Sharice David serán  las primeras indígenas en el Congreso en sus más de 230 años de historia. Todas estas noticias no harán otra cosa que exacerbar aún más a los sectores más radicalizados que detestan la libertad sexual y a los inmigrantes.

Los demócratas han hecho una buena elección que, como mínimo, les permite romper la impotencia paralizante que demostraban ante el huracán Trump. Ahora serán mayoría la Cámara de Representantes y demostraron que pueden ganar lugares siempre difíciles como algunos distritos en los que no eran favoritos, como Nueva York, Texas, Illinois o Virginia. Pero sobre todo lograron perforar el blindaje que Trump parecía haber impuesto en el cinturón industrial, ahora oxidado, donde no llegó la revolución tecnológica: ganaron las gobernaciones de Michigan y Wisconsin, lugares históricamente demócratas pero que en 2016 permitieron el imposible triunfo de Trump.

Ahora se abre una etapa en la que los demócratas deberán terminar de definir su perfil de cara a las presidenciales de 2020. Su ala progresista salió fortalecida pero las fuerzas centristas no dejarán el camino libre e intentarán imponer una agenda más pragmática en temas de inmigración y terrorismo para no asustar a los votante independientes que huyen ante la avanzada de los sectores de izquierda del Partido. De cómo se resuelva esta puja saldrán los nombres de los candidatos que intentarán sacar a los republicanos del gobierno.

Hoy suenan dos nombres que representan estas posturas. Por un lado está Beto O’Rourke, quien con un mensaje muy progresista ha hecho una gran elección para Senador en la siempre esquiva Texas, un bastión republicano tradicional. Pero no pudo ganarle al histórico Ted Cruz. Del otro lado está Phil Bredesen, un clásico demócrata centrista, quien tampoco pudo ganar en Tennesee.

Los Republicanos retuvieron el Senado, lo cual es vital porque les permitirá  seguir teniendo la llave para detener, por ejemplo, cualquier intento de impeachment contra Trump. De todos modos el presidente no debería dormir demasiado tranquilo. Su relación con el establishment republicano nunca fue buena y teniendo en cuenta los procesos de investigación que enfrenta y su baja popularidad, pueden aparecer dudas en algunos senadores para defenderlo ante una eventual embestida demócrata.

También los resultados demostraron un desgaste de su figura y la pérdida de confianza de un sector del electorado que en 2016 lo apoyó: perdió en algunos distritos que habían creído en él. De todos modos también ha tenido éxito en imponer una forma de hacer política que, por su agresividad y descaro, “revolucionó”  la institución presidencial en Estados Unidos. Muchos candidatos republicanos lo copiaron y tuvieron éxito aun con propuestas e ideas más radicalizadas y xenófobas que las del mismísimo Trump.

Una última consecuencia de los resultados deja un gran interrogante puertas afuera: ¿qué hará Trump en su relación con el mundo ahora que en su propia casa es más débil? Solo él lo sabe. Lo que queda claro es que será todo un desafío para él mantener la postura agresiva a la que ya acostumbró a todos, incluso a históricos amigos del país que preside.

Fuente: www.zoominternacional.com / ExtraNews

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Redacción

Analista internacional. Director del portal Zoom Internacional (www.zoominternacional). Columnista de ExtraNews. @DamianSz