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Preocupado por la caída de su imagen, ahora Macri escucha a su ala política

Foto: Macri y Cristina en lo que parece un frente a frente

Después de presionar durante meses sin éxito, María Eugenia Vidal cree que, ante la posibilidad real de perder las elecciones, ahora sí Mauricio Macri tuvo la reacción que le reclamaba: mayor apertura política, combinada con señales económicas a la clase media. La novedad, sin embargo, se da justo cuando el peronismo parece poner proa definitivamente a una candidatura de unidad, sin internas, para desafiarla en las urnas.

La Gobernadora no se hace muchas ilusiones acerca del impacto profundo de las medidas que el miércoles anunciará el Presidente para estimular el consumo. Pero considera que es esencial dar señales a la clase media si de lo que se trata es de evitar que se erosione, más, su base electoral. Por eso, y porque se consultó al radicalismo antes de definir el paquete, se mostró moderadamente conforme ante su círculo íntimo el viernes, luego de hablar con Macri en persona del asunto.

Hay cierta ironía amarga en cómo se dieron las cosas para Vidal. Tras aceptar disciplinadamente resignar recursos en 2018 en favor de las necesidades políticas de Nación, sabe por lo menos desde que le prohibieron desdoblar las elecciones que está obligada a un esfuerzo electoral suplementario para empujar una recuperación de Macri. Sin embargo, su reclamo interno fue escuchado recién cuando las encuestas evidenciaron la posibilidad de que el Presidente pierda un balotaje.

Gracias a la suba del 46% de la AUH, que en PBA cobra 1.5 millones de familias, la Gobernadora no está tan preocupada por la cuestión alimentaria. Como se dijo, ahora tiene el foco puesto en los sectores medios, sobre todo del Conurbano. Hay una miríada de indicadores que la preocupan. Por citar uno: el aumento de la migración de las escuelas privadas de bajo costo a la pública. Es gente que ya no puede pagar, cuyo perfil coincide con el votante propio de 2015 y 2017.

A ese electorado, foco de la estrategia de “retener lo propio” que puso en marcha hace unas semanas, le apunta Vidal. De ahí su conformidad con los cambios que, aunque muy moderados, se harán en el esquema económico. “Hay que empatizar, de forma urgente”, resumieron cerca suyo. Es un prerrequisito indispensable para salir a pedir el voto al territorio, donde la Gobernadora seguirá apareciendo junto al Presidente, lo que no deja de ser una nueva muestra de abnegación.

Unidad dividida
Habrá que ver si aquel paquete de medidas, sumado a la contención del radicalismo para que no fugue hacia Roberto Lavagna, logran revertir la tendencia declinante del oficialismo. Lo cierto es que por ahora aparece a la defensiva, como demuestra el decreto para prohibir las PASO que Macri firmó a instancias de Vidal. Se trató de anticiparse a la posibilidad de que solo candidato a la gobernación del peronismo vaya pegado a la boleta de varios postulantes a la presidencia.

Como se contó aquí la semana pasada, esa era una idea que promovía Sergio Massa pero que estaba lejos de madurar. Por eso, en un sector de Cambiemos quedó flotando la duda sobre la conveniencia del decretazo. Es que el mensaje implícito es que Vidal cree que si la oposición se une puede ganarle, al punto que avanzó con un cambio de reglas a dos meses del cierre de listas. El riesgo es que eso podría funcionar como un aliciente para lo que se quiere evitar: la unidad en la oposición.

El peronismo, por lo pronto, avanzó en los hechos con lo que Vidal busca trabar en las normas. Ese es el significado del acto que, orquestado desde las sombras por Cristina Fernández, protagonizaron en Avellaneda Axel Kicillof, Martín Insaurralde, Verónica Magario y Fernando Espinoza. Una primera certeza se confirmó allí: de ese grupo saldrá un candidato de unidad, en un proceso “de consenso” que no incluirá la realización de elecciones internas.

Un detalle marca los límites al que llegaron las conversaciones. En Avellaneda estuvo Daniel Scioli pero no su candidato a gobernador, Sergio Berni. Es que, hoy, en el Instituto Patria son más permeables a permitir una interna nacional, en la que imaginan al exgobernador de sparring de CFK, que una en la provincia, donde todas las fichas están puestas en Kicillof. No es ajena a ese razonamiento la voluntad de evitar el error que Cristina cometió con Florencio Randazzo en 2017.

Alternativa Federal en general, y el massismo en particular, por ahora prolongan la incógnita sobre su juego bonaerense. No participan de las negociaciones y dejan renga la unidad. Pero a medida que pasan los días, comienzan a enfrentarse a un problema: hacerse menos necesario para el resto del peronismo, que mira la gobernación como un objetivo más cercano. Allí Kicillof picó en punta y solo si su jefa no se presentase se retiraría. Pero Insaurralde prevé apurar el paso como candidato. Para serlo o para negociar. A Magario, las dos la ven como vice.

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