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Panorama político bonaerese: Entre un intento de reacción y un lanzamiento

Parte del "contragolpe" que intentará Cambiemos se enfocará en la "tropa propia", intendentes, diputados, senadores y ediles oficialistas Foto: Archivo

Tras varias semanas a la defensiva por el impacto sucesivo de la crisis financiera y el escándalo de los aportantes falsos, el oficialismo bonaerense se dispone a lanzar una ofensiva en busca de retomar cierto control de la agenda política, que sintomáticamente tiene al ordenamiento “interno” como una de sus prioridades, mientras que la activación que en paralelo operará el kirchnerismo acapara la atención en la oposición.

Aunque aseguran que el gobierno nacional tiene en su poder una encuesta que relativiza el impacto de caso de los aportantes en la valoración de la figura de María Eugenia Vidal -en línea con la idea de que es un tema de “círculo rojo” y que lo que en realidad preocupa al ciudadano de a pie es la situación económica-, en su entorno decidieron actuar como si eso no fuera cierto, o como si no terminaran de creerlo del todo.

Por eso, pusieron en marcha un operativo político diseñado para preservar a la gobernadora, que más o menos afectada sigue siendo el principal activo electoral de Cambiemos y la dirigente con mejor imagen del país. Algo de ese esquema ya se vio: habrá un renovado cuestionamiento al peronismo, a sus prácticas y al resultado de sus gestiones, presentadas como el origen de varios déficits contra los que lucha Vidal.

Hasta ahí, nada que llame la atención: es el oficialismo apuntando a la oposición más poderosa, con un discurso que, aunque más enfático tal vez, en el fondo es el mismo que viene ensayando desde que asumió. Un “toque” actual será la utilización de los concejos para desplegar una parte de ese discurso en forma de acciones coordinadas, al modo en que lo hace el peronismo para agitar cuestiones como los problemas con el empleo.

Pero la novedad políticamente significativa es que una parte intensa del “contragolpe” que intentará Cambiemos se enfocará en la “tropa propia”, los intendentes, diputados, senadores y, no menos importante, ediles oficialistas de toda la provincia.  “Vamos a exigir sacrificio y compromiso explícito con la gobernadora, vamos a recordarles que siempre supimos que iba a ser difícil”, dicen.

La explicación de ese énfasis está, en parte, en la lectura que en el entorno de Vidal hacen del origen y, sobre todo, del desarrollo el affaire del financiamiento de la campaña.  En ese plano, atribuyen un rol importante a las denuncias de excambiemos desahuciados, de ligazón histórica con el peronismo.

Uno es Osvaldo Marasco, en 2015 candidato de Cambiemos a la intendencia de Ituzaingó y ahora denunciante del oficialismo.  Vidal le reclamó la semana pasada al alcalde de aquel distrito, Alberto Descalzo, por el comportamiento de Marasco, cuyo accionar siempre fue motivo de conversación con el macrismo del conurbano. Otro caso es el de concejal Daniel García, ligado a Jorge Ferraresi, el ultra kirchnerista alcalde de Avellaneda. El vecinalista aliado Carlos Arroyo, que gobierna Mar del Plata, es otro apuntado.

Hay decenas de casos similares, pero aquellos tres tienen una particularidad. Más allá de las motivaciones de Marasco, García y Arroyo, sus nombres formaron parte de cierto aire conspirativo que atravesó al oficialismo durante toda la semana, donde los reproches cruzados por el financiamiento de 2017 y de las candidaturas de 2015 están a la orden del día. Pero en ese plano, la comidilla interna fueron las palabras que la periodista Laura Di Marco puso en boca de Vidal en una nota que firmó el jueves en el diario La Nación. “No tengo ninguna una off shore”, dice Di Marco que dijo Vidal. Nadie, hasta ahora, la desdijo. Apenas, en voz baja, circularon ciertas precisiones desde su entorno: el enojo que exhudan esas palabras apuntaría no al máximo nivel, sino cerca, pero al menos un escalón por debajo.

 

El lanzamiento

Mientras, en el peronismo las miradas están puestas en el “encuentro militante” que Máximo Kirchner encabezará en Ensenada el 11 de agosto. La cita será, dicen, un hito que marcará el arranque del tiempo electoral para ese sector, que prolongará hasta último momento una incógnita central: la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner.

En la provincia, la sola posibilidad de esa postulación parece ser un principio de ordenamiento opositor, cuyos principales actores son los intendentes del Conurbano. Aunque para ellos ya estaba claro, los motivos se los refrescó la propia CFK a un grupo de ellos, en una reunión en el Instituto Patria. Cuentan que los escuchó elucubrar unos cuarenta minutos sobre alquimias electorales. Al final, un colaborador le entregó a cada uno un dossier con encuestas. Fin del análisis: en todas, mide en sus distritos al menos 45 puntos.

De hecho, los alcaldes ya miran otro escenario. En la Provincia, dicen, con una sola oferta peronista y CFK agregando unos cinco puntos a su nivel actual, podría recuperarse la gobernación. Reconocen que no es para nada fácil lograr ese plus, pero recuerdan que en la constitución bonaerense no figuran los ballotages. Y que el peronismo federal, aquí no tiene por ahora mucho que ofrecer. Sergio Massa, especulan, tendría que aceptar una postulación a gobernador y sacar no menos de 11 puntos para entorpecer. Improbable, razonan.

Tal vez por eso, los intendentes elevaron en la semana su nivel de enfrentamiento con Vidal, con la cuestión de los aportes como leimotiv. En espejo, en Cambiemos también comienzan a analizar seriamente un escenario de ese tipo. Por ahora, observan una paradoja: si a Macri le conviene una polarización con CFK a nivel nacional, esa concentración opositora podría estar contraindicada en Provincia.

Fuente: DIB

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Redacción

Periodista de la Agencia Diarios Bonaerenses