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Pobreza y desigualdad en aumento: consecuencias de un Estado ausente

Foto: La pobreza y la desigualdad, dos flagelos de la sociedad argentina

En el último tiempo, la crisis económica y social que viene arrastrando nuestro país comienza a mostrar su peor cara: las políticas erradas del gobierno nacional han llevado la pobreza, la indigencia y la desigualdad a sus peores niveles desde 2002.

En el Gran La Plata, la pobreza ascendió a 30,9% y la indigencia a 7,7% durante el segundo semestre de 2018, de acuerdo a los últimos datos del INDEC. Son 270.933 personas pobres y 67.576 personas indigentes: demasiadas historias de vida de vecinos víctimas de un Estado que desde hace años los ha abandonado por completo.

No estamos hablando tan solo de números y datos estadísticos, estamos hablando de platenses que perdieron sus empleos, que tuvieron que cerrar sus comercios, que no llegan a pagar el alquiler, los servicios o, peor aún, no pueden llenar un plato de comida para sus familias.

En una región con un potencial tan importante como el nuestro, esta situación es inadmisible. Tenemos uno de los cordones frutihortícolas más grandes del país, hemos logrado desarrollar un polo científico-tecnológico destacado, somos una de las regiones con mayor capital humano formado per cápita y nuestro patrimonio histórico y cultural es reconocido en el mundo.

Sin embargo, no logramos transformar todas estas fortalezas en soluciones reales para grandes sectores de nuestra población. Desde hace por lo menos 20 años, los gobiernos municipales se han quedado en la cómoda posición del Municipio que solo arregla veredas rotas, cambia luminarias y realiza un mantenimiento básico y superficial del casco urbano; sin ocuparse de generar políticas públicas que transformen la vida de los vecinos definitivamente.

Esto implicaría juntarse con diversos sectores que trabajan en temas estructurales, como la UNLP, las ONGs, las asambleas y organizaciones de vecinos, para plantear cuatro o cinco ejes de acción que marquen un antes y un después en el desarrollo de nuestra región.

Una de estas líneas debe ser la promoción de políticas de empleo, como las escuelas de oficio -que tan bien funciona en nuestra universidad- y programas de empleo joven que beneficien con descuentos impositivos a las empresas que contraten mano de obra local; entre otros.

El impulso de la producción local y su agregado de valor es otro de los lineamientos principales que debemos fortalecer para instalarnos como una de las regiones más pujantes del país.

Del mismo modo, necesitamos encarar una transformación profunda de la infraestructura y de la provisión de servicios públicos (sobre todo del agua de red, transporte y recolección de residuos), que nos permita concretar estas políticas de desarrollo y, al mismo tiempo, garantizar una calidad de vida digna en todos los barrios.

En definitiva, los índices de pobreza, indigencia y desigualdad que continúan aumentando no pueden ser datos abstractos sin impacto en las políticas municipales. Deben ser nuestra mayor urgencia y allí deben estar dirigidos todos nuestros esfuerzos para garantizar el bienestar de miles de vecinos que día a día caen en la desidia y la falta de planificación de un Estado ausente.

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