14 mayo, 2021

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Alejandro Marmo: de los murales de Evita a la sonrisa de Diego en Nápoles

El artista que se hizo famoso por las imágenes que engalanan las fachadas del Ministerio de Desarrollo Social en la avenida 9 de Julio, ahora trabaja en una figura del Diez para un espacio público de esa ciudad italiana. Mientras, esta semana inauguró una obra que hizo con internos de la cárcel santafesina de Coronda.
Su iniciativa más reciente: un abrazo con los reclusos de la cárcel de Coronda, en Santa Fe.

Quizá no todos los argentinos podrían identificar el rostro afable de Alejandro Marmo (50), pero no hay dudas de que la mayoría se ha cruzado alguna vez con una obra del artista plástico nacido en Caseros y criado en Villa Bosch, en el partido de Tres de Febrero, pleno conurbano bonaerense. Por que el hombre que trabaja con desechos industriales se las ingenió para hacer llegar sus obras a todos los rincones de la Argentina y del mundo ya que trabajó varios años en Japón y se mueve en Italia como en su propia casa, donde suele llegar para visitar a un amigo entrañable: el papa Francisco. Con él compartió un proyecto que sumó el arte, la fe y la esperanza: el Cristo Obrero instalado en una parroquia de Villa Soldati.

Uno de sus trabajos en el aeropuerto Leonardo Da Vinci, en la ciudad de Roma.

Así en la cárcel como en la fábrica

Su obra más reciente es «El Abrazo», dos figuras amalgamadas, que realizó con la colaboración de la comunidad y los internos de la cárcel de la ciudad santafesina de Coronda, una figura idéntica a la que instaló en otros tantos lugares del país y en el aeropuerto de Roma, conocido popularmente como Fiumicino, pero cuyo nombre oficial homenajea a uno de los artistas favoritos de Marmo: Leonardo Da Vinci.

“Lo de Coronda fue muy fuerte porque participaron los internos del penal, pero también la comunidad y fue un encuentro entre ellos. Quedó inaugurada esta semana y yo pedí un reconocimiento para los internos, por todo el trabajo que hicieron. Me pareció significativa esa posibilidad de reconstruir vidas que estaban aparentemente perdidas y de hacerlo con una obra que es similar a la que está en Roma. Esto es el arte, construir un lenguaje que unifique”, explica el artista emocionado.

Pero mucho antes de trabajar con los reclusos, hace unos veinte años, Marmo gestó su programa “Arte en las fábricas” que convocó a los operarios desocupados de empresas que cerraron en la década menemista. ¿El objetivo? En palabras de él mismo: “Traté de vincular el universo cuasi decadente de las fábricas, que era el que me rodeaba en la infancia. Yo me crié en ese mundo fabril de Tres de Febrero y en el 90 eso era un cementerio de hierros melancólicos”.

Otra de sus siluetas clásicas: el pensador Arturo Jauretche, también en la 9 de Julio.

¿El resultado? “Con los obreros desocupados o quienes habían tomado las industrias en la que habían trabajado para recuperarlas, aplicábamos un concepto de apropiación de los espacios públicos. En ellos instalábamos obras sin permiso para visibilizar la tragedia industrial pero también como una metáfora de desarrollo para el hombre común a partir de la autogestión, de canalizar la angustia del desempleo desde la construcción de belleza”, cuenta.

Su amigo, el Papa

Ese proyecto de construir los desechos industriales en arte lo cruzó con el entonces cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Juntos encararon el «Cristo Obrero de los Trabajadores» realizado con rezagos industriales sobre durmientes de trenes que fue construido con la participación de obreros de una fábrica de Vicente López. El Cardenal Bergoglio visitó a los trabajadores durante el proceso de construcción y extendió su bendición al proyecto «Arte en las Fábricas».

Una de sus tantas visitas al papa Francisco para contarle sus proyectos.

Luego también participó de la inauguración en medio de una gran fiesta popular en la parroquia de Villa Soldati, el 1º de mayo de 2011. “Con él trabajamos un concepto que era la contraposición a la cultura del descarte. Impulsamos la idea de que todo lo aparentemente descartado construía belleza, incluso desde la simbología de una iglesia cercana a la reconstrucción emocional, a la posibilidad de transformar esa marginalidad en una estética de la esperanza como ese Cristo solidario de Soldati”, sintetiza el hombre al que alguna vez llamaron “el artista obrero o el obrero artista” y que llevó sus trabajos no solo a las fábricas sino a los barrios de emergencia de la ciudad de Buenos Aires.

La amistad que forjaron no aminoró con la distancia y el artista es huésped habitual de la residencia de Santa Marta. “Francisco bautizó a mis tres hijos. Uno en una pequeña capilla que hay detrás de la Catedral y los otros dos ya en Roma”, recuerda Marmo, quien sigue ligado al Papa y lo visita a menudo para contarle sobre sus obras. Desde allí lanzó el proyecto «La simbología de la Iglesia que mira al Sur», mediante el cual se propone instalar en distintos puntos de América Latina obras que representen advocaciones populares de la fe.

Una imagen de Carlos Mujica instalada en el Barrio 31 de Retiro.

La idea se consolidó en dos obras colectivas: una Virgen de Luján y un Cristo Obrero que se desarrollaron en Roma con la participación de la gente y hoy están en los jardines de los Museos Vaticanos.

La mayoría de sus trabajos de Marmo rescatan personalidades arraigadas en el corazón de la gente: Eva Perón, Diego Maradona, René Favaloro, Charly García, Juan Domingo Perón, Hipólito Yrigoyen, Rodrigo Bueno, Luca Prodan, Gustavo Cerati, Raúl Alfonsín, Don Bosco, el Cura Brochero y la Virgen de Luján. Son figuras de la fe e íconos paganos, pero comparten el fervor y el cariño popular».

Creo que hay una divinidad popular que es la fuerza del corazon. Esa divinidad terrestre que fue en algún momento Jesús. el Jesús politico, revolucionario, ese Jesus que enamora. Lo popular produce una emoción muy elevada. Te atraviesa. No se puede intelectualizar “, explica. Y aclara: “Uno trata de darle volumen a esa sensación abstracta que tiene el imaginario popular como  en el caso de Evita. Los murales de Evita estaban en la 9 de Julio desde siempre. Uno vio en lo invisible esa voz que sonaba, pero estaban ahí. Es una obra de construcción popular”.

Su Cristo Obrero llegó a los jardines de los Museos Vaticanos.

Y uno no puede más que creerle al recordar la preocupación de muchos ciudadanos de a pie cuando la gestión macrista decidió dejar de encender las luces de los murales de hierro del Ministerio de Desarrollo Social que motivó una confabulación entre empleados de la cartera para iluminarla el mismo día del triunfo de Alberto Fernández, en las elecciones de octubre de 2019.

A Marmo no le preocupan esas cuestiones, pero las ve como una de las reacciones que generan las “divinidades populares”: “Lo que construye a la divinidad popular también es el ninguneo. Hay algo que los atraviesa a todos y es que todos fueron ninguneados en algún momento. Jesús fue ninguneado. Evita y también Maradona.

El homenaje a Diego

Además de “El Abrazo” que gestó en Coronda, el proyecto más reciente de Alejandro Marmo es una imagen de Diego Maradona que llegará a la ciudad de Nápoles como símbolo de la argentinidad y en recuerdo de las hazañas del 10 en el estadio de San Paolo.

“Surgió de una charla que tuve con el actual embajador de Argentina en Italia Roberto Carlés. Siempre me pidieron desde Italia hacer algo con la iconografía de Diego pero yo pensaba que el momento ya iba a llegar. Hasta que su muerte me movilizó mucho y decidimos que tenía que ser ahora. Pensamos en hacer algo a nivel nacional que represente la argentinidad en Italia y no tenemos mejor representante que Diego. Y, sin dudas, Nápoles tiene que ser el escenario. ¡Nápoles es más argentina que Argentina! Cuando voy para allá siento que estoy en una Argentina más literal que la Argentina y me siento más argentino que nunca y Diego tiene que estar ahí”, cuenta y promete que en los próximos días ya quedará elegido el espacio público donde estará la figura del astro.

Para el cumpleaños de Charly García instaló su rostro en los antiguos talleres ferroviarios de Liniers.

El artista como transformador social

En 2010, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner incorporó los murales que Marmo instaló en la fachada del Ministerio de Desarrollo Social como intervención artística en el decreto 329/10 que declaró a Eva Perón Mujer del Bicentenario. Cuatro años más tarde, participó de la inauguración de la imagen del cura villero Carlos Mujica en la avenida 9 de Julio y algunos medios consideraron que el hombre de Villa Bosch era su “artista fetiche”. Pero su sucesor, Mauricio Macri eligió una de sus obras sobre el diálogo interreligioso para llevarle como obsequio al Papa Francisco cuando lo visitó en Roma.

El artista jura que no es militante de ningún partido. Y aclara: “Mi política es el arte. Soy un hombre que viene de los talleres y mi lugar en el escenario político tiene que ver con ser un político del arte. Me gusta pararme ahí porque la palabra política me parece transformadora y todo lo que tiene que ver con la transformación social esta vinculado directamente con la decisión política y esto es adaptarte a la época y adaptarte a la realidad para cambiarla”.

“Trabajo desde el no fundamentalismo, me parece que un artista oficialista es un artista perdido porque quizá tiene que tomar una posición determinada y defender cosas que el arte no tiene que defender. Yo solo tengo que defender la construcción de belleza”, desafía. En su taller conviven las imágenes de Juan Domingo Perón con la de Hipólito Yrigoyen y se acumulan con idéntica sonrisa un Raúl Alfonsín y un Antonio Cafiero.

“Para transformar el espacio público uno debe saber vincularse con la decisión política para que esa obra esté legitimada; es un gran error asustarse cuando a uno lo etiquetan porque la obra es lo fuerte. La época siempre te etiqueta pero el arte son cien años después”, asegura y confiesa que su modelo de artista está en cualquiera de los hombres del Renacimiento. “Sin mucho conocimiento académico del arte, sólo desde la intuición. Mi faro es esa transformación urbana que generaron en esa época y trasladarla a la mía y a los materiales y las herramientas que uno tiene para construir la belleza de los abrazos, los puentes, las miradas y el diálogo”.

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