26 febrero, 2021

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Fabián Casas: «Los amigos difíciles son los que saben que no van a habitar nuestro futuro»

Sobre sus dos facetas de periodista y poeta Casas asegura que el periodismo siempre responde y la poesía siempre pregunta.

Sobre sus dos facetas de periodista y poeta Casas asegura que el periodismo siempre responde y la poesía siempre pregunta.

El último material periodístico reunido del escritor Fabián Casas trasciende lo efímero que indica su título, «Papel para envolver verdura», desde las lecturas, reseñas y observaciones que plantean un cruce original con su vida personal, en un estilo donde el relato, la anécdota y la historia ocupan el centro de la escena de estas notas publicadas en medios, ya que como dice su autor «la vida sin ficción es un infierno».

En el título «Papel para envolver verdura», publicado por Emecé bajo la etiqueta de «ensayos», aparece el viejo tópico de los escritos que inmediatamente pasan a ser envoltorio. El poeta latino Catulo postula en su famoso «Carmen 95» que con sus poemas se podrán hacer túnicas para caballas (envoltorio para pescado), presagio que no sucede porque sus «carmina» cruzan los siglos convirtiéndose en un clásico.

Con las marcas de un porteño nacido en el barrio de Boedo en 1965, Casas conecta de forma natural a Witold Gombrowicz, Kurt Cobain, Marcelo Cohen, Jiddu Krishnamurti, Ricardo Darín, Slavoj Žižek, San Lorenzo, Dante Alighieri, Los Beatles e Isidoro Blaisten, entre otros, con un estilo a caballo entre la lectura impresionista (al modo del romanticismo) y de escritores no académicos como Jorge Luis Borges. Escritos a los que sin dudas los lectores garantizarán una vida más allá del destino que tenga el papel.

El autor de la novela «Ocio» y de los relatos «Los Lemmings y otros» retoma el estilo de «Ensayos bonsai» y «La supremacía Tolstoi» y reflexiona sobre la profesión del escritor, sobre el capitalismo y la derecha, hace una defensa a Salvador Allende en Chile y una crítica a los setenta en Argentina, pero sin abandonar nunca sus pasiones, en la que en primer lugar está la ficción.

– Télam: ¿Con la sobrevida que tienen los textos periodísticos en la web y la difusión en las redes sociales sentís que ya no existe más la condición pasajera que postula el título de tu libro?

– Fabián Casas: Vos sabés que no creo para nada en la originalidad, y el título del libro lo saqué de otro libro un poco inhallable de Antonio Cisneros que se llama, creo, «papel para envolver pescado». Es un libro donde Antonio recopila sus escritos periodísticos. En mi caso es lo mismo, son las columnas que fui escribiendo en Perfil a lo largo de los años y que salieron tanto en papel como en el soporte digital.

Claro que si bien están en la web, en el papel y unidas en el formato de libro alcanzan una mortalidad que me gusta. Como cuando éramos jóvenes e íbamos a una fiesta y no existían los celulares, entonces vos estabas en esa fiesta, eras mortal, no te estaba llegando un mensaje donde te decía que había otra fiesta en otra parte y que estaba mejor. Y así podía pasar toda la noche sin saber que la fiesta no estaba en ningún lado.

– T.: ¿Cuál es tu postura con el oficio del escritor, quien para sobrevivir debe trabajar de periodista, tallerista, publicista?

– F. C.: Vivo de dar clases, escribir guiones de cine y series y de los derechos de autor de mis libros. Mi postura es que hay que trabajar para ganarse la vida.

– T.: Borges en 1973 (cuando su apellido ya era todo un sello) se quejaba porque al perder el trabajo en la Biblioteca Nacional no iba a poder vivir. ¿Creés que la profesión del escritor de ficción hoy está mejor retribuida?

– F.C.: Creo que en general el trabajo está mal distribuido en la sociedad, no es un tema específico de la escritura. De hecho hay miles de personas bajo la línea de pobreza. Borges, con todo, era un privilegiado. Como (Ricardo) Darín, que a diferencia de Heráclito puede bañarse dos veces bajo la misma ducha en un día.

– T.: ¿Trabajar como periodista interfiere en el oficio del escritor?

– F.C: No creo que el periodismo perjudique al trabajo de escritor. Si uno sabe que están colocados en dos posiciones diferentes: el periodismo siempre responde y la poesía siempre pregunta.

– T.: ¿No creés en la maldición del trabajo?

– F. C.: El trabajo alienado es una maldición. El fetichismo de la mercancía y la reificación de las personas. Trabajar de lo que te gusta es una excepción, hagas lo que hagas.

– T.: ¿Podías hablar un poco de la postura política de estos textos?

– F. C.: Simplemente pienso que la derecha y la izquierda es un diada que aún persiste. La naturaleza es de derecha que busca que el animal débil sea eliminado y la izquierda -como yo la entiendo- busca proteger a los más débiles, a los que el mundo se les hace cuesta arriba.

-T.: ¿Cómo es el compromiso con la amistad, una fuerte marca en tus escritos?

– F. C.: La amistad es lo principal en mi vida. Siempre le enseño a mis hijos que los amigos son los que nos salvan. Incluso los amigos difíciles, esos que nuestros padres combaten y que nosotros sabemos que son los que nos hacen que nuestra vida sea peligrosa. Los amigos difíciles son los que saben que no van a habitar nuestro futuro.

– T.: La vida sin ficción es un infierno, remata uno de tus trabajos ¿Es tan así?

– F.C.: La ficción es una parte importante de mi vida, tanto cuando la leo como cuando me inspira para vivir teniendo esa sensación de aventura que cualquier «flâneur» conoce.

– T.: ¿Cómo conviven en tu literatura el cruce de vida-ficción?

– F. C.: En los textos sale naturalmente el cruce entre diferentes géneros. Es una pulsión por sacarse de encima la forma humana algo de alquimista.

– T.: ¿Tenés algún método o es natural las conexiones que hacés entre las ficciones?

– F.C.: Las conexiones entre mis textos se dan de manera natural, lo que no implica que no pueda después teorizar sobre eso que es mi experiencia. En la vida y en la literatura me gusta más ser un soldador que un soldado: el soldador cruza mundos diferentes, el soldado va a la guerra.

– T.: ¿Tenés pensada alguna cartografía mental de los sueños?

– F.C.: Los sueños son un misterio, como los poemas de John Ashbery.

– T.: ¿En el límite entre la vigilia y el sueño o en los sueños mismos no te surgen historias para la ficción?

– F. C.: La ficción puede surgir en cualquier momento. Carlos Castaneda quería controlar los sueños en «El arte de ensoñar», pero la ficción es lo que hace que la vida sea más intensa. Somos ficciones buenas o malas, esas son nuestras historias. Claro que no hay que creer que la ficción es igual a algo falso, no hay que moralizarla.

– T.: ¿Cómo es la conducta del poeta de la vida que no necesita escribir?

– F. C.: Me parece que todos conocemos a esa gente que no escribe -ni jamás pensó en hacerlo- y que para nosotros se mueven y piensan como poetas. Son muy inspiradores.

– T.: ¿Cómo es y qué prácticas tiene el «lector creativo» de tus tips para escribir?

– F. C.: Un lector creativo es Borges, alguien que a la par que lee está ensayando y escribiendo en la misma operación mental.

– T.: ¿En la paternidad o en el parricidio literario se aplica la idea de hijo diferente al padre de tus notas?

– F. C.: La paternidad en la vida no se baja como una aplicación, es algo que uno aprende día a día. Comparada con eso las filiaciones literarias casi no me interesan. Ni el parricidio estético.

– T.: ¿Cómo trabajás el estilo de tus reseñas de libros o películas?

– F. C.: Trabajo mis reseñas como un soldador, interconectando campos y pensando de manera paradójica y no con una lógica binaria.

– T.: ¿Cómo fue o es tu lectura de la «Divina Comedia»?

– F. C.: Leí el «Inferno» (que me impactó) y leí a Eugenio Montale, que es un hermano de Dante. Y viví en Florencia con una beca en un castillo del conde de Malaspina, donde estaba un curato que usaba Dante para pasar la noche.

– T.: ¿Qué libro recomendarías de lo que estás leyendo?

– F. C.: Recomiendo leer todo lo que publiquen las editoriales independientes, ahí está la mejor literatura.

– T.: ¿Qué estás trabajando en ficción?

– F.C.: Terminé una obrita de teatro «El jazmín de los teresos», un librito de poemas y estoy en el medio de una novela que sucede en los tiempos de la Colonia, un desprendimiento de un guion que escribí para Lisandro Alonso y que fue la película «Jauja». La novelita se llama «El parche caliente».

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