24 junio, 2021

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Kohan vs. Kohan: el escritor y la psicoanalista abordaron el discurso y los riesgos del amor

Bajo el título prometedor de "Kohan versus Kohan", la charla fue parte del programa de actividades de la Feria Leer que organiza el Municipio de San Isidro y fue moderada por Víctor Malumián, editor del sello Godot y cofundador de la Feria de Editores. El intercambio, lejos de asumir la forma de "batalla", fue un diálogo lleno de matices y reflexiones alrededor del discurso amoroso.
La ensayista y psicoanalista Alexandra Kohan y el escritor y ensayista Martín Kohan dialogaron junto a Víctor Malumian en la Feria Leer.

En un diálogo que orbitó alrededor de los celos, lo cursi, las canciones románticas y las nuevas regulaciones que se hacen incluso en nombre del progresismo, la ensayista y psicoanalista Alexandra Kohan y el escritor y ensayista Martín Kohan, que además son pareja, conversaron hoy en el marco de la Feria Leer de San Isidro sobre el deseo, el amor y los desencuentros.

Bajo el título prometedor de «Kohan versus Kohan», la charla fue parte del programa de actividades de la Feria Leer que organiza el Municipio de San Isidro y fue moderada por Víctor Malumián, editor del sello Godot y cofundador de la Feria de Editores. El intercambio, lejos de asumir la forma de batalla, fue un diálogo lleno de matices y reflexiones alrededor del discurso amoroso.

El escritor y la psicoanalista publicaron libros sobre la cuestión amorosa; en 2020, Alexandra Kohan presentó el ensayo «Y sin embargo, el amor» y Martín Kohan, en 2015, publicó «Ojos brujos: Fábulas de amor en la cultura de masas». Mientras ella trabaja en un libro alrededor de los dilemas discursivos del cuerpo, él corrige una serie de cuentos y escribe un ensayo sobre la aparición del celular y cómo cambió nuestras relaciones y discursos: «Todo se hace con el teléfono, excepto hablar por teléfono». El Festival Leer los reencontró para abordar la temática rica y siempre vigente del amor.

La charla, difundida por las redes sociales del Festival, comenzó con un llamado a pensar cómo se alojan las diferencias del otro en una relación. «Darle lugar al otro, a la diferencia, tal vez sea una de las cosas más difíciles de soportar. Esperar cosas del otro no es una gran idea. El amor debería ser desinteresado, sin esperar nada a cambio», sostuvo la psicoanalista.

«¿Cuáles son los límites de las incomodidades que genera el otro», preguntó Malumián. Para el escritor, si bien no es necesario hacer una apología del sufrimiento, es importante no caer en la indolencia o la impermiabilización: «No deja de producirme inquietud y preocupación esa insistencia en que nada nos afecte. ¿Vínculos que no nos afecten? ¿Blindarse? ¿Colocar el amor en amianto? Para mí eso es arrojar el amor a la indiferencia. Uno no diseña al otro. El amor incluye las zonas de la diferencia».

A su turno, la ensayista advirtió que el ideal de indolencia genera mucha frustración: «No debiera doler pero duele. Y es imposible que no duela porque el otro es otro. La pretensión de armonía no funciona: soportar que las cosas no cuajen genera mucho más alivio. Acá es donde entra la angustia como un modo de deseo. La angustia es un modo de estar vivo. Y la pretensión de que el otro cambie lo que no nos gusta o se sacrifique es inútil. El amor no se lleva bien con el sacrificio».

En ese momento, un intercambio casi hogareño, en registro íntimo, reprodujo la lógica de la inutilidad del sacrificio por amor.

-Yo no te pediría que dejes de ver a Boca-le dijo ella.

-Eso no lo vas a lograr nunca.

-Por eso no te lo pediría.

-Por eso estamos juntos.

Mientras ella trabaja en un libro alrededor de los dilemas discursivos del cuerpo, él corrige una serie de cuentos y escribe un ensayo sobre la aparición del celular y cómo cambió nuestras relaciones y discursos.

El escritor recordó que vivimos tiempos «muy represivos», con remordimientos y culpa: «Hoy el sufrimiento está redoblado: uno padece por tener celos y también por la culpa que da sentir algo supuestamente incorrecto como los celos. Y eso ocurre por la tendencia represiva».

¿Lo cursi es la mayor expresión del amor?, los consultó Malumian. «Hay algo del lenguaje amoroso que tiene que ver con modulaciones que uno no usa habitualmente. O no. No es una fórmula. Lo que me parece importante es no censurar esas formas. Las cosas suenan cursis cuando son escuchadas por fuera de la enunciación. Si yo publicara los mensajes amorosos de Martín y sus respuestas, los otros considerarían que son cursis. El problema es extrapolar la intimidad», analizó ella.

Él, por su parte, retomó una cita de Gómez de la Serna: «Cursi es todo sentimiento que no se comparte». «El universo sentimental mirado desde afuera siempre se ve cursi. Es muy fácil señalar la cursilería ajena como si a uno no le tocara transitar la misma cursilería cuando se enamora. No envidio la condición del que se pone a salvo de lo cursi», sostuvo.

Después, reflexionaron alrededor de la protocolización de las relaciones, aún cuando se hacen en nombre del progresismo. «Las normas hacen que se termine la sorpresa, el acontecimiento y el encuentro como contingencia que no se puede calcular. El amor, cuando irrumpe, lo hace por afuera de esos cálculos», definió ella.

Él también fue categórico: «La protocolización liquida al otro. La regla general anula al otro, lo subsume a nuestra creencia y reprime el deseo». Y después, trasladó el razonamiento a cómo operaban los dogmas más tradicionales: «Para establecer una regularización de las pasiones ya teníamos a las religiones con sus aparatos represivos y sus dogmas. ¿De donde salió la necesidad de establecer un plus? Las religiones al menos lo hacían en nombre de Dios y asumían esa condición. El progresismo lo hace en nombre de la liberación pero el dispositivo sigue siendo el mismo. ¿Cuál es el Vaticano que dictamina que celar está mal? ¿A qué infierno nos van a mandar?».

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