4 febrero, 2023

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La araña que pica y la rata que estresa

Este artículo no tiene nada que ver con Julián Álvarez.

Vivimos épocas de mundial (no sé cuándo estarás leyendo esto, pero ojalá sea con Argentina festejando) y me pareció que cualquier cosa que se escriba en estos días, tiene que tener una relación remota con el evento deportivo y cultural más importante de este año. Dicho eso, traigo una frase asociada al delantero de Argentina Julián Álvarez, apodado «La Araña» (y de allí la frase «La araña que pica»). Es el puntapié esta frase del artículo de hoy, que trata de «las ratas» como una entidad idónea y del estrés. ¿Quién no vive bajo constante estrés hoy en día?. Volviendo al mundial, ¿quién no dejó medio corazón en la definición por penales con Holanda?. Bueno, basta de fútbol. Toca hablar de ratas y estrés.

Todxs sabemos que vivir en presencia de ratas acarrea distintos riesgos, algunos más intuitivos que otros (A nivel sanitario, higiénico y de salud pública). Una de las consecuencias menos conocidas que la presencia de ratas genera en nuestro día a día es su impacto en la salud mental. Está comprobado que la exposición crónica a las ratas genera un deterioro psicológico en las personas que viven en proximidad a ellas(1). Es decir, vivir de forma continua y permanente en presencia de ratas nos genera estrés, y todo los problemas de salud mental y física que se encuentran relacionados a este.

La presencia de ratas funciona como un estresor crónico (es decir, constante y continuo) en zonas urbanas con edificaciones antiguas, deficientes o precarias, con alta densidad poblacional y bajo status socioeconómico(1). Las primeras dos, son condiciones ideales para el asentamiento de ratas, debido a la abundancia de recursos alimenticios y de posibilidades de refugio. El estrés de vivir bajo estas condiciones socioeconómicas en la gente se ve exacerbado, en algunos casos, por la presencia de las ratas. Pero, ¿Por qué? Para empezar, las (distintas especies de) ratas son hospedadoras de numerosos patógenos de riesgo para los seres humanos (Hantavirus, Leptospirosis, entre muchos otros virus, bacterias y parásitos). Esto, de por sí, genera estrés en la gente que vive en contacto con estos animales, por el miedo inherente a contagiarse de alguna de las numerosas enfermedades que este contacto puede generar (A veces con mayor o menor influencia de la información que estas personas tengan disponible sobre cómo cuidarse o prevenir contagios). Entonces, claramente, para mucha gente (y lógicamente) vivir en compañía de ratas genera un miedo constante a que estos animales las hagan enfermar. Pero no sólamente el estrés viene relacionado a la salud pública y los riesgos de contagio.

La presencia de ratas tiene de por sí un significado simbólico del que tal vez no somos plenamente conscientes o nunca nos detuvimos a pensar: ver ratas correteando por un lugar nos da una sensación de descuido, falta de higiene y destrato en esa zona. Si este lugar sufre de por sí de importantes carencias edilicias (edificios perjudicados, antiguos, en proceso de demolición) y/o sanitarias (falta de servicios básicos, atención médica), la sensación de malestar es exacerbada por, encima, ratas corriendo que recuerdan ese contexto que se está viviendo (y que, como mencioné previamente, no es casualidad, ya que las ratas aprovechan muchas veces el refugio que estos edificios dan o el alimento por la falta de higiene y acumulación de residuos).

Finalmente, existe una tercera pata en este asunto de cómo la presencia de ratas genera estrés en la gente, y es la inacción percibida por la población respecto de las autoridades, cuerpos responsables y dueños de edificios de controlar las infestaciones de ratas que sufren día a día. En muchas ocasiones, no existen planes de control efectivos (o planes de control directamente) y/o los dueños de edificios o terrenos en alquiler no se hacen cargo de los costos de eliminar «pestes», con lo que la responsabilidad y el esfuerzo de intentar resolver este problema recae en la gente. De más está decir, el conocimiento al que la mayoría de la gente puede acceder para realizar un control efectivo y duradero de las ratas en sus propiedades es (lamentablemente) limitado y muchas veces erróneo e incompleto. Esto termina con muchas personas recurriendo a los métodos más típicos como rodenticidas o trampas, que pueden resolver el problema de eliminar alguna rata o ratoncito que viva en la casa, pero que no pueden abordar el problema a nivel municipal, barrial o incluso de una cuadra.

Cuando descubrí el trabajo de Byers et. al. (2019), encontré una introducción a una dimensión poco explorada de cómo la presencia de ratas nos afecta en el día a día. Desde ya les invito a leerlo.

Fuente:

(1) Byers, K. A., Cox, S. M., Lam, R., & Himsworth, C. G. (2019). “they’re always there”: Resident experiences of living with rats in a disadvantaged urban neighbourhood. BMC Public Health, 19(1). https://doi.org/10.1186/s12889-019-7202-6