21 septiembre, 2021

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La evolución de las apps de mensajería, “Había una vez internet”

En la semana de internet, La historia, el camino hasta la red que hoy conocemos y utilizamos a diario.

Las aplicaciones de mensajería y citas. Distintas entre ellas pero con muchos puntos en común. Desde ICQ y las salas de chat hasta llegar a WhatsApp y Tinder, cómo han ido cambiando estas herramientas tan populares de internet.

Hablamos de dos mundos distintos pero con mucho en común. Hay un par de generaciones que no conocen el ruido que hacían los mensajes de ICQ. Hay otras generaciones de gente en pareja que, creemos, no conocen cómo funciona Tinder. Vamos a tratar de contar un poco acerca de esto.

ICQ

El 15 de noviembre de 1996 salió a la luz una aplicación que los early users de internet recordarán con cariño: ICQ.

Fue una de las primeras plataformas populares de mensajería online. Quienes la recuerden pueden estar pensando en el logo con la muy característica flor de colores. O más probablemente en el sonido inolvidable que se reproducía al recibir un mensaje.

La pronunciación en inglés de la sigla explica el nombre. I seek you significa “te busco”. Una de las facetas más interesantes de ICQ era su robusto sistema de búsqueda. Podías encontrar a una persona a partir de su nombre, su nickname, su correo, su edad, su país y otros criterios más.

También estaba el característico ID numérico que te permitía encontrar a otros usuarios más fácilmente. Y que te encuentren, claro. Con el paso del tiempo y el éxito de la aplicación, los ID con menos números se empezaron a vender siendo más valiosos los más simples.

En el pico máximo de alcance ICQ llegó a tener 100 millones de cuentas registradas. En la actualidad es una app muy similar a WhatsApp pero con mucho menos éxito. Algunos puntos de valor: permite pasar los audios a texto fácilmente y cuenta con canales temáticos para sumarnos si es de nuestro interés.

MSN

Para la generación que vivió la internet de los primeros 2000, “el MSN” es una aplicación imposible de olvidar. Tuvo su nacimiento en julio de 1999. Era un producto nuevo de una Microsoft muy distinta a la que conocemos en la actualidad.

En sus inicios contaba con muy pocas funcionalidades más allá del envío de mensajes a una lista de contactos simple. Con el tiempo fue sumando posibilidades. Muchos y muchas recordarán los estados. “No disponible”, “Vuelvo enseguida” y otros tantos que modificaban el aspecto de una especie de emoji que identificaba a nuestra cuenta. También, claro, puede que recuerden esto. **SONIDO ZUMBIDO**

El zumbido era un tipo de mensaje bastante molesto que podías enviar para que te presten atención. Generaba ese ruido muy peculiar que acaban de escuchar y hacía que toda la ventana de chat se agitara con una animación.

Otro de los desarrollos que MSN sumó en su momento fue la posibilidad de tener un ‘estado’ libre, un lugar en el que podíamos poner un texto que aparecía junto a nuestro nickname. Más adelante también se permitió la vinculación con reproductores de música para que en ese mismo espacio se vea lo que estábamos escuchando.

Podemos hablar de 3 etapas en la vida del MSN. La primera desde 1999 hasta el 2005, año en el que comenzó a llamarse Windows Live Messenger. Este nombre duró hasta el año 2014. Microsoft había comprado Skype en el 2013 y para fortalecer a ese producto sacó de circulación al viejo MSN. Quedará para siempre en la memoria de sus usuarios.

WhatsApp

WhatsApp es una aplicación que no necesita que la presentemos. Pero sí podemos hablar de su historia. Y de cómo llegó a ser una app de uso tan masivo en nuestro país y en el mundo.

Creada en 2009 por Jam Koum y Brian Acton, la aplicación venía a hacerle competencia a la entonces dominante en el rubro de mensajería móvil “BlackBerry Messenger”. El problema con la aplicación de BlackBerry era que solo permitía comunicaciones entre usuarios que tuviesen ese dispositivo. WhatsApp por su parte ya permitía en 2010 su uso en cualquier aparato y tenía una forma sencilla de agregar contactos, a partir de los números telefónicos.

En diciembre de 2013 WhatsApp ya contaba con 400 millones de usuarios activos. Para febrero del 2014 ocurre el gran cambio en la vida de la aplicación. Facebook anunció su compra por nada más y nada menos que 19 mil millones de dólares.

Con el impulso de la empresa de Mark Zuckerberg, WhatsApp fue sumando cada vez más funcionalidades. Audios, grupos, videollamadas, stickers, servicios para empresas. En estos meses se habla también del posible desembarco de su función de pagos en países como Brasil y Argentina. Esto permitiría el envío de dinero entre usuarios en los mismos chats que utilizan a diario. Conociendo el uso que la app tiene en nuestro país y en Latinoamérica esto suena a algo que puede impactar de manera importante.

Como todos los productos de Facebook, WhatsApp también está permanentemente con un ojo encima en lo que respecta a filtración y uso de datos. Todavía no presenta publicidad como otras plataformas pero se especula constantemente con sus posibles movimientos en torno al tema.

Grupos de chat, delivery de comida, atención al cliente, organizar un partido de fútbol con amigos, avisar en el trabajo que estamos enfermos. Montones de usos más hacen a WhatsApp una parte fundamental en la vida de muchos argentinos.

Aplicaciones de citas

Internet y algunas de las aplicaciones mencionadas permitieron a mucha gente conocer personas con las que luego iniciarían relaciones. Desde las viejas salas de chat hasta aplicaciones del presente como Tinder o Happn. Hablamos en este caso de lugares o plataformas diseñadas para que la gente pueda ‘levantar’ o ‘ligar’, como dirían en España.

LatinChat era una de tantas salas de chat que existían a principios de siglo. Recibía cada día a muchísimos usuarios con ganas de conocer gente. La mayoría de estas plataformas daban la posibilidad de chatear en grupos abiertos y pasar a un chat privado si así lo querían ambas personas. Allí, se podían concretar (o no) las intenciones amorosas de los participantes.

Con el paso del tiempo y la aparición de las mencionadas aplicaciones de mensajería, las salas de chat fueron perdiendo peso. Lo que ganó fuerza durante la última década fueron las aplicaciones en las que haces ‘match’ con los otros usuarios. Tinder es una de las más conocidas en nuestro país. Se trata de una aplicación en la que podés crearte un perfil, subir algunas fotos y un texto que te presente. Esas serán tus cartas de presentación frente a los otros usuari@s.

Quien entra a la aplicación, y ya tiene un perfil configurado, puede buscar personas que le van apareciendo como figuritas a las que le puede dar un match o un descarte. Si ambas personas se dan match son alertadas de esto y pueden pasar a conversar de manera privada (o no). La app permite cerrar nuestro espectro de búsqueda a ciertas zonas geográficas o ciertos rangos de edades.

Hay otras aplicaciones como Happn que nos pueden mostrar a personas que se cruzaron en nuestro camino del día. Para esto, claro está, hay que permitir que la app acceda a nuestra ubicación. Ideal para esos enamoramientos de colectivo o aquellos que se dan caminando por el barrio.

Con la pandemia iniciada en 2020 y el aislamiento obligatorio, mucha gente que no conocía estas aplicaciones las descargó. Según un estudio de la consultora Opinaia, un 13% de los argentinos tiene una de estas aplicaciones descargada en el celular. Un 24% de ellos y ellas no las usaba antes de la pandemia.

La ausencia de eventos, boliches o reuniones sociales, llevó a que la gente busque alternativas. Muchas personas se sorprendieron para bien con la facilidad que brindan estas apps para generar charlas y encuentros. También hay que aclarar que, muchas veces, lo virtual puede ser un complemento a lo presencial. A veces también, puede ser directamente un reemplazo.

Las aplicaciones de mensajería y citas son de las más populares en las tiendas de apps. Charlar, relacionarse, conocer a alguien. Son actividades que se han visto transformadas por internet. Algunos recordarán con nostalgia las épocas en las que las comunicaciones eran cara a cara. Las opciones son adaptarse o, muy difícil en tiempos digitales, resistir.