27 enero, 2021

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Leandro Erlich: «Siempre me interesó entender cuánto de ficción hay en lo que llamamos realidad»

La obra es una respuesta irónica a la idea de ascender o descender y su presencia cambia la perspectiva de la realidad

La obra es una respuesta irónica a la idea de ascender o descender y su presencia cambia la perspectiva de la realidad

Con “Escalera Horizontal”, una obra instalada de manera permanente en el edificio de la Fundación Santander Argentina que se inaugura hoy y se podrá visitar a partir de la semana con turno previo, el artista Leandro Erlich retoma su interés por este tipo de espacios transitables, dinámicos, que cobran otra dimensión en este sitio específico emplazado en el Distrito de las Artes, en el barrio de La Boca.

En la instalación, Erlich (Buenos Aires, 1973) retoma el concepto de la escalera horizontal, que en este caso gira sobre sí misma por un sistema de rodillos, a diferencia de la que presentó a mediados de año en el Museo KAMU Kanazawa de Japón.

La estructura helicoidal acostada, blanca, está instalada en relación a la escalera también helicoidal de color negro -y vertical-, que comunica los espacios del “Paseo de las Artes” del edificio, con su terraza.

En sus obras, Erlich trabaja con el desplazamiento, la descontextualización y duplicación de objetos que generan ambigüedad visual. Lo cotidiano desafía las leyes físicas y modifica la percepción, cuestiona lo real, y lo hace también, en grandes dimensiones, espectacularmente, como es el caso de “The Swimming Pool” (Venecia, 2001), la icónica pileta que formó parte de la muestra que en 2019 le dedicó el Malba y en la que juega con la idea del adentro y el afuera.

En sus esculturas e instalaciones de gran volumen, al artista le gusta también plantear el desdibujamiento de fronteras entre ficción y realidad a través de producciones en las que vincula el ilusionismo con los juegos ópticos y algunos principios físicos. Parte de estas hibridaciones se pueden ver en trabajos como ”La democracia del símbolo” (2015) -donde jugó a hacer desaparecer la punta del Obelisco-, los restos de viviendas suspendidas en el aire que se perciben en “Pulled by the Roots II” (2015) o las barcas que se reflejan en “Port of Reflections” (2014).

En todas ellas, los lugares pasan a ser otra cosa: los reflejos y las puestas en abismo, así como las escaleras son parte de la “ilusión”.

“Escalera horizontal es una respuesta irónica a la idea de ascender o descender y su presencia cambia la perspectiva de la realidad y genera extrañeza”, explica en un un comunicado la Fundación Santander a propósito de la flamante obra.

Erlich trabaja con el desplazamiento, la descontextualización y duplicación de objetos que generan ambigüedad visua

Erlich trabaja con el desplazamiento, la descontextualización y duplicación de objetos que generan ambigüedad visua

-Télam: -¿Qué tipo de disparador es la escalera en tu obra dado que es un recurso constructivo que exploraste anteriormente, por ejemplo para la muestra que tuvo lugar en el Malba o la que está exhibida en el Museo Kanazawa de Japón?

-Leandro Erlich: Las escaleras son un espacio que me ha interesado mucho. Me parece que dentro de la arquitectura es una estructura particularmente escultórica. Tiene una característica formal muy particular y también tiene incorporada esta idea de dinamismo, de espacio transitable. Hay un sentido funcional extremadamente fuerte y preciso en esa función, mucho más restringida que en cualquier otro espacio. Porque incluso un prisma dentro de la arquitectura de una casa puede ser un comedor, una sala de estar, un dormitorio, una oficina, pero una escalera es una escalera y tiene una misión única, y despojar esa funcionalidad es es el punto de partida.

Uno puede detenerse eventualmente pero la estructura misma plantea un movimiento. A partir de esta idea de movimiento, inherente al objeto, hay una deconstrucción hacia el plano horizontal y hacia un movimiento trasladado en el objeto, en lugar de la experiencia o el tránsito del espectador.

-T: La idea de una escalera horizontal puede alojar muchas lecturas, desde una crítica a la lucha de clases hasta una impugnación de la meritocracia o un cuestionamiento a la idea de ascenso social ¿Qué lecturas habilita para vos esa puesta de una escalera «descentrada» de su propósito original?

-LE: Con respecto a las interpretaciones y a la carga simbólica que tiene la escalera creo que en el marco de la interpretación son todas válidas. Si está dentro del cosmos de mi pensamiento, sí claro que lo está, y curiosamente, por otras razones o las mismas también estaban dentro del espíritu de la Fundación. El planteo de la horizontalidad versus la verticalidad dice mucho.

Para la Fundación también esto se articulaba dentro de lo discursivo, sobre la jerarquía o sobre la no jerarquía, o sobre un plano de cercanía y de “igualdad”, en donde nada se eleva por encima del resto. Pero esto pertenece también al campo interpretativo, y son tan importantes en su creatividad como la acción que crea una obra. Las cosas no son como en las áreas científicas. El arte no responde de la misma forma. La ciencia no puede convivir con la subjetividad pero el arte vive de la subjetividad. Las interpretaciones son esenciales y la interpretación correcta de una obra no es necesariamente la misión que llevó al artista a crearla.

-T: ¿En qué medida muchas de tus obras apuntan a restaurar la ilusión y juegan con aquel concepto acuñado por Samuel Coleridge que habla de la momentánea suspensión de la incredulidad, que alude al acto del espectador de dejar de lado el sentido crítico para poder sumergirse en el mundo de ficción propuesto por la obra? ¿Por qué te interesa tanto explorar sobre el desencuentro entre la mente y la realidad?

-LE: Lo que siempre me ha interesado es entender cuánto de ficción hay en lo que llamamos realidad. Cuando uno toma una cierta distancia te das cuenta que hay una enorme construcción que está bastante asociada a la función. Hay un sentido cartesiano en la construcción de la realidad, y desarticular esta funcionalidad en las cosas, de alguna manera genera un estado de suspensión, pero pone en evidencia el aspecto construido de la realidad.

-T: Ligado a lo anterior, ¿qué rol ocupa la literatura en el proceso de gestación de tus obras? Los disparadores de tu arte pueden resultar tan antojadizos como los de una obra de ciencia ficción, por ejemplo?

-LE: No hay una influencia directa que venga de la literatura. Las influencias son múltiples y vienen en varias direcciones. Puntualmente la escalera horizonte, esta obra, vista en funcionamiento hay una cuestión cinética del movimiento, y un movimiento muy especial porque tiene un ritmo, una cadencia que le da una espacialidad particular. Me hace pensar mucho en la rotación de los astros casi. No es un movimiento frenético, es un movimiento lento pero constante y en una estructura helicoidal que genera esta idea de una especie de sinfin, de un movimiento que se inicia, que empieza en una punta y termina en la otra, pero que nunca deja de volver a iniciarse.

 

"Escalera Horizontal”, una obra instalada de manera permanente en el edificio de la Fundación Santander Argentina

«Escalera Horizontal”, una obra instalada de manera permanente en el edificio de la Fundación Santander Argentina

-T: ¿Pensás siempre en un tipo de interlocutor masivo para tus trabajos? La idea de espectacularización y de obra a gran escala que caracteriza tu producción implica sumar saberes paralelos adicionales a lo que es el campo de las artes visuales propiamente dichas? ¿Cuál es la gravitación en tu obra de disciplinas tan dispares como la física o la prestidigitación?

-LE: Pienso en un interlocutor que puedo ser yo mismo multiplicado por muchos más. Me gusta ver construidas determinadas cosas y ese es el anhelo como primer motor, pero sin dudas pienso en ese espectador. No estoy haciendo una obra como una catarsis creativa, con una necesidad imperiosa de expresarme sino que hay una idea de comunicar, de llegar al otro y de que el otro pueda apropiarse de una experiencia, o de una obra que está proponiendo algo, interpelando, que está abierto a la emoción y a la interpretación.

En su libro “Sapiens. De animales a dioses» (Yuval Noah) Harari habla de la historia no como la construcción de una sucesión de acontecimientos sino de eventos intrínsecamente relacionados con la química, con la física y con la biología. Pienso el arte desde ese lugar, desde donde no hay una herramienta o un proceso único sino una curiosidad permanente para pensar, para pensar las cosas y que eso de alguna manera va abriendo puertas y ventanas en uno y en los demás.

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