24 mayo, 2022

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Emilienne Malfatto: “Me interesa el después de la guerra y qué pasa cuando se van los medios“

Emilienne Malfatto (Francia, 1989) es escritora, periodista y fotógrafa, viajó como reportera a la guerra en Irak en 2015 y 2016 y esa conjunción de factores motorizaron la historia de su primera novela "Que por ti llore el Tigris".
Su libro narra cmo una joven iraqu descubre que est embarazada mientras avanza la violencia y la guerra en territorio arrasado Foto Florencia Downes
Su libro narra cómo una joven iraquí descubre que está embarazada, mientras avanza la violencia y la guerra en territorio arrasado. Foto Florencia Downes

Emilienne Malfatto (Francia, 1989) es escritora, periodista y fotógrafa, viajó como reportera a la guerra en Irak en 2015 y 2016 y esa conjunción de factores motorizaron la historia de su primera novela «Que por ti llore el Tigris», por la que ganó el premio Goncourt 2021 y que estará presentando este domingo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en una conversación con la autora argentina Carla Maliandi.

Editada por Metalúcida, la novela se compone de voces que van narrando cómo una joven iraquí descubre que está embarazada, mientras avanza la violencia y la guerra en un territorio arrasado. Los personajes se narran en primera persona y en la presentación que hace cada uno se construye un tono de intimidad, casi de confesión, en el que la capacidad de narrarse es una forma de atravesar el dolor, no se saltearlo o negarlo, pero sí de proyectarse, o al menos de intentarlo.

La autora está en la Argentina desde hace un mes y trabaja en «una investigación periodística sobre la dictadura» de la que prefiere no dar más precisiones. «Que por ti llore el Tigris» es su primera ficción, el otro libro publicado es de no ficción «Las serpientes vendrán por ti», un texto sobre la matanza de líderes sociales en Colombia, por el que recibió el premio del libro Albert Londres.

Sobre los premios, sobre qué es lo que más le interesa al contar una historia y sobre la guerra como conflicto del que nadie vuelve igual pero en el que no se pueden comparar los días de un cronista con los de quienes habitan en el territorio en disputa, Malfatto habla con Télam en una entrevista en un bar de Palermo a horas de su presentación en la Feria del Libro, donde se la podrá escuchar conversando con Maliandi y la editora de Metalúcida, Sandra Buenaventura, este domingo a las 18:30 en la Sala Sarmiento.

Foto Florencia Downes
Foto Florencia Downes

-Télam: Escribías crónicas, hacías trabajos como periodista y como fotógrafa. ¿Cómo fue el pasaje a la ficción?

-Emilienne Malfatto: Fue totalmente involuntario, no estaba dentro del plan. Surgió. Fue un proceso inconsciente, muy catártico, quizás hasta me ahorró algunos años de psicoterapia. Fue en 2018, tenía que salir, la escribí en días y casi el primer borrón fue el definitivo. Tenía la sensación de que ya estaba escrito y me lo estaban dictando.

-T: La novela tiene un predominio de la primera persona. Maliandi dice en la contratapa que «la voz que narra los hechos solo puede hablar con quienes leemos; el relato nace de la soledad completa en que ha quedado esa voz». ¿Coincidís?

-E.M.: Totalmente, todos son víctimas, el asesino también es una víctima del sistema. No es un tema específico de Irak, la violencia contra las mujeres es universal. Escribí esta novela y la situé en Irak porque es un lugar en el que trabajo muchas veces pero está en todas partes. Ahora que más gente empezó a leerla, que empezó a tener mayor visibilidad algunos me dicen «ay esos árabes que matan a sus mujeres» pero se trata de algo más universal, es el patriarcado. Se considera que el cuerpo y el honor de la mujer no le pertenece a ella sino a los hombres de la familia y es un tema universal.

La próxima novela está fuera de tiempo y lugar, no está situada. Tiene que ver con la guerra, el libro de no ficción del año pasado era sobre la muerte de una mujer en Colombia así que puedo decir que hay un universo que atraviesa todas las historias que tiene que ver con la violencia.

Foto Florencia Downes
Foto Florencia Downes

T: -¿Qué te da la ficción a la hora de contar? ¿Es un respiro a la hora de hablar de estos temas?

E.M.: No, es una necesidad. Entre esta novela, que escribí en el 2018 y la del coronel, estuve como dos años sin escribir una línea de ficción y no me molestaba, pensaba fue una vez, ya pasó, estuvo bien. Estaba tranquila, no se puede forzar esa necesidad, ese impulso. Y volvió a pasar: llegó en enero de 2021, un domingo por la noche y escribí una semana sin parar y al final de esa semana estaba tal y como está ahora. Suele ser algo que tiene que salir, es una necesidad y muy obsesivo. Salía a la calle y decía tengo que volver a escribir.

-T: ¿Cómo fue el proceso de traducción al español? ¿Interviniste?

-E.M.: La revisé, sugerí algunos cambios. En italiano se dice traduttore/traditore como traductor/traidor y es interesante hasta qué punto hay que dejar que se pueda traicionar la letra de tu texto para preservar el espíritu. Leer las traducciones puede ser muy peligroso porque podes pensar «eso no lo digo así». Ésta se va a traducir al croata y es una especie de «bueno como no hablo croata, no puedo hacerme cargo de eso», hay cierto alivio.

-T: En la novela está muy presente la pregunta por qué implica sobrevivir a la guerra y qué pasa con el que vuelve. ¿Por qué?

E.M.: Creo que siempre se queda. Viví una guerra como periodista pero es muy distinto a vivirla y que sea una elección. No me gusta el rol del periodista que se sacrifica, un periodista que va a cubrir un conflicto y va a esa zona es porque quiere hacerlo. Puede ser por ambición, por cualquier cosa. En un momento esa persona decidió tomarse un avión e ir a una zona de guerra pero lo decidió. Mientras que la gente a la que le cae el conflicto, como los iraquíes, los sirios, los ucranianos ahora, están entre la espada y la pared, no lo eligieron. Y si tienes un pasaporte europeo, te cansaste y te quieres ir, tomas tu pasaporte y te vas, no tienes que subir a un barco de plástico y cruzar un mar. Mi experiencia nunca se va a comparar con la gente que lo vive en su país y que no tiene más opciones. Eso es una realidad. Yo fui periodista de guerra pero me interesa más el post, toda la vida alrededor de la guerra porque en la guerra hay mucha vida y eso es muy interesante. ¿Qué pasa cuando se van los grandes medios? No cubrí la batalla de Mosul pero fui después y las preguntas eran: ¿Qué pasa después? ¿Creen que no hay más conflicto y tensión? Está todo destruido y hay mucho por hacer.

Las elecciones en Francia: «Es trágico que Le Pen obtenga un 40%»

La autora de «Que por ti llore el Tigris» lleva un mes residiendo en Buenos Aires, el inicio de la pandemia cuenta que la agarró en Francia, cuando estaba por tomar un avión a Irak, y su mirada sobre el escenario internacional y las elecciones recientes en Francia, en las que fue reelecto Emmanuel Macron, son parte de la conversación que mantuvo con Télam.

Emilianne Malfatto complejiza el escenario político de Francia, donde hace días la reelección de Macron en segunda vuelta tuvo el nivel de abstención más alto en los últimos 53 años y ante una adversaria como Marine Le Pen, que por primera vez elevó la adhesión a la extrema derecha por encima de 40%.

-T: ¿Cómo creés que se está contando la guerra Ucrania-Rusia?

-E.M.: No fui a Ucrania, fue una decisión. A veces hay que salir de ese torbellino de conflictos que puede volverse muy adictivo. Tengo muchos amigos fotógrafos que están allá y están haciendo tremendos trabajos. Hablando de Europa, son años, décadas que llegan inmigrantes de países en guerra, de Afganistán, Yemen, Irak, Siria, Eritrea y Europa como entidad los trata mal, Frontex (la a Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) los rechaza, los echan al mar. Trabajé en Calais, en Francia donde llegan a parar todos los que quieren cruzar a Inglaterra y me dio vergüenza ser europea, la policía los sacaba, no se respetaban los derechos. Vaya «país de las luces y Europa de los derechos humanos». La respuesta de los estados es que no tienen los fondos y entonces no pueden recibirlos y llegan los refugiados ucranianos, que la están pasando muy mal, y para ellos si hay camas y plata para recibirlos. ¿Quién decide que un refugiado ucraniano tiene más razones para huir que un sirio de Alepo? Hay que ayudar a todos, qué es esto de «sos ucraniano entonces si abro mis fronteras y te recibo pero si eres de Etiopía, vete».

-T: ¿Qué balance hacés de las elecciones en Francia?

-E.M.: Es trágico que Le Pen obtenga un 40%. Hay una derechización de la política y tipos como Eric Zemmour, que es un animal mediático que era un columnista que estaba en una burbuja, de repente se haya vuelto un posible presidente es muy fuerte. La radio y la televisión le dieron tribuna abierta. Entonces ante él, Le Pen se presenta como más respetable y ni hablar Macron que es una derecha super neoliberal y capitalista. Es muy complejo. Cuando era niña si conocías a alguien que votaba a Le Pen era vergonzoso, era rechazado públicamente, hoy se soltaron las lenguas. Le Pen, Zemmour rompen ciertas barreras. Pero también está Macron que dice que hay que acostumbrarse a la educación paga y que las universidades también deben serlo. Y no, lo mejor que tiene Francia es su sistema social.

 

-T: La novela está organizada en textos en primera persona, condensan mucho, uno los puede leer por separado y podrían leerse cada uno desde una pequeña foto. ¿Eso podría asociarse a tu trabajo como fotógrafa? ¿Viene de ese oficio la capacidad de condensar esas historias?

-E.M.: Me han dicho que soy una escritora muy fotográfica, hay mucha imagen ahí. No sé, tengo una relación muy impulsiva con todo eso. Hay temas que voy a trabajar en fotos y otros en texto y se decide así. No lo racionalizo.

-T: Tanto esta novela como el libro anterior tuvieron premios importantes, ¿cómo los tomás? ¿Cambian en algo tu relación con la escritura?

E.M.: Cambia todo y nada. Todo porque de golpe la gente te percibe como más legítima, algunas cosas se presentan más fáciles. Como periodista pensaba que me iban a tratar mucho mejor pero a un freelance se lo trata re mal. Pensaba: ya mostré que soy una periodista seria entonces me van a tratar bien y no es así. Tengo un montón de amigos que trabajan como freelance y la mitad está en depresión. No cambia nada porque no cambia quien soy y no cambia el valor del libro. Si es malo, un premio no lo hace bueno. Lo tomo con cierta distancia porque no vivo en ese mundo parisino de la edición y de las redacciones. En ese circuito quizás es distinto el después de un premio. Recibí el Goncourt y ni siquiera estaba en París la semana posterior. Me puse re feliz pero mi vida sigue y no cambia mi valor como persona ni el de mi trabajo. Es muy bueno para el ego, me hubiera gustado que mis abuelos lo vieran pero me lo tomo con cierta tranquilidad. Muchos me preguntan en el caso de Goncourt si no me estresa o presiona pensando en la segunda novela pero no, yo estoy feliz y esto sigue.

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