17 enero, 2021

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«No hay nadie que esté tan al borde como un homicida»

Ulrich es periodista y autor de los relatos "En el Oeste" y de las novelas "Los Ariscos" y "La vida urgente"

Ulrich es periodista y autor de los relatos «En el Oeste» y de las novelas «Los Ariscos» y «La vida urgente»

En su última novela, «Orejano», Germán Ulrich se sumerge en una historia policial de frondosa trama en la que aborda el asesinato de un comerciante en la ciudad de Santa Fe, una madrugada brumosa que opaca límites y contornos, y en la que transitan personajes capaces de amar, cultivar amistades y asesinar, instigados por ansias de justicia o venganza.

Inspirado en la obra del norteamericano Jim Thompson, el autor abre la obra con el asesinato de Mármol, dueño de una mueblería y usurero impiadoso, hecho a partir del cual se hilvanan las historias de Santos, hijo de un gris sargento de policía, y del periodista Ruiz Moreno, de extensa y destacada trayectoria que intentará dilucidar los indicios que conducen al homicida y sus motivaciones.

Editada por Campo de Niebla, la obra recoge además las historias de los hermanos Varela, uno de ellos involucrado en actividades criminales; de la Japonesa, cuyo bar fue cita obligada del grupo de amigos, y de Marina, la novia de Santos que trabajó durante algunos años en la mueblería de Mármol.

Ulrich, que es periodista y autor de los relatos «En el Oeste» y de las novelas «Los Ariscos» y «La vida urgente», explica en diálogo con Télam las motivaciones que lo llevaron a escribir por primera vez un policial, al tiempo que confiesa que el aislamiento provocado por la pandemia fue terreno fértil para la escritura de varias novelas, aún inéditas.

– Télam: «Orejano» forma parte de una tríada, ¿cómo se engarza con las demás novelas y a partir de qué surgió específicamente. Hay algún hecho de la realidad que la originó o inspiró?

– Germán Ulrich:Es la continuación de la saga iniciada con Los Ariscos (Campo de Niebla, 2019) pero transcurre en un tiempo anterior, lo mismo que la tercera novela, inédita aún. Se relacionan por compartir algunos personajes y transcurrir en el mismo territorio, pero «Orejano» es el primer policial. Y sí, hay hechos tomados de la realidad, a modo de inspiración. Sin estar del todo seguro de cómo funciona ese proceso, se me ocurre que uno, al leer las noticias, escuchar un relato o presenciar un hecho que por algún motivo llama la atención, lo asimila, a la manera de un retazo de vida que puede encajar en alguna narración. En esta novela, por ejemplo, está reflejado el drama de la gente que perdió su casa en la crisis de 2001, que desencadena uno de los hilos más vigorosos de la novela.

– T:¿Cómo evaluás la incursión hacia el género policial en tu producción literaria?

– G.U: Llego al policial desde el costado social de las historias. De hecho, esta novela no fue pensada para pertenecer a ese género sino contar un tramo en la vida de un puñado de personajes. Y resultó que había un crimen, una investigación, un enigma, alusiones a novelas policiales, a detectives, relaciones previas. Y de repente surgió una novela policial, con muchos de los tópicos que las caracterizan.

– T:Uno de los ejes fundamentales de la novela es la trama que armás en torno al asesinato alimentada por los vínculos de los personajes. ¿Cómo fue ese trabajo de ir armando vínculos e ir sembrando pistas?

– G.U: Fue muy sencillo porque hubo una primera versión de la novela, que estaba dividida en dos partes muy diferentes: la primera, la historia del crimen y quiénes eran los personajes, y la segunda, en la que sobresalía el trabajo del periodista que investiga. Es decir, cuando la reescribí tenía todo tan claro que las pistas y las trampas casi se colocaron solas.

– T:Si bien sos nacido en Entre Ríos, vivís hace muchos años en Santa Fe, una ciudad a veces caracterizada como rutinaria, ¿de qué manera o a través de qué aspectos considerás que esa ciudad te inspira para crear un clima intrigante y elaborar un policial?

– G.U:A mí me gusta pensar las ciudades como escenarios y en el caso particular de Santa Fe hay zonas para colocarles personajes oscuros, como Santos, el protagonista de Orejano. Puede ser rutinaria en algunos sectores, como los de oficinas públicas, pero el barrio de la terminal de ómnibus, con los oficios nocturnos sobre la superficie, es un ambiente ideal. Como si hubiese quedado impregnado de lo que sucedía en los bares del puerto un siglo atrás.

– T:Además de la investigación, otro tema que atraviesa la obra es el de los vínculos y la amistad entre los personajes, que en alguna medida da dimensión de las complejidad que todo ser humano tiene.

– G.U:Sí, hay vínculos muy fuertes entre personajes, que ayudan a entender ciertos tramos de la novela. De hecho, en una escena esa complejidad de las expectativas volcadas en una relación de amistad es tema de conversación. Y como en la vida misma, no hay nadie que esté tan al borde, como puede ser el caso de un homicida, y al mismo tiempo no tenga sus amores, como vínculos e incluso como motivación.

– T:La figura del periodista que investiga el asesinato está de alguna manera relacionada con tu profesión. ¿Cómo te ubicás en ese sentido en relación al oficio y al ejercicio de la profesión, sobre el que deslizás una crítica especialmente a las empresas que valoran poco a los buenos profesionales?

– G.U:En mi faceta de periodista no investigo casos policiales, salvo la información que va surgiendo de la Justicia y de la policía, por lo que no hay allí ninguna ventaja sobre un escritor que tiene cualquier otro oficio. Sí hay elementos que conozco y que de alguna forma se filtran en la narración, como por ejemplo los intereses y las presiones que afloran a la hora de difundir una determinada noticia.

– T:Hay un autor que inspira la obra y es Jim Thompson, de dónde nació esa admiración?

– G.U:A Jim Thompson lo descubrí hace muchos años a través de su novela más conocida, «1280 almas» y entendí que tenía algo distinto: era capaz de escribir las peores perversidades pero de una forma que al lector le parece estar ante una historia de lo más normal. Su vida es digna de una novela: fue ignorado por el gran público, pero dejó una veintena de novelas que hoy son admiradas por los amantes del género.

– T:¿Cómo surgió el título?

– G.U:No soy bueno eligiendo títulos y esta novela no lo tenía hasta poco antes de ir a imprenta. Pero en una conversación con el editor Maximiliano Kreft utilicé esa palabra, no recuerdo si para mencionar a Santos o al libro, que estaba orejano hasta ese momento. Y Maximiliano dijo de inmediato que ese era el título: Orejano.

– T: Como en todo policial hay una marcada crítica a la sociedad así como a algunos integrantes de la justicia y la policía. ¿Qué reflexión hacés y qué hay de real en esa estratificación social en torno a los bulevares en la ciudad de Santa Fe?

– G.U: En Santa Fe, como en cualquier gran ciudad, es indudable que no genera el mismo revuelo la muerte de un pibe en una villa que la de un hombre de cierta posición en el centro o un barrio acomodado. Como dice la novela, la vida del primero vale, con suerte, la bala que lo mata, y la del segundo se cotiza en ríos de tinta.

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