1 marzo, 2021

Extra! News

extranews.com.ar

Olas de colores en la fachada del Museo de Arte Moderno, una intervención de Elián Chali

El artista urbano cordobés Elián Chali presenta su intervención «Plano inesperado» en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, una obra de sitio específico «que toma la forma de olas» de color rojo, amarillo y verde, a lo largo de 330 metros cuadrados de la fachada del edificio como acción dialógica en el espacio público entre el adentro y el afuera.

«Plano inesperado» surgió a partir una invitación del Museo para realizar un proyecto específico para su frente. En palabras de Victoria Noorthoorn, directora del museo, «fue invitado a disolver la fachada», que califica de «cuasi medieval, pesada, de ladrillo». El desafío fue transformar el frente «para que el adentro se convierta en el afuera y el afuera en el adentro», como una puesta en diálogo del acervo con la ciudad.

En el marco de esa consigna, otros artistas como Diana Aizenberg y Cotelito fueron invitados también desde octubre pasado a realizar proyectos en la reapertura tras un año de pandemia. «El museo arriesga su propia comodidad al plantear esta intervención», destacó Chali durante una recorrida realizada hoy para la prensa.

El artista retoma la tradición del arte urbano -graffiti y muralismo- como modo de expresión y disputa de las narrativas históricas que construyen las ciudades y determinan la circulación de los cuerpos. Sus obras están en más de 30 ciudades alrededor del mundo y es autor del libro «Hábitat». A su vez, forma parte de un colectivo de identidades y corporalidades con diversidad funcional y/o discapacidad.

Su flamante obra, un mural de formas abstractas, geométricas, de colores principalmente primarios, se despliega a lo largo de 330 metros cuadrados y hace aparecer un plano inesperado que siempre estuvo presente. Se trata de una intervención que utiliza como lienzo a otra obra arquitectónica y realza una superficie que hasta entonces estaba en sombras.

Carla Barbero, curadora del museo y coordinadora del proyecto, estuvo trabajando desde mayo del año pasado con el artista a la distancia, una experiencia en un momento de incertidumbre al que calificó como «caótico en el buen sentido de lo creativo. Así como no sabíamos que estaba sucediendo ni cómo se iban a desarrollar los eventos, también era un período de absoluta libertad».

Según la curadora, la decisión de convocar a Chali estuvo relacionada con «la relación bastante orgánica en el tipo de obra que Elián viene desarrollando, en repensar estos bordes visuales, arquitectónicos del museo y el afuera». Y acotó: «A Elián le interesa particularmente trabajar con las historias de las ciudades, el urbanismo y el patrimonio».

Desde el trabajo formal, el artista cordobés utiliza una paleta de colores plenos y una abstracción que identifica como «elástica» y que imprime una vitalidad diferente a esa fachada intervenida por el mural.

«Lo que más me interesaba era que el museo se animara a meterse en problemas también, no salir indemne. Vamos a dialogar con una institución dentro de otra institución, la ciudad. Hasta dónde tensionar, no solamente desde lo técnico y formal sino también desde lo conceptual», planteó el artista.

«¿Qué es lo pasa cuando se interviene una fachada patrimonial, histórica, que ha pasado por mucho esfuerzo para ser revitalizada. ¿Qué pasa cuando en su base le hacemos un gesto acupuntural y una pequeña transformación sin tocar lo intocable. En ese sentido me gusta pensar la historia de ciudades y quién las narra, cómo esa narrativa colonial, ¿qué es lo que se puede hacer desde pequeños gestos para poner una voz propia o otra voz, a esa narrativa histórica que viene a representar la ciudad?», explicó.

Más allá de la dicotomía público-privado, Chali aseguró que le interesa «el adentro y el afuera» como metáfora del acto de respirar: «La idea del adentro y el afuera nos localiza en la posibilidad de que la ciudad sea más un cuerpo humano, casi como un sujeto que tenga su propia anatomía, más que meras estructuras edilicias que habitan instituciones», remarcó.

«Hay una tensión en intervenir esta fachada interna que me parece generosa del museo, y en parte como una idea cruzada porque habilita un espacio para una obra que antes no estaba. Un lugar muerto o con una función edilicia específica puede ser un espacio expositivo, para construir una experiencia poética», agregó.

Acerca del «gesto acupuntural» explicó que refiere a ese trabajo que realiza la acupuntura con la aguja que activa un músculo para que la sangre vuelva a circular, «un gesto noble para el cuerpo», según definió.

«Me parece interesante que una pintura o intervención en una obra ya existente como una fachada, que funciona como una hoja, irrigue sangre a este músculo que es el museo. En ese sentido un gesto pequeño pone en manifiesto el resto de lo gris. Si caminamos por la vereda de enfrente podemos ver que contrasta y revitaliza el resto del edificio. Eso es lo que quiero como artista, que esa pequeña-gran intención tiene que ver con poner de vuelta en funcionamiento, en oxigenar espacios que están un poco secos», indicó.

En esa dimensión de la circulación de los cuerpos por las ciudades, una de sus obsesiones como artista, Chali entiende la ciudad como «territorio y plataforma para discutir, observar y participar», algo «fundamental porque el espacio público tiene esta tensión de que nos pertenece y no a la vez».

«La ciudad siempre es una plataforma conflictiva. La idea de esta narrativa sobre quién escribe la ciudad también selecciona qué cuerpos pueden habitar la ciudad, protestar, gozar, no solamente como instituciones de control» sino como las encargadas de pensar en términos prácticos «cuál es el el nivel de accesibilidad en la ciudad», analizó Chali.

«La experiencia performática de habitar la ciudad, trabajar, estar en el momento más vulnerable del proceso creativo, que es bastante vulnerable en el exterior, de algún modo va sincerando, construyendo un adentro que es otra subjetividad, en comparación a esas subjetividades encerradas porque las ciudades no son accesibles. Hay una suerte de revancha, o en términos más críticos una suerte de venganza para habitar la ciudad», sostuvo.

La obra de autoría compartida aunque con el «gesto autoral» e «identidad estética marcada», no es un problema para el artista. «La idea de la propiedad intelectual está muy ligada a la propiedad privada, que es otro gran conflicto. En este caso es difícil que la obra sea intervenida porque está bajo techo y con rejas delante. Pero cuando trabajo en el espacio público, que es realmente en la calle, el riesgo de que suceda una obra derivada está al minuto de ser terminada e incluso en el proceso», señaló.

Chali relata que en Córdoba trabaja con un grupo sin el cual no sólo no podría hacer la obra a nivel formal y físico por las dimensiones -le gusta trabajar obras grandes-, sino también por el acompañamiento y sostén. «La idea de sostén no es algo cerrado, las personas discapacitadas aprendemos mucho sobre la interdependencia y el apoyo mutuo. Ahí hay un reconocimiento político interno y al grupo», aseguró.

«Que el museo haya invitado a una persona con diversidad funcional es todo un gesto, porque al igual que la diversidad sexual que ahora está muy en agenda, entre las personas con diversidad funcional hay muchos artistas que son borrados también o son negados a los espacios culturales», remarcó.

La obra está protegida por las rejas, sobre una pared de un espacio usado en algún momento como tránsito para la accesibilidad al edificio de personas con discapacidad motora. Como una «hoja en blanco» de una obra realizada por otros, que se reescribe desde la intervención.

«La reja un poco lo contiene y preserva de alguna implicancia climática o que sea intervenida por otra persona, si bien me parece un riesgo, pero la idea de trabajar sobre el museo me parece un riesgo mucho mayor. La reja no tiene demasiada relevancia; para aclarar un tema que es bastante polémico, porque me parece que la propia intervención del museo ya es suficientemente crítica, tensa», afirmó Chali.

Fuente