22 enero, 2021

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¿El “home office” llegó para quedarse?

El Covid-19 haya afectado globalmente a toda la humanidad, En ese sentido, de los estudios más serios y actuales sobre el futuro del teletrabajo se pueden empezar a extraer dos aspectos que serán centrales; productividad y factibilidad. Y, importancia, innovación.

Con el amanecer de una normalidad poco habitual asomando, todavía es mucho lo que hay para analizar del teletrabajo como modalidad permanente una vez que coronavirus deje de ser sinónimo de crisis.

Si bien en el inicio de la pandemia era bastante habitual leer que “el home office llegó para quedarse”, la realidad cumple con su misión habitual y se revela mucho más compleja que cualquier afirmación tajante y definitiva.

Lo primero y lo más importante en imponerse como un hecho es que una cosa es que el Covid-19 haya afectado globalmente a toda la humanidad, y otra muy distinta que los efectos posteriores a corto y a mediano plazo sean siquiera similares de país a país.

En ese sentido, de los estudios más serios y actuales sobre el futuro del teletrabajo se pueden empezar a extraer dos aspectos que serán centrales para saber si funcionará no más allá de una obligación impuesta por las circunstancias: productividad y factibilidad. Y, casi a la misma altura en importancia, innovación.

El sitio del Foro Económico Mundial publicó a mediados de noviembre un artículo con estadísticas del estudio de Wharton School, de la Universidad de Pennsylvania. Este relevó a cerca de nueve mil jefes y empleados de firmas grandes en 15 países de Europa, con alrededor de 600 participantes por cada uno de esos mercados.

Casi el 85 por ciento de los encuestados dijeron que la productividad se mantuvo o incluso aumentó al trabajar con pantuflas y en jogginetta, aunque se percibió un estancamiento de la innovación en términos de procesos y prácticas laborales.

La parte negativa tiene su fundamentación –según ese estudio– en el hecho de que las empresas son reacias a innovar en tiempos de incertidumbre, y en lo difícil que es el trabajo colaborativo desde casa.

Las aplicaciones de videoconferencia y de mensajería instantánea no pueden reproducir perfectamente la dinámica de estar en el mismo espacio físico, de sacar ideas y de alimentarse de la energía de los compañeros de trabajo.

Sin embargo, incluso con estos dos puntos en contra (o tal vez por ellos), el 88 por ciento dijo que espera para el futuro una modalidad híbrida: días presenciales y días a distancia.

Lo que no deberíamos perder de vista es que las condiciones de conectividad y de herramientas tecnológicas disponibles en los países donde se llevó a cabo ese relevamiento están bastante por encima del promedio mundial.

Con esa hibridez como supuesto, la consultora McKinsey abordó un trabajo estadístico para el que analizó dos mil tareas de 800 ocupaciones en nueve países, tres de ellos de economías emergentes, como México, India y China, y halló diferencias sustanciales.

Mientras que en el Reino Unido y en otras economías avanzadas la mano de obra podría dedicar entre el 28 y el 46 por ciento de su tiempo laboral al home working sin perder productividad, en economías emergentes, con empleo orientado a ocupaciones que requieren actividades físicas y manuales en sectores como la agricultura y la industria manufacturera, el potencial de tiempo dedicado al trabajo a distancia baja de 12 a 26 por ciento.

“En la India, por ejemplo, la fuerza de trabajo podría pasar sólo el 12 por ciento del tiempo trabajando a distancia sin perder eficacia. Aunque la India es conocida mundialmente por sus industrias de alta tecnología y servicios financieros, la gran mayoría de su fuerza de trabajo de 464 millones de personas está empleada en ocupaciones como los servicios minoristas y la agricultura, que no pueden realizarse a distancia”, explican.

Un escenario parecido podría presentarse en México, Brasil o la Argentina. Por supuesto, en el caso de Argentina también deberíamos poner en la balanza cuestiones como la creciente dificultad para acceder a equipamiento tecnológico que permita desarrollar ese puñado de tareas a distancia y cuyo precio de referencia está en dólares.

Las diferencias de conectividad hoy existentes entre los grandes centros urbanos y el resto de las ciudades (no hablemos de localidades de menos de 10 mil habitantes) suman otra barrera fundamental.

Como sea, es de esperar que el mercado laboral local también refleje algo de esa hibridez que espera el mundo. Aunque en porcentajes menores, adaptados a una realidad que precedía a la situación pandémica.