23 febrero, 2024

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Calvino: el escritor italiano que nació en Cuba y tuvo un fuerte vínculo con Argentina

El intelectual construyó una obra que marcó a varias generaciones y estuvo profundamente comprometido con cuestiones políticas, sociales y culturales
Ilustracin Pablo Blasberg
Ilustración: Pablo Blasberg

Figura fundamental de la literatura, Italo Calvino construyó una obra que marcó a varias generaciones en la que se destacan títulos como «Las ciudades invisibles» y «Los amores difíciles» con una mirada original y comprometida que, al cumplirse 100 años de su nacimiento, logra seguir reeditándose en Italia, donde está concentrada su producción como escritor y editor, pero también en otras partes del mundo.

Italo Calvino nació en Santiago de Las Vegas, una localidad cercana a La Habana, Cuba, el 15 de octubre de 1923, debido a circunstancias familiares. Su padre, Mario Calvino, un agrónomo y botánico italiano, se encontraba en Cuba trabajando en la agricultura tropical. A pesar de su origen italiano, Calvino vivió sus primeros años en Cuba antes de que su familia regresara a Italia en 1929, cuando él tenía aproximadamente seis años.

Es relevante destacar que, a pesar de su lugar de nacimiento en Cuba, Calvino es ampliamente reconocido como un autor italiano, ya que pasó la mayor parte de su vida en Italia y realizó una contribución significativa a la literatura italiana y mundial. Su obra se desarrolló principalmente en ese país europeo, donde se convirtió en una figura literaria destacada y ejerció una influencia significativa en la literatura contemporánea.

El nacimiento de Calvino en Cuba es tan casual como el nacimiento de Julio Cortázar en Bruselas, el de Alfonsina Storni en Suiza o como el de tantos otros escritores reconocidos. Entre estos, cabe mencionar al francés Conde de Lautréamont, nacido en Montevideo, Uruguay, o la escritora estadounidense Anaïs Nin, quien vio la luz en Francia de padres cubanos-españoles.

Estas conexiones literarias trascienden las fronteras geográficas. Un vínculo notorio de Calvino con Argentina es su matrimonio con Esther Judith Singer, cariñosamente apodada «Chichita».

Calvino y la Argentina

Sin embargo, su relación con Argentina no se limitó al ámbito sentimental. Su amistad y colaboración con Julio Cortázar se basó en el respeto mutuo por sus obras y una profunda afinidad personal. A través de conversaciones, intercambio de opiniones y apoyo en la promoción de sus escritos, Cortázar y Calvino tejieron un lazo literario que no solo influyó en sus propias carreras, sino que también dejó un legado duradero en la promoción de la literatura latinoamericana en Europa.

En 1984, Calvino visitó Argentina durante la Feria del Libro, que fue la primera después del retorno de la democracia en Argentina, y su presencia en ese contexto demostró su apoyo a un régimen democrático en el país, a pesar de sus reticencias previas.

Su participación en la Feria del Libro de 1984 dejó una huella imborrable en el público argentino. Durante una conferencia magistral titulada «El libro, los libros» Calvino exploró la relación entre la escritura y el tiempo, subrayando la importancia del humor como herramienta en la lucha contra las dictaduras. Sus palabras resaltaron la importancia de la literatura como un medio para expresar ideas, resistir la opresión y fomentar la libertad de pensamiento.

Calvino no solo brindó su apoyo a la democracia en Argentina, sino que también reconoció al genio literario de la nación. Su admiración y respeto por Jorge Luis Borges, uno de los más grandes exponentes de la literatura argentina, fueron notables. En particular, destacó la obra «El jardín de los senderos que se bifurcan» como un cuento de espionaje que encerraba un microcuento chino y una meditación filosófica sobre el tiempo.

Pero el legado de Calvino no se limita solo a su apoyo y admiración por la literatura argentina. Desempeñó un papel fundamental como editor en la difusión de la literatura latinoamericana, anticipando el famoso «boom latinoamericano».

Promovió las obras de autores icónicos como Borges, Cortázar y Juan Rulfo, contribuyendo significativamente a la influencia de la literatura latinoamericana en el ámbito internacional, lo que refleja la importancia de los lazos literarios que trascienden las fronteras nacionales.

Foto archivo
Foto: archivo.

Su marca en la literatura

Calvino fue un intelectual profundamente comprometido con cuestiones políticas, sociales y culturales, destacándose como uno de los narradores más influyentes de la Italia del segundo Novecento. A lo largo de su carrera, exploró y desafió una amplia variedad de tendencias literarias contemporáneas, desde el neorrealismo hasta el postmodernismo. Mantuvo una distancia crítica de estas tendencias, forjando un camino literario único y coherente.

El trabajo de Calvino se caracterizó por una combinación de variedad y coherencia. Durante las cuatro décadas que abarcó su carrera, desde 1945 hasta 1985, su obra reflejó las cambiantes corrientes poéticas y culturales, pero también reveló una unidad fundamental. Esta unidad se basaba en un enfoque racional más que ideológico, un amor por la ironía, un interés en la ciencia y una profunda curiosidad por la exploración del mundo que lo rodeaba. Su escritura se destacaba por su claridad y, a veces, por su tono clásico.

El legado literario de Calvino se refleja en una prolífica producción que abarca una amplia gama de campos de interés. Obras maestras como la trilogía «Nuestros antepasados,» «Ciudades invisibles,» «Las cosmicómicas,» y «Si una noche de invierno un viajero» son ejemplos de su influencia duradera en la literatura contemporánea. Durante su vida, escribió aproximadamente doscientos relatos cortos, demostrando su capacidad para cautivar a los lectores en formatos tanto largos como breves.

Además de sus contribuciones a la literatura, Calvino fue un miembro destacado del movimiento cultural y musical italiano «Cantacronache,» que surgió en la década de 1960 como una forma de protesta y expresión artística. El narrador también fue autor de letras de canciones. Algunas de sus composiciones, como «Dove vola l’avvoltoio?» y «Oltre il ponte,» continúan siendo apreciadas y reinterpretadas por numerosos artistas.

Los cien años del nacimiento del escritor nos llevan de regreso a sus padres. Mario era un agrónomo nacido en Sanremo que había emigrado a América Latina, primero a México y luego a Cuba. Su madre, Eva Mameli, originaria de Sassari, Italia, se destacó como botánica, convirtiéndose en la primera mujer en Italia en ocupar una cátedra de botánica general.

En 1925, cuando Italo Calvino tenía dos años, la familia decidió regresar a Italia. Aunque el regreso ya estaba planeado, se retrasó debido a la llegada de Italo. Se establecieron en Sanremo, donde su padre asumió la responsabilidad de la Stazione Sperimentale di Floricoltura «Orazio Raimondo». En este período, la villa familiar «La Meridiana» también se utilizó para llevar a cabo estudios experimentales sobre cultivos de flores.

Calvino no conservaba recuerdos de su estancia en Cuba durante su infancia, como lo mencionó en una nota autobiográfica de un libro de autores italianos compilada por Elio Filippo Accrocca. «Sobre mi nacimiento en el extranjero, conservo solo un complicado dato de registro (que en las breves notas bio-bibliográficas reemplazo con el más ‘verdadero’: nacido en Sanremo), un cierto bagaje de recuerdos familiares y el nombre de pila que mi madre, previendo que me criaría en tierra extranjera, quiso darme para que no olvidara la patria de mis antepasados, y que en su lugar sonaba beligerantemente nacionalista en mi patria», escribía en esa nota.

También agrega un dato que marcó su literatura: «Crecí en una pequeña ciudad que era bastante diferente del resto de Italia cuando era niño: San Remo, en ese entonces aún habitada por ancianos ingleses, grandes duques rusos, gente excéntrica y cosmopolita. Y mi familia era bastante inusual tanto para San Remo como para Italia en ese momento: científicos, amantes de la naturaleza, librepensadores».

La literatura de ese niño llamado Ítalo, nacido en Cuba en 1923, nos brindó la fortuna de contar con un escritor excepcional, capaz de hacer que los desafíos y acontecimientos devastadores ocurridos en estos cien años, fuera del asombroso mundo de la literatura, resultaran más llevaderos para los lectores. Su obra contribuyó a iluminar el camino a través de tiempos difíciles y a ofrecer consuelo a quienes buscaban refugio en sus palabras.

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