30 mayo, 2024

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Camila Sosa Villada, de la furia travesti al cuestionamiento de la familia y la fama

La escritora y dramaturga cordobesa reedita “Tesis sobre una domesticación”, una novela protagonizada por una actriz consagrada que bucea en los matices y contradicciones de la vida en familia, los avatares de la fama y la maternidad.
Camila Sosa Villada y un cuestionamiento de la maternidad Foto Florencia Downes
Camila Sosa Villada y un cuestionamiento de la maternidad. /Foto: Florencia Downes.

Tras los éxitos de “Las malas” y “Soy una tonta por quererte”, la escritora y dramaturga cordobesa Camila Sosa Villada reedita “Tesis sobre una domesticación”, una novela protagonizada por una actriz exitosa y consagrada que bucea en los matices y contradicciones de la vida en pareja, los avatares de la fama y la maternidad: «Reniego de la idea de familia porque es un lugar muy peligroso para las mujeres y para los niños, no hay más que leer estadísticas», dice.

Sosa Villada abre la puerta de la habitación del hotel en el que se hospeda en Buenos Aires y una oleada de perfume caro sacude el pasillo. Como si fuera una sommelier profesional, agita la copa de vino blanco que tiene en la mano y ofrece otra para que el trago sea compartido. Está montada en un vestido negro, ceñido y espléndido, y tiene puestas unas medias con una trama sutil. Camina descalza.

Podría ser tranquilamente una estrella de Hollywood, su figura y su inteligencia son simplemente magnéticas. Su tono de voz es estridente. La vida en hotel le sienta bien, se mueve como pez en el agua, aunque siempre quiere volver a su casa cuando viaja por trabajo. “No me importa mucho si mi casa es en Córdoba o en cualquier otra ciudad: lo que me gusta es volver a mi casa, a mi cama», se franquea.

La escritora, actriz y poeta nació en La Falda, Córdoba, y estudió Comunicación Social y Teatro. Con la novela “Las malas” se consagró como una de las autoras argentinas más sólidas y transgresoras de la escena literaria, historia con la que ganó los premios Sor Juana de la Feria de Guadalajara y Finestres de Narrativa. «Tesis sobre una domesticación» (Tusquets), la novela que presentó esta semana en distintas oportunidades y presentará este domingo en el CCK en el marco del Filba, es la reescritura de una obra que publicó en 2019.

Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.

Es un texto que Sosa Villada escribió en seis meses, luego de haber publicado «Las malas». Suena como un libro que salió y quedó, en un proceso tan breve como exitoso. Pero la autora habla de la transformación que vivió como escritora en los años posteriores: tomó cursos, leyó nuevos escritores y escritoras, apareció en su vida Joan Didion como una suerte de faro literario. Corrigió. Se impregnó de la experiencia que le dio filmar la película basada en el texto, con dirección de Javier Van de Couter y producción de los conocidos actores mexicanos Gael García Bernal y Diego Luna. De ese set de filmación se llevó algunas herramientas, como por ejemplo, la decisión de sacar escenas que sobraban.

Toda esta experiencia llevó a la actriz y escritora lo más arriba posible. Hizo que ascendiera en su carrera, económicamente, afectivamente. La catapultó al estrellato. Y algo de todo ese magnetismo que Sosa Villada despliega en la vida real, se lo inyecta en las venas al personaje protagónico de “Tesis sobre una domesticación”, en donde aparece como una mujer aparentemente domesticada pero insiste, una y otra vez, en pequeñas fugas y recovecos para escabullirse de la chatura de la vida en un matrimonio que la opaca y una familia que le quita el oxígeno.

– Télam: En esta novela hay una travesti que triunfa, ¿hubo una intención de contar una historia muy diferente a “Las malas”, en donde las travestis están sumidas en la miseria?

– Camila Sosa Villada: Puede que haya en “Tesis…” una contestación a esa miseria, a esa pobreza. En ese momento le estaba contestando un poco a «Las malas», sobre todo por esto recurrente de que era un libro “autobiográfico”, definiciones que vinieron desde afuera. Después la reescritura no, ese proceso tuvo mucho más que ver con la gramática, con haber hecho cursos y haber tomado clases. Reescribí “Tesis” pero lo haría con cualquier otro libro, me parece que ningún libro está terminado, ningún libro conoce su final, ningún libro se cierra para siempre. Esos son solamente tiempos editoriales, que exigen la industria. Pero un libro nunca es una obra acabada, para nada. Y eso me lo dio el teatro, en donde de repente podés decir «no, esto no está bien» y sacarlo de la obra, incluso durante las funciones. Al libro le pasa lo mismo, como le podría pasar a una película.

Sosa Villada habla del rodaje de la película y se ofusca. Cambia el gesto. Un poco se enoja. Habla de maltrato hacia las actrices por parte del director y de los productores, de las 12 horas por día filmando como “una tortura”. “Me fui a la guerra, entendí las cosas que le pueden pasar a una actriz en un rodaje y por qué ella, la protagonista de ‘Tesis…’, también podía estar agotada.”

Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.

-T: ¿Qué creés que le da cada género, la literatura, el cine o el teatro, a una obra? ¿Cómo pensás que tus escritos se mueven en cada uno de ellos?

– CSV: El formato cambia, las obras entran en distintos géneros, pero siempre el soporte es el lenguaje. Siempre el soporte es la poesía, es la musicalidad. A mí me da lo mismo si es teatro, cine o un libro: lo importante es la rítmica que tiene lo que se está diciendo. De todas maneras hay algo de la actriz que fui y de esa profesora de teatro que fui que tiene que ver con la construcción de personajes, y cómo se cuenta el fragmento de una vida. En “Tesis…” se insinúa alguna cosa con el vínculo que tiene ella con la madre, o el intento de violación que sufre de joven, pero por lo general nunca tenés la posibilidad de justificar la crueldad o la existencia de un personaje. Y eso me lo dio el teatro. Respecto a la música, por ejemplo, siempre he trabajado en dúos, con un guitarrista o un pianista, y yo: dos personas bajo la luz, una puesta más pequeña e íntima, en donde cada uno trabaja para engrandecer al otro. En la elección del repertorio, del ritmo y de la velocidad, ahí sí puede haber una relación con la literatura y con el teatro también.

– T: En “Tesis…” aparece la actriz dentro de un modelo de familia tradicional, con un novio y un hijo adoptado. En “Las malas”, la familia es un poco la red de travestis. ¿Cómo pensás los modelos familiares y de vínculos en tus obras?

– CSV: “Las malas” nunca las pensé como una familia. Yo siempre hablé de alianzas, reniego un poco de la idea de «familia». En todo caso la que hace familia es el personaje de Encarna, pero las otras travestis están ahí, orbitando alrededor de su deseo y de sus ganas. Reniego de la idea de familia porque es un lugar muy peligroso para las mujeres y para los niños, no hay más que leer estadísticas. En América Latina el 70% de las violaciones que se cometen a niños o niñas ocurren en las familias. Luego, en “Tesis…” en cambio, hay una familia concreta. Pero se pone en evidencia que las familias opacan. A ella un poco la oscurecen ese marido y ese hijo, de hecho en varios momentos la habla de su vida previa a la familia como «un festival de cine en Venecia», épocas elegantes. Cuando forman la familia todo eso se viene abajo. Ella siempre dice que no era necesario, que quería otra cosa. Una de las escenas que más me gusta es la que sucede con el director, porque parecía que iba a ser un escape para ella, y al final ninguno de los dos se anima. Hasta el último momento ella va abriendo puertas a ver si alguna le permite salir.

En un ambiente pegado a donde sucede la entrevista, la fotógrafa prepara los equipos para retratar a Sosa Villada. Sus gafas negras, grandes, de sol, son su de sello estilo: es difícil lograr que se las saque. “¡Unas auténticas Carolina Herrera!” dice entre risas, como para explicar por qué se las va a dejar.

Viene de grabar una nota en un reconocido streaming, alguien le pregunta si Pedro Rosemblat -conocido por su personaje de «El cadete»- está bueno. Ella niega con un gesto. Y agrega entre risas: “El que está bueno, bueno, es (Marcos) Aramburu. A mí me gustan más gorditos”. La charla es así: tiene derivas, altibajos, momentos graciosos y otros de una enorme profundidad. Tiene todas las tonalidades que tiene ella.

Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.

– T: En un momento de la historia el novio engaña a la actriz con una travesti joven y salteña. Ella, para vengarse, lleva a la casa a un grupo de varias travas “viejas”, amigas, que hablan mal de la generación nueva. ¿Por qué?

– CSV: Esto de las «chicas trans» es un debate generacional. Lo siento yo y lo he hablado con mis amigas más grandes. Nosotras sabemos lo que son las oportunidades, lo que significa tener un privilegio, sobre qué se cimientan esos privilegios. Nosotras todavía estamos vivas, estamos acá, y ya se está debatiendo sobre los derechos no binarios. Y las travas seguimos viendo todo eso sin recibir lo que nos corresponde, que es guita. La actriz manifiesta esa incomodidad, que también es mía, de decir «vino esta…», porque ni ella ni sus amigas son como la salteña. Y encima ellas se atreven a corregirnos, a decirnos como tenemos que hablar, a decirnos cómo tenemos que funcionar socialmente. Es fuerte eso, a mí me resulta bastante chocante. Me enoja porque en la Argentina hay pocas comunidades que pueden hablar de la crueldad con la que se vive, del sufrimiento que significa vivir en un país como este siendo diferente. Y cuando nosotras empezamos a hablar, al momento ya se nos tapó con otra cosa. Y ella, más allá de sus celos, se venga de todo eso. Y eso la pinta por entero.

– T: ¿Esta es la historia de una actriz? ¿Es una historia sobre los vínculos, los lazos afectivos? ¿Es todo eso junto?

– CSV: Esta novela es la historia de la actriz, pero nunca está sola, siempre está en relación con otros. Con la asistente, con el público, con el novio, con la madre, con el hijo. Yo hubiera querido hablar sólo sobre la actriz, pero se ve que no se puede, que nunca sólo somos nosotros. Y si hay algo autobiográfico, que se parece más a mí, a como miro yo el mundo y cómo lo prejuzgo, es esta mina. Esa Camila en el parque mirando a las travas con admiración no existe más. La que está es esta Camila, más terrible, más mala. Soy más parecida a ella de lo que la gente piensa.

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