18 agosto, 2022

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Cuando la muerte no es un punto final: el amplio universo las obras póstumas

¿Qué sucede cuando la muerte trunca el proceso de escritura de una obra que un autor quería publicar? ¿Cuándo la publicación post mortem de textos residuales, inconclusos o en proceso puede volverse una instancia problemática?
Almudena Grandes autora de Todo va a mejorar Foto La Penna Tito
Almudena Grandes autora de «Todo va a mejorar» / Foto La Penna Tito

Las obras póstumas constituyen una manera de acceder a nuevos materiales de autores cuya producción literaria ha quedado suspendida por la muerte: en algunos casos, como el lanzamiento reciente de «Tiempo de dragones» de Liliana Bodoc o la inminente «Todo va a mejorar» -la novela de la española Almudena Grandes que llegará a las librerías en noviembre-, la operación de dar a conocer estos materiales no es motivo de controversia, aunque en otros la decisión de publicar textos inéditos -algunos incluso reescritos parcialmente- no está exenta de polémica y genera tensiones que impactan en herederos, editores y lectores.

¿Qué sucede cuando la muerte trunca el proceso de escritura de una obra que un autor tenía intenciones de publicar? ¿Cuándo la publicación post-morten de textos residuales, inconclusos o en proceso de edición puede volverse una instancia problemática?
En ocasiones, las publicaciones póstumas generan tensiones que a veces derivan en polémica: las voces críticas sostienen que exhumar textos que un escritor dejó inconclusos o que acaso decidió no publicar en vida son una forma de «matar al autor». Lo mismo ocurre cuando los herederos otorgan permiso para que un personaje o una saga sean prolongadas en nuevos textos por otro narrador: así ocurrió por ejemplo con el detective Pepe Carvalho, la célebre creación del español Manuel Vázquez Montalbán que fue continuada por su compatriota Carlos Zanón. O con «Millennium», la trilogía del sueco Stieg Larsson que tuvo otros tres episodios más escritos por David Lagercrantz .

Algunas publicaciones generan ruido porque suponen la continuación de un manuscrito que la muerte interrumpió de forma imprevista. Tal es el caso de la continuación de la trilogía “Tiempo de dragones” de Liliana Bodoc escrita por sus hijos, Galileo y Romina tras la muerte de la escritora. Un caso similar es el de Christopher Tolkien, nombrado albacea por su padre J.R.R. Tolkien, que instala el interrogante acerca de en qué medida la cercanía familiar con los autores originales logra diluir las tensiones que surgen por continuar el legado familiar.

En la agenda de lanzamientos, estas obras póstumas o retomadas se distribuyen a veces con sobriedad y otras con bombos y platillos. Y en casi todos los casos, se trata de satisfacer una demanda: calmar la sensación de orfandad de los lectores ante la desaparición de un escritor que les ha provocado fascinación. «Me ha tocado publicar obras póstumas, como la que se va a editar ahora de Almudena Grandes. En general se trata de un autor con el catálogo que uno ya viene trabajando y en muchísimos casos, el libro está prácticamente terminado. Cuando eso no ocurre, podría haber algunos cuestionamientos -señala Paola Lucantis, editora de Tusquets-. Sin embargo, creo que a veces hay más cuestionamientos sobre los derechos que sobre la decisión editorial de continuar con la obra de un autor que falleció», agrega.

Escritor David Lagercratz autor de la saga de libros Millennium Foto Prensa
Escritor David Lagercratz, autor de la saga de libros «Millennium» / Foto Prensa

El sello al que pertenece la editora publicará en noviembre «Todo va a mejorar», obra póstuma de Grandes, fallecida a fines del año pasado. La escritora había dejado listo el manuscrito de esta novela de anticipación política situada en España, en un período en el que denunciar las mentiras y abusos de los poderosos puede costarle la vida a los personajes.

Los libros póstumos de Aurora Venturini

Lucantis trabajó con los escritos de la autora de «Las amigas» junto a Liliana Viola, la albacea de Venturini. «No hicimos más que ajustes, correcciones de erratas, no tocamos nada de contenido -cuenta la editora a Télam-. Un libro que alguien podría decir que no estaba del todo terminado era un riesgo pero en este caso, ajustamos lo mínimo e indispensable para que se pudiera publicar».
«También aparecen tensiones después de que un autor fallece y aparecen obras inéditas que los herederos deciden publicar. ¿Cuál sería el problema ahí? ¿Que no hay un trabajo entre el autor y el editor? Sin embargo, hay un heredero o un albacea y en general esas obras no se tocan demasiado», plantea Lucantis.

Para la editora, los lectores suelen recibir bien los libros que se lanzan luego de la muerte de sus autores. «Son parte de la obra de un autor que vienen siguiendo -expresa-. Los escritores tienen como 85 libros guardados en sus cajones que decidieron no mostrar, que no convencieron al editor, o que en determinado momento del mercado literario no tuvieron aceptación y no se publicaron. Pero eso muchas veces cambia con el tiempo, entonces si hay un heredero de los derechos, se le puede encontrar una salida. Ahí la publicación es súper lícita y viable», señala.

«Las tensiones en general aparecen cuando los herederos son muchos, cuando no se ponen de acuerdo, o cuando no concuerdan en quién tiene que aprobar la parte del trabajo editorial. Tienen que ver más con quién administra los derechos de esas obras que con una cuestión de los editores o los lectores», explica Lucantis.

Personajes que trascienden: el caso de la saga «Millennium»

La trilogía que integra el thriller «Millennium» creada por el escritor sueco, Stieg Larsson y la serie del detective Pepe Carvalho», del español Manuel Vazquéz Montalbán tienen en común ser fenómenos literarios cuyos personajes trascendieron la muerte de sus creadores: en el caso de Larsson fue David Lagercrantz quien perpetuó la vida de los protagonistas de la saga y el escritor Carlos Zanón aceptó proseguir la historia del investigador privado que retrató la cambiante sociedad española de la última mitad del siglo XX.

El periodista de investigación y escritor murió de un ataque cardíaco en 2004 después de haber entregado los tres primeros manuscritos. Por lo tanto, nunca supo que la serie vendió más de 100 millones de ejemplares en medio centenar de países. Sus herederos eligieron para continuar la saga al escritor y periodista David Lagercrantz, quien se animó a enfrentar la controversia de ser quien tomara el relevo.

La decisión estuvo avalada por el hermano y el padre de Larsson pero Eva Gabrielsson, la compañera del autor, se oponía a ceder el legado. Sin embargo, al no haber estado casados, su decisión no incidió en el proceso de publicación. Finalmente, Lagercrantz debutó en el universo de Larsson con «Lo que no te mata te hace más fuerte» en 2015, al que siguieron»El hombre que perseguía su sombra» en 2017 y «La chica que vivió dos veces» en 2019.

«Hay personajes que se merecen seguir viviendo aunque ya no esté el autor. Es el caso de Salander, la protagonista de Millennium -sostuvo Lagercrantz en diálogo con Télam vía Zoom-. Hoy en día es más aceptable esto de tomar un personaje que ya existía y agregarle algo. Se me ocurre, por ejemplo, en el caso de los superhéroes. Alguien nuevo viene, toma ese superhéroe, le agrega algo y lo desarrolla».

Cuando se lanzó «Lo que no te mata te hace más fuerte», Lagercrantz estaba sorprendido. «Sucedió como una especie de pánico moral y no estuve seguro si iba a poder sobrevivir porque mi nombre empezó a aparecer en todos lados -recuerda el escritor sueco de thriller-. La gente estaba muy enojada. «Empecé a sentir que tenía sed de sangre, me querían matar«, ironiza Lagercrantz y agrega: «Fue recién después de un mes de lanzado el libro cuando me di cuenta de que en realidad iba a lograr sobrevivir».

«Es interesante que se generen debates en la literatura, sobre sus límites, sobre lo que se puede hacer y lo que no. Yo considero un privilegio haber escrito libros que generaron tanto debate. Creo que es muy bueno siempre hablar sobre literatura», indica el autor.

Con la muerte del escritor Vázquez Montalbán en 2003 y tras la salida del capítulo póstumo de la serie, no solo quedó huérfano uno de los personajes más célebres de la novela negra sino también uno de sus lectores más devotos, Carlos Zanón. Nacido en Barcelona en 1966  fue elegido para escribir «Carvalho. Problemas de identidad», novela publicada por la editorial Planeta que retoma al legendario detective. «Me gustaba la idea de escribir un personaje y que el personaje estuviera hablando del anterior autor. También fue la manera de no escribir `como´ Vázquez Montalbán», dijo en una entrevista.

Los hijos que recuperaron el legado materno

¿Qué sucede cuando los sucesores de las obras póstumas son los hijos de los escritores o existe una cercanía familiar? ¿Se diluyen las tensiones por la familiaridad con la obra o despiertan nuevas problemáticas? Dos casos que provienen del género de la fantasía y dialogan entre sí son el de la escritora argentina Liliana Bodoc, reconocida por el éxito literario «La saga de los confines» y el de J.R.R Tolkien, autor de «El señor de los anillos», cuyos hijos emprendieron la tarea de continuar el legado materno y paterno, respectivamente.

Cuando el autor de «El señor de los anillos» falleció en 1973 dejó una vasta obra en manos de su hijo, Christopher Tolkien, quien ha guardado y catalogado diferentes documentos de su padre, en muchos casos retomando y prolongando algunos de esos textos.

En  2017, el hijo de Tolkien publicó «Beren y Luthien», el segundo de lo que su padre consideró los «tres grandes cuentos» de los orígenes de la Tierra Media. En el prólogo, el heredero confesó que aquel era el último trabajo que editaría, y posiblemente el último trabajo oficial sobre la obra de su padre. Sin embargo, a principios del 2018, los lectores y lectoras de la obra de su padre, se sorprendieron al ver publicado el libro «La caída de Gondolin».

Actualmente, Tolkien hijo lleva editados veinticuatro libros con los escritos de Tolkien. Entre ellos se incluye «El Silmarillion», una novela breve sobre Elfos, una serie de doce volúmenes de la Tierra Media y libros de escritos académicos. Aunque los textos se agoten, es posible que sigan apareciendo adaptaciones que retomen la obra de Tolkien, ya que su hijo vendió los derechos televisivos de la obra a Amazon.

Liliana Bodoc, escritora argentina de épica fantástica, falleció repentinamente en 2018 mientras concluía la trilogía «Tiempo de dragones», una saga sobre humanos y dragones, ubicado en un tiempo y un espacio fantásticos que escapan a las lógicas de lo lineal. Fueron sus hijos, Romina y Galileo Bodoc quienes se embarcaron en el desafío de abordar el manuscrito inconcluso.

«Apenas fuimos capaces de enfrentarnos a qué hacíamos con el inmenso legado que teníamos significó, sin dudas, un enorme vacío que no era solamente emocional sino también que la interrupción del relato era una frontera inquebrantable, un punto final después del cual solamente había una historia que ya no iba a poder ser contada. Un lugar que quedaba mudo», explica Romina Bodoc a Télam, sobre los primeros acercamientos que tuvieron con «Tiempo de dragones III», que publicó recientemente la editorial Penguin Random House.

Escritora Liliana Bodoc autora de Tiempos de dragones Foto Prensa
Escritora Liliana Bodoc, autora de «Tiempos de dragones» / Foto Prensa

Este proyecto inconcluso, además, traía consigo la «profunda necesidad» de «compartir ese tesoro» que los hermanos Bodoc tenían entre manos, según confiesa Romina. La primera idea que surgió frente a la obra fue redactar un epílogo, donde los hijos iban a conjeturar «posibles líneas de desarrollo de la trama y algunas reflexiones», recuerda Romina.

Sin embargo, «después de ese vacío, vino la revelación», dice la hija de la escritora y precisa que junto a su hermano utiliza el término «revelación» porque tuvieron que sortear una serie de prejuicios que se encontraban profundamente anclados en sus inconscientes.

«Teníamos arraigada la idea de que continuar una obra era asesinar al autor, una idea que tiene que ver con la concepción de la escritura como un ejercicio netamente individual, de la unidad indisociable de un autor y su obra, entonces tuvimos que lograr romper un poco con estos discursos que nos hablan adentro y en cambio, retomar la voz de lo que siempre había predicado Liliana sobre la posibilidad de que el lenguaje sea multívoco y que la colaboración para las obras pueda ser múltiple«, cuenta Romina.

Por su parte, para Galileo Bodoc, «la propiedad de la autoría es occidental, moderna y capitalista. Liliana creía en otro mundo posible y de alguna manera, hoy podemos entender que es casi haber cumplido el sueño que ella siempre tuvo».

«Nos gusta decir que irrumpimos con un acto de insensatez, un ´mini atentado´ a todos estos debates y discursos en torno a lo que implica continuar una obra porque realmente pasamos de creer que era imposible o ilegítimo continuarla a entender que concluirla era nuestra verdadera tarea», apunta la hija de la autora de obras como «El mapa imposible» y «El espejo africano».

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