18 julio, 2024

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Desde un ataúd hasta papel higiénico: por qué Kiss son los campeones del merchandising

Pioneros en el manejo de su imagen, el logo de la banda estadounidense se ha impreso sobre artículos de todo tipo, de los más exclusivos hasta los más bizarros

Por  Fernando Fratantoni,

Este artículo fue publicado originalmente en el bookazine dedicado a Kiss de Rolling Stone Argentina

Kiss, se sabe, fue pionera de la industria musical en el manejo de su imagen y la producción de merchandising. “Todos nuestros discos venían con un catálogo y un sobre con su correspondiente estampilla, para que los fans no pagaran, con cosas cool de la banda para pedir por correo, ¡algo que ninguna banda había hecho hasta ese momento!”, cuenta Gene Simmons en su libro Sex Money Kiss, de 2003. “Ese negocio fue tan exitoso que tuvimos que abrir enormes depósitos en California solo para armar paquetes y entregar pedidos que llegaban por miles, día y noche. Los fans eran insaciables. Querían TODO. Teníamos comics, hebillas de cinturón y muñecos. Kiss fue la número uno en licencias, merchandising, venta de discos y conciertos. La banda se convirtió en un sinónimo de Estados Unidos”.

Gentileza: Daniel Flores

Simmons, se ha contado tantas veces, tenía visión de negocios. Y casi nada lo detuvo a la hora de imprimir el logo en todos lados. Quizás el producto más sorprendente salido de su imaginación sea el ataúd kissero lanzado en 2001. La presentación fue un acontecimiento marketinero en sí, mientras Gene salía en notas declarando cosas como “amo vivir, pero este producto hace que la alternativa se vea bastante bien”. Costaba en el momento unos 3.300 dólares y, lamentablemente, uno de sus usuarios fue Dimebag Darrell, el guitarrista de Pantera asesinado en el escenario, durante un concierto en 2004. Gene donó el féretro.

Buscar merchandising de Kiss en plataformas de venta online como MercadoLibre o eBay es adentrarse en un universo con miles de opciones. La banda le vendió la licencia a quien estuviera dispuesto a pagarla. “Kiss rompió récords antes en manos de Elvis o los Beatles. Hemos licenciado literalmente miles de productos con nuestras caras alrededor del planeta. Desde una Hello Kitty kissera hasta una cancha de golf bajo techo en Las Vegas, un lugar donde todo se ilumina con una luz negra”, amplía Simmons en otro de sus libros, Yo, S.A. Construye un ejército de uno. Libera a tu dios interior del rock. Triunfa en la vida y los negocios. “El golf está junto al hotel Hard Rock. Te podés casar ahí también, en la capilla Hotter Than Hell (como el disco del 1974). Un día, un grupo de nudistas alquiló la cancha. Así que también tuvimos hasta golf kissero y nudismo. Todo puede suceder”.

Desodorantes corporales, Mini Coopers, una lengua inflable erótica, profilácticos, el clásico Pinball Bally de los setenta (que se puede comprar en eBay por unos 10.000 dólares), muñecos cara de papa, M&M, vinos, cervezas. Todo puede ser vendido con la marca Kiss.

El programa de tele El precio de la historia mostró varios casos de coleccionistas y los exorbitantes precios que se pagan por ítems que pertenecieron a los enmascarados. En cierto episodio, un cliente llega al famoso local de Las Vegas con una guitarra que, dice, perteneció a Paul Stanley y fue destrozada en escena. Finalmente, un experto asesor interviene y le pone un número a la Gibson Marauder 1970: 8.000 dólares, que según Corey, a cargo de la operación, es un precio muy alto para pagar por un instrumento roto. Aunque reconoce: “Cualquier cosa de Kiss se vende”.

La música, por supuesto, también es parte de esta particular industria. La Argentina tiene una relación muy especial con la banda en este aspecto. Los discos editados en el país escalan a un valor interesante, incluso a nivel internacional. Tapas cambiadas, versiones con canciones extra o discos dobles que salieron como simples. Los sellos discográficos y el “que salga como sea” argentino hicieron que algunos LP locales sean buscados por fans alrededor del mundo.

Javier Ciavatta, cordobés y kissero de alma, tiene una de las colecciones de Kiss más grandes y organizadas. Más de mil quinientos vinilos, casetes e incluso magazines (8 track, en Estados Unidos) inconseguibles, hechos en el país. Su tesoro también incluye más de dos mil quinientos objetos con el nombre de la banda. “¿Un museo kissero? Estoy en eso, pero solo para amigos. Tengo un terreno en el fondo de casa y estamos armando algo”, dice Javier.

Sobre las rarezas argentinas, Javier explica: “El caso de Hotter than Hell , de 1974, es un claro ejemplo de las malas traducciones. Salió en dos formatos. Uno con la tapa con una especie de subtítulo debajo del título Más caliente que el infierno, y otra reedición, en 1981, con una tapa completamente diferente a la original. Esas cosas que solo suceden en Argentina”. Los sellos locales no solo cambiaban portadas. “El ejemplo de esto es el Alive!, de 1976. Separaron un disco doble en dos simples y cambiaron la portada del disco dos. Usaron la foto de un sobre interno para armar otro arte”, continúa Javier. “En el caso de Rock and Roll Over armaron una reedición del disco en 1980 y le cambiaron toda la portada con una especie de mancha de sangre con los cuatro músicos”.

El coleccionismo, claro, tiene un costado comercial. Y el coleccionismo Kissero es de los más caros. Por la inventiva en la forma de editar, los discos argentinos de la banda entran dentro de los más buscados. El más caro, el Santo Grial de los cazadores de tesoros, es un simple argentino de la canción “Yo”, con y “El juramento” en el lado B, un sencillo de Music from the Elder , de 1981. “Es la figurita difícil”, cuenta Javier.

“Es un simple muy raro porque venía con tapa y no había tantos así. En el estado en que lo tengo, debe rondar los 1.500 dólares. Otra rareza es el compilado Lo mejor de Kiss , de 1978. El sello Microfon editaba lo que quería y de la forma en que quería. Un disco como ese se puede vender en la plataforma especializada Discogs arriba de los 600 dólares”.

A principios de los ochenta, salieron una figuritas kisseras en Argentina. No había álbum donde pegarlas, pero venían con un chicle. La serie completa constaba de 66 figuritas y 20 calcomanías, con frases hermosas al dorso de las imágenes para describir a cada músico. La de Paul Stanley decía: “Paul, capricorniano, el ilustre Cupido del rock and roll e hipnótico maestro del ritmo en guitarra. Se ve a sí mismo como atravesando los corazones de millones de personas como un titilante componente de la sensual imagen de KISS”. De colección.

Fuente Rolling Stone