9 diciembre, 2022

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El regreso de Perón

Debieron pasar 17 años de proscripción al justicialismo para que el 17 de noviembre de 1972 se produzca el anhelado retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina: el rol de la dictadura de Lanusse y sus negociaciones con el General, un viaje en avión único y el recibimiento de los militantes. Un repaso por un momento histórico para nuestro país.
Rucci el paraguas y el General Una postal de aquel histrico 17 de noviembre de 1972 Foto Archivo
Rucci, el paraguas y el General. Una postal de aquel histórico 17 de noviembre de 1972 / Foto: Archivo.

El 17 de noviembre de 1972 se produce el regreso al país, después de 18 años de proscripción, del General Juan Domingo Perón.

Los hombres del Ejército, después del fallido intento del “onganiato” y de la política siguiente, cuando llega Lanusse al poder prevalece la idea de tratar de llegar a un acuerdo con Perón. El acuerdo sería permitirle volver, pero no que se presidencialice ni que ocupe un lugar importante.

Entonces Lanusse cumplió la medida de acercamiento, le devuelve los restos de Evita -que habían sido secuestrados en 1955- y en segundo lugar fecha las elecciones para los primeros meses del año 1973. Se inicia así una especie de partida política, un juego de ajedrez a través del océano.

(CRÉDITOS: Producción general: Lorena Vazquez – Edición de sonido: Alejandro Sanz – Grabación: Sebastián Siddi – Locución: Fabiana García – Portada: Kevin Liendo)

Lanusse dice que podría ser que Perón renunciara hacia una posible candidatura presidencial y que él también renunciaría, a lo que Perón le manda a decir a través del periodismo que la renuncia de Lanusse no tiene sentido porque “Lanusse tiene tantas posibilidades de ser presidente de Argentina como ser reina de Inglaterra”, y que eso no es ninguna concesión sino que hay que ir a lo profundo y llamar a elecciones sin proscripciones.

En otra declaración, Lanusse le dice: “No se olvide que nosotros no tenemos las armas de adorno”, a lo que Perón le contesta a través de un periodista: “Sí, seguramente tienen la cabeza de adorno”. Y así se va dando esta lucha.

Perón había intentado volver al país en 1964, de acuerdo a un compromiso con el pueblo, y había embarcado en un avión que llegó hasta Brasil. Allí fue parado por influencia del Pentágono -y con cierta condescendencia también del gobierno argentino-, fue detenido y no pudo retornar a territorio argentino, por lo que luego se lo retornó a Europa.

En este caso, en 1972 Perón arma un chárter importante con cerca de 40 personalidades para que lo acompañen en su regreso al país: famosos del deporte, de la radio, del arte como Leonardo Favio, por ejemplo, políticos -allí esta Hernández Arregui-, es decir, un grupo de personalidades importantes que embarcan en Argentina y van en el avión hasta Italia. A la península llega Perón procedente de Madrid, y desde allí se embarca con destino a Buenos Aires el 17 de noviembre de 1972.

Marilina Ross fue una de las artistas que particip del vuelo desde Roma Foto Archivo
Marilina Ross fue una de las artistas que participó del vuelo desde Roma / Foto: Archivo.

En Buenos Aires, la presencia popular para recibirlo genera bastante complicaciones. Recuerdo que con un grupo de compañeros fuimos por autopista buscando el camino de Ezeiza. Un oficial del Ejército nos detuvo y nos atendió con mucha amabilidad, nos dijo “No muchachos, no se puede más de acá”. Como nosotros insistimos, empezó la represión con gases, y prácticamente tuvimos que volvernos. Al mismo tiempo, algunos muchachos, compañeros más audaces, cruzaron el río Reconquista y llegaron hasta el aeropuerto internacional.

La llegada a Ezeiza

Cuando el avión llega, es recibido por algunas personalidades del justicialismo y especialmente se ve allí a Rucci, el por entonces secretario general de la CGT, que hace un esfuerzo con su paraguas para tratar de cubrir de la lluvia al General, que era mucho más alto que él por supuesto.

Perón es conducido al interior del aeropuerto internacional de Ezeiza y se crea una situación de gran tensión y de gran preocupación por parte del pueblo, porque lo llevan al Hotel Internacional de Ezeiza y aparentemente no puede salir de las instalaciones.

Allí lo visitan algunos políticos, entre otros Frondizi, dándole una especie de aval político para que se lo deje, digamos, entrar en la ciudad. Durante todo ese día hay una situación de virtual detención, especialmente porque en determinado momento ponen una ametralladora delante del hotel como acosando al General que venía del exilio.

Finalmente prevalece entre los militares la idea de que es necesario dejarlo entrar a la ciudad, pero no en horas hábiles donde la gente esté en la calle porque si no en cada lugar donde pase se va a provocar una manifestación, un recibimiento. Sorpresivamente, a las 5 de la mañana más o menos, se lo traslada a Vicente López, en la provincia de Buenos Aires. Allí, el Partido Justicialista había comprado una casa en Gaspar Campos, que pasa a convertirse en la residencia de Perón.  

Cuando a la mañana siguiente nos enteramos por las radios y los diarios que Perón estaba en Vicente López, concurrimos, por supuesto. Fueron grandes manifestaciones y prácticamente se copó la zona por toda la calle Libertador, Figueroa Alcorta. La cantidad de compañeros era muy notable y el grito era: “La casa de gobierno cambió de dirección está en Vicente López por orden de Perón”.

Foto Archivo
Foto: Archivo.

Y el General sale durante el día al balcón del primer piso y saluda a sus fieles. A partir de allí, hace una tarea importante durante varios días para asegurar las elecciones que se van a realizar en marzo del 73, y al mismo tiempo para consolidar un gran frente nacional y decidir él quienes van a ser los candidatos.

Es un período breve donde también el pueblo se sorprende, porque Perón el 14 de diciembre se vuelve a ir hacia otras latitudes de América Latina. Tiene proyectos que hablar con Torrijos en Panamá, y con el presidente del Perú, que era un militar en ese momento popular. Entonces, el 14 de diciembre él embarca nuevamente, deja la Argentina y le deja a Juan Manuel Abal Medina, su secretario, y a Héctor Cámpora -que era su delegado personal- las directivas de lo que se va a hacer.

En ese momento hay una gran presión de la Iglesia Católica para ubicar como candidato a Antonio Cafiero, quien había sido ministro de Perón anteriormente. Los sectores de la UOM también coincidían con esta postulación. Y otras candidaturas eran, por ejemplo, sorprendentemente de derecha, como el nacionalista de derecha Anchorena que quería candidatearse como gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Un cierto malestar se crea cuando Perón se va y deja un sobre con instrucciones a Abal Medina, que este da a conocer a los compañeros. Lo que se establece allí es que la fórmula para las candidaturas presidenciales será Héctor J Cámpora – Vicente Solano Lima.

Cámpora había sido legislador, pero no venía con antecedentes muy combatientes, digamos, sino que se consideraba que su juventud había estado cerca del Partido Conservador y era un hombre muy moderado. Vicente Solano Lima era un hombre del conservadurismo popular. Es decir, al principio la juventud no recibe bien esta noticia, pero después entiende que de esta manera Perón consolida el gran frente nacional para ganar las elecciones.

Entonces Cámpora pasa imprevistamente a ser un hombre muy popular. La juventud dice: “Bueno, si el padre está proscrito o sigue proscripto y no puede presentarse, hay que apoyar al tío”. El “tío” Cámpora será una figura muy popular a partir de ese momento.

El viaje de Perón de regreso al país termina. El 14 de diciembre parte y termina retornando a Europa. Después vendrán las elecciones del 11 de marzo 73, con un triunfo rotundo del peronismo y la llegada al poder de la fórmula Cámpora – Solano Lima, que va a mantenerse durante 45 días en una especie de “primavera democrática” de gran presencia y protagonismo popular. Renuncian al 13 de julio de 1973, para facilitar la nueva elección del 23 de septiembre donde Perón va a obtener más de 60% de los votos y va a iniciar su tercera presidencia.

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