26 septiembre, 2022

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‘La curiosidad femenina ha sido castigada históricamente en la literatura’

Foto Pepe Mateos
Foto: Pepe Mateos

El libro «Hubo un jardín» funciona como una rueca en reversa con la que su autora, Valeria Correa Fiz, desovilla el hilo grueso de la curiosidad femenina para desplegar una cartografía intimista, muchas veces erótica y también aterradora, sobre la idea de que «el lenguaje es un cable directo a la memoria».

La publicación de Páginas de Espuma compendia siete cuentos pensados como un corpus, relatos que van construyendo un territorio común y de fronteras porosas por donde la autora trafica motivos y símbolos, y hace transitar veladamente a sus personajes.

La pregunta mortuoria que plantea Juanito en el matadero de «La Celestial», ¿puede estar respondiéndola Cleo cuatro cuentos más adelante? ¿Hasta dónde resuenan las fantasmales niñas del «Hotel Edén» con el cuerpito sacrificado en el cuento «Donde mueren las perras»?

La simulación puesta en escena por «Un amor imaginario», ¿es una escalada naive de la decisión que toma una adolescente a miles de kilómetros de ahí, en otro cuento, observando la desintegración amorosa de su madre?

Esas repeticiones y simetrías vienen de su «trabajo con la poesía», explica a Télam, Correa Fiz, abrazadas por personajes y tramas realistas que dialogan con la contemporaneidad de la autora, «pero sobre todo con la literatura -remarca-, con protagónicos femeninos castigados por su curiosidad en todos los tiempos: Caperucita o la bella durmiente de los cuentos de hadas, Eva en la Biblia, la mitológica Pandora.

Foto Pepe Mateos
Foto: Pepe Mateos

Hay mapas desplegados en estos cuentos, recorridos trazados con la eficacia de un plano urbano. Rosario, Córdoba, Madrid, Buenos Aires. Los recorridos de las protagonistas son los que rescata en su memoria Correa Fiz: rosarina, clase media nacida en 1971, nieta de un imprentero que ya jubilado le encuadernaba gratis a los vecinos las entregas por fascículos, «adoradora del río Paraná» que migró a Buenos Aires «sin querer», dice, recién recibida de abogada, y que empezó a publicar con 45 años, en España, después de haber dejado la abogacía, «también sin querer», se ríe, maternando mellizas y ordenando todo lo que había escrito durante años.

En 2016 publicó los cuentos de «La condición animal» y el poemario «El álbum oscuro», en 2017 «El invierno a deshoras», en 2020 «Museo de pérdidas», en 2021 «Así el deseo», y ahora estos cuentos donde narra la devastación de la inocencia.

«Hubo un jardín» es la historia de lo que se pierde. Cada uno de estos cuentos es el territorio que a los personajes abandona y que bien puede «devenir selva o desierto», dice Correa Fiz. También es la historia de lo que se gana, pero la referencia es la memoria, lo no dicho por la culpa y los narradores, que construyen hacia adelante, lo hacen mirando hacia atrás, «dando saltos donde aparece el trauma».

Entrevista

-Télam: ¿Cómo se tejieron estos cuentos?

-Valeria Correa Fiz: Son dos cosas las que influyeron en la escritura de este libro, una tiene que ver con que el lenguaje es un cable directo a mi memoria, la otra, con que lo escribí mientras estudiaba la representación de la curiosidad femenina en la literatura, muy específicamente la reescritura de cuentos de hadas clásicos recopilados del romanticismo por dos escritoras de lengua inglesa, la norteamericana Kelly Link y la británica Angela Carter. Ese cóctel de memoria más literatura da nacimiento a este libro.

-T: Los relatos, sin embargo, parecen dialogar con un entorno social que los excede, vinculado al presente.

-V.C:F: Para mí la literatura nace de la literatura, de eso que estás leyendo y que se hibrida, se mezcla con tu vida y da ficciones. Mientras estudiaba la representación de la curiosidad femenina en las tradiciones griega y judeo cristiana veía que el prototipo del héroe, del curioso, no es castigado. Los fracasos y éxitos de Ulises son capital simbólico, él no es castigado específicamente por sus fracasos en el camino del héroe y cuando regresa a su casa lo están esperando, su mujer, su hijo y hasta el perro…

«No creo en las categorías puras, los momentos buenos vienen mezclados, la belleza viene mezclada con lo siniestro y a veces para construir lo siniestro nos valemos de belleza». Valeria Correa Fiz

-T: La curiosidad de las heroínas suele derivar en otros desenlaces.

-V:C.F: Ya sean Eva o Pandora, fueron duramente castigadas por su curiosidad y no solamente ellas, las pusieron en la picota colectiva responsabilizándolas de males colectivos: una libera las plagas al mundo, la otra hace que nos nieguen el paraíso. Más cerca en el tiempo, Aurora, la princesa que al pincharse con el huso al que accede a escondidas pone a soñar a todo su reino. Es algo que se repite a lo largo de la historia y que se solidifica, digamos, en los cuentos de hadas que seguimos contando.

-T: “Hubo un jardín” reprograma esos cuentos.

-V.C:F: Necesitamos modelos para pensarnos, los modelos que pertenecen a otras épocas son válidos, no me gusta hacer una lectura anacrónica y decir esto lo voy a cancelar, lo importante es escribir un modelo que una identifica con su sentir actual, con el ‘zeitgeist’ que decían los alemanes, con el espíritu de los tiempos.

-T: El modo en que trabajás la culpa o responsabilidad de esas narradoras no es tan evidente.

-V.C:F: La culpa está en los cortes temporales del cuento. Cuando nos sentimos culpables o tenemos que reconocer una responsabilidad que no nos gusta merodeamos el núcleo de la historia, hacemos una especie de recorrido laberíntico hasta poder nombrar eso. Estos cuentos tienen una estructura temporal quebrada, fragmentada, porque juegan a emular la manera en que la memoria se construye y sobre todo como evoca los episodios a los que no queremos acercarnos tanto o que nos cuesta confesarnos.

Foto Pepe Mateos
Foto: Pepe Mateos

-T: Todas las narraciones son en primera persona ¿por qué?

-V.C.F: En esta época en que somos todos algoritmos quería destacar la singularidad de los personajes, fue una decisión política recurrir a la primera persona, pero un yo singular en comunidad, no es un yo individualista, son personajes comunes con historias cotidianas que importan, cuentan, y no pueden ser reducidas a un algoritmo. Cada uno de nosotros somos importantes, únicos e irrepetibles.

-T: Hay recorridos casi turísticos descritos en los cuentos, motivos, simbologías y seres que veladamente van reapareciendo.

-V.V:F: Son mapas reales y mentales de lugares donde viví que me gustaron. Tengo una relación muy física con los libros, pienso que un libro de cuentos es un cuerpo, un organismo vivo en el que igualmente podemos distinguir brazos de piernas. El lector puede advertir esto a conciencia, pero si no lo hace eso sigue ahí, en su subconsciente y eso da cohesión al libro, lo vuelve un corpus a pesar de que las historias transcurran en lugares y épocas distintas. Es un movimiento que yo vinculo mucho con la poesía y la música.

-T: Dijiste que eras mucho más lectora que escritora y esto parece una forma de leer de una generación criada bajo la tecnología del cassette, que no facilitaba saltear o repetir un tema.

-V.C.F: Es una forma de leer y también tiene que ver con mi profesión, el Derecho Penal está ordenado como un corpus, entonces, por un lado me nutre la idea de una obra integral, por otro, una aspiración enciclopedista, pero además hay algo vinculado a la poesía, que es el primer conocimiento del hombre, la primera filosofía se escribe en forma de poesía, porque ambas se conectan con el asombro, la curiosidad, que es la única forma de aprender, de hacernos preguntas. La literatura que me interesa no es la que da respuestas, es la que abre tajos y que te obliga a hacer preguntas.

-T: ¿Cómo se vincula todo esto con la idea del jardín?

-V.C.F: El jardín es un espacio de belleza y también de artificio, de cortes. Para generar esos espacios racionales hay que disciplinar a los árboles, las flores y las plantas, por eso cuesta tanto mantener un jardín. No creo en las categorías puras, los momentos buenos vienen mezclados, la belleza viene mezclada con lo siniestro y a veces para construir lo siniestro nos valemos de belleza. No es una idea mía, es de los románticos. Me gusta pensar la obra como un corpus imperfecto donde están esas narradoras imperfectas, creemos conocernos muy bien, pero no.

-T: Los ojos son un símbolo que se repite en los cuentos.

-V.C:F: La mirada era un motivo ineludible tratándose del secreto, la columna vertebral de este libro. Es increíble, pero cuando querés ocultar algo es adonde van todos los ojos, lo oculto atrae la mirada y aquí hay muchos personajes que se quieren ocultar y muchos personajes que espían el proceder de los demás, pero hay una mirada interior también, hay una revisión de los personajes de su adolescencia y su juventud como territorios donde pierden la inocencia.

-T:¿Te costó encontrar el tono?

-V.C.F: Todos nosotros estamos habitados por las personas que fuimos y un escritor puntualmente es un inventor de lenguaje. A los lectores no puede sonar verosímil que un personaje diga tal o cual cosa pero eso no quiere decir verificable, simplemente significa que el lenguaje funciona.

-T: ¿Cómo resumir este trabajo?

-V.C.F: Son cuentos sobre el momento en que los personajes se ven expulsados de ese jardín como espacio estético de orden y de cuidado, un jardín que si abandonamos puede volverse una selva, una cosa de abundancia si querés violenta, o de extrema aridez.

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