9 diciembre, 2022

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La elefanta Mara, una vida en cautiverio para repensar la relación con los animales

La escritora Paula Bombara, junto con la ilustradora Raquel Cané, repasan en su libro el sufrimiento del animal a lo largo de su vida sometida al maltrato por encierro hasta su llegada al santuario, un disparador que invita a revisar el vínculo y la relación social entre humanos y no humanos.
Escritora Paula Bombara Foto Archivo
Escritora Paula Bombara. Foto: Archivo

La escritora Paula Bombara y la ilustradora Raquel Cané reconstruyen en «Mara. Apuntes sobre la vida de una elefanta» la historia de la elefanta asiática que hasta hace poquito nomás permanecía en el ex zoológico porteño y en 2020 una decisión judicial le devolvió una vida en un santuario al aire libre en Brasil, para abandonar de una vez y para siempre el cautiverio al que fue sometida desde muy pequeña, cuando el mundo era otro y las formas de conocer no cuestionaban -tanto- la manera de relacionarnos con los animales.

El de Mara es un libro tan hermoso como doloroso a la vez. La mirada poética y sensible de Paula Bombara, que conecta con el cuerpo, el tiempo y la sensibilidad de una elefanta con todas sus toneladas y su monumentalidad, no puede escindirse -al mismo tiempo- del vínculo que los humanos, la ciencia, el mercado y el poder establece en relación a los animales, desconociendo derechos o vehiculizando el acceso al conocimiento a través del usufructo en perjuicio de otros seres vivos.

Por su «doble naturaleza» de escritora y comunicadora científica -también es bioquímica- Bombara fue convocada por la editorial Fondo de Cultura Económica a escribir la historia de Mara. Para hacerlo vio muchos videos de la elefanta, entrevistó a quiénes la conocieron y cuidaron, investigó sobre la vida de los elefantes y leyó libros que le resultaron indispensables para reflexionar sobre la relación social entre humanos y no humanos.

“En épocas pasadas, los circos y zoológicos eran oportunidades para conocer y aprender. Tiempos en los que no había filmaciones a color ni grabaciones sonoras, tiempos en los que las investigaciones científicas no se mostraban en las pantallas de nuestros teléfonos (…) Ya no estamos en esos tiempos, Mara”

El resultado es este libro conmovedor, que se pone en los zapatos de Mara -literal, usó plataformas para imaginarse como elefanta- y al mismo tiempo se inserta en el tiempo histórico y social, sin criminalizar prácticas o modalidades que hoy suenan vetustas y violentas. Se lee en el libro: «En épocas pasadas, los circos y zoológicos eran oportunidades para conocer y aprender. Tiempos en los que no había filmaciones a color ni grabaciones sonoras, tiempos en los que las investigaciones científicas no se mostraban en las pantallas de nuestros teléfonos (…) Ya no estamos en esos tiempos, Mara».

La elefante Mara en el ZOO de Buenos Aires
La elefante Mara en el ZOO de Buenos Aires.

«Lo primero que hice -cuenta Bombara a Télam- fue mirar el video de la llegada de Mara al Santuario de Mato Grosso y la pregunta que anoté fue acerca del tiempo que le había tomado llegar ahí. Advertí que tengo más o menos la misma edad que ella y que, entonces, ella había vivido las mismas circunstancias histórico sociales de toda mi generación. Conecté mi infancia a la suya y aparecieron otras preguntas, siempre desde la percepción sensorial y emocional».

El triste recorrido de Mara

La historia de la elefanta es una historia que va al ritmo de las discusiones sociales y culturales y también políticas: Mara fue y sigue siendo un punto de inflexión para repensar la relación con los animales, al ser considerada por una sentencia judicial «persona no humana». En 2020, tras una vida de viajes, funciones en circo, maltrato, vínculos con distintos humanos, rescates y exhibición, partió hacia un sitio nuevo para quedar al resguardo de su especie, ser protegida y vivir con elefantas, como ella. Mara representa el gran debate que urge al siglo XXI y es la forma que relacionarnos con todo lo que no es humano: aquí es Mara, pero son también los animales, los árboles, las aguas, el medio ambiente.

Desde pequeña, el periplo de Mara fue de La India a Europa y finalmente América del Sur, donde fue comprada por una familia circense durante la dictadura; luego vivió el abandono del circo Rodas frente al Parque Sarmiento hasta que por orden judicial se incorporó a lo que era el zoológico de Buenos Aires en Palermo, hoy devenido Ecoparque, donde ya no hay leones ni un oso polar, aunque sí sigue viviendo una camello, que por su condición de geronte no pueden trasladar. Mara dejó el Templo Hindú del exzoo a sus 50 años en plena pandemia y lo hizo en el marco de un operativo de monitoreo y cuidado que duró cuatro días, hasta que llegó al Santuario para Elefantes de Mato Grosso, en Brasil.

“Es urgente «sancionar leyes que protejan nuestro medio ambiente en su totalidad. Y, además de dar la protección legal allí donde aún no esté legislada, es imprescindible que exista un compromiso efectivo de velar porque dichas leyes se cumplan, porque de nada sirven si luego se vulneran y no hay consecuencias”

Cuando se sentó a narrar la historia de Mara, Bombara ya tenía mucha información sobre los elefantes, así como marcos legislativos y sentencias recientes en cuanto a derechos de animales: «Haber hecho ese trabajo previo me permitió relatar la historia de Mara desde una mirada científica que no teme mostrarse atravesada por las emociones que le genera lo que está contando. El mayor desafío fue transitar la escritura sosteniendo la observación científica (natural y social) de la vida de esta elefanta particular sin relegar en ningún momento la admiración poética que su naturaleza nos provoca, en mayor o menor medida, a todas las personas, grandes y chicas».

¿Quién es Mara? ¿Confiaba rápidamente en los humanos que aparecían en sus vidas? ¿Cómo cambiaba su temperamento con las forzadas adaptaciones a las que fue sometida? ¿Le divertía aprender las payasadas del circo? ¿Tenía amigas en el exzoo? Bombara entrevistó a algunos de los cuidadores que tuvo y en el libro relata cosas como esta: «Dicen que te cuidaban mucho, /que eras como una hija más para la familia circense, /que tenías un amigo humano de tu edad, Víctor. / Con él te metiste en ríos, arroyos, hasta en el mar. / ¿Qué significará amigo para vos, Mara?».

Traslado de Mara al santuario en Brasil
Traslado de Mara al santuario en Brasil.

Mientras conversa con la elefanta, la imagina, le pregunta y arma una suerte de rompecabezas donde va encajando la información dispersa sobre la trayectoria de Mara, Bombara también expone la naturaleza de los elefantes: cómo son las crías, cuánto tiempo necesitan sus mamás, o su vida en manada. Y a ese refugio de lo colectivo, del cuidado de a pares, le dedica el libro: «A Mara, por recodarnos que la fuerza está en el abrazo de la manada».

Las nueva generaciones

Como en toda su literatura, Bombara le imprime a su ficción el tiempo social de sus personajes, en temas que llevan el tamiz de lo complejo, como la violencia de género o la dictadura cívico militar, o ahora como con Mara, que se sumerge en el debate de la relación con lo no humano, desde una perspectiva histórica, ética y de compromiso. En la medida que son nuevas generaciones, insertas en otros paradigmas culturales, ¿son las infancias una voz donde escuchar ideas y mapas de vinculación con los animales?

Responde Bombara que la manera de ver el mundo que les rodea «no está tan compartimentalizada como la del mundo adulto, no hay un esfuerzo por separar tal ciencia de tal otra, tal arte, tal tecnología. Ellxs experimentan el mundo, lo sienten, lo cuestionan, le ponen palabras y silencios, lo observan. Su curiosidad y su empatía tiene que ver con otros lenguajes que, lamentablemente, vamos perdiendo al crecer. Miran a los ojos, gestualizan, tienden las manos abiertas, corren riesgos, responden con honestidad. Mi apuesta siempre es la observación activa de nuestras infancias y juventudes, hacerles preguntas y, sobre todo, escucharles».

“En las infancias el sentido común, ese sentido lógico, simple, de responder, de actuar, es muy natural: si alguien siente hambre hay que alimentarle; si tiene frío, abrigarle; si siente dolor, curarle, consolarle; si hay soledad, ofrecer compañía; no lastimar”

«En las infancias el sentido común, ese sentido lógico, simple, de responder, de actuar, es muy natural: si alguien siente hambre hay que alimentarle; si tiene frío, abrigarle; si siente dolor, curarle, consolarle; si hay soledad, ofrecer compañía; no lastimar. Creo que la enseñanza que lxs chicxs nos regalan cada día está en recordarnos que también tuvimos esa mirada de mundo profundamente justa, que fuimos perdiéndola, pero que podemos recuperarla».

Por eso, «antes de pensar en los desafíos de las nuevas generaciones pensemos en lo que nosotrxs aún podemos hacer para dejarlxs un país mejor». Es urgente, dice, «sancionar leyes que protejan nuestro medio ambiente en su totalidad. Y, además de dar la protección legal allí donde aún no esté legislada, es imprescindible que exista un compromiso efectivo de velar porque dichas leyes se cumplan, porque de nada sirven si luego se vulneran y no hay consecuencias».

«La impunidad que reina en el país hace que nuestras juventudes desconfíen de cualquier medida que tomemos y, para mí, tienen razón en no creernos. Nuestro mayor desafío es accionar para mejorar el medioambiente que todxs habitamos, disminuir la sensación de impunidad y recuperar la confianza de lxs jóvenes. Apoyar su militancia climática, escucharles, actuar para que las metas acordadas se cumplan de modo que, luego, sí podamos pensar juntxs en los desafíos que ellxs tendrán que encarar», sostiene Bombara.

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