26 septiembre, 2022

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La Feria de Editores se convirtió en la más convocante de su historia

La edición 2022 reunió a más de 280 sellos en el Complejo C Art Media (CABA) y fue visitada por un total de 18.000 lectoras y lectores: 3.600 personas el viernes, 6.300 el sábado y 8.100 el domingo.
Foto Eliana Obregon
(Foto: Eliana Obregon)

Con un gesto que desafió la incertidumbre económica y que da cuenta de la vitalidad de la edición independiente en el país, unas 18.000 personas participaron este fin de semana de la onceava edición de la Feria de Editores que reunió a más de 280 sellos en el Complejo C Art Media y se convirtió en la versión más convocante desde que abrió sus puertas por primera vez en 2013.

Las cifras que de movida marcaban un alza en el tamaño de la convocatoria -que pasó de 200 stands en 2021 a 280 en esta ocasión- tuvieron su correlato en la concurrencia, ya que mientras la edición anterior había reunido a 16.300 personas en el Parque de la Estación en un formato híbrido que fusionó charlas presenciales y virtuales, en este caso fue visitada por un total de 18.000 lectoras y lectores: 3.600 personas el viernes, 6.300 el sábado y 8.100 el domingo.

Las calles internas del predio -bautizadas con criterio literario como Juan José Saer, Sara Gallardo, Hebe Uhart, Ricardo Piglia, Juan Forn y Tamara Kamenszain– lucieron abarrotadas de visitantes que durante los tres días hicieron hasta cuatro cuadras de cola para ingresar. La demora les permitió garantizar la circulación, que los lectores pudieran disfrutar de los libros y, además, mantener un aforo razonable para esta última etapa de la pandemia.

«Logramos armar un espacio de casi 100 metros para que pudieran esperar bajo techo y para amenizar la espera recibían una impresión de Prensa la Libertad, podían ver un show de magia y tomar un café de especialidad de cortesía. La FED es evento público y gratuito consolidado para el mundo editorial, pero también es un paseo», reflexionó al cierre el cocreador de la FED y de Ediciones Godot, Víctor Malumian quien, preocupado por las colas, se tomó el trabajo de cronometrar dos veces el tiempo que llevaba llegar a la puerta. «Lo máximo de espera fueron 6 minutos porque había circulación, no era grave», contó con precisión.

Foto Eliana Obregon
(Foto: Eliana Obregon)

Los sellos convocados dieron cuenta de un criterio federal y trascienden el mapa local: 50 de los 280 no son de Buenos Aires y 40 de esos 230 restantes son del exterior. Según Maluamian, el balance de las jornadas fue positivo para los nacionales y los internacionales que lo consultaban sobre cómo reservar para estar presentes el próximo año.

«Mucha gente. No podés arreglar encontrarte con nadie pero tampoco podés evitar encontrarte a alguien», reflexionó, observadora, Marina, una lectora que reparó en esa mezcla de encuentro social con evento cultural que asumió la FED en estos días días. Esa dinámica tuvo un correlato en las redes sociales: muchos de los que visitaron la Feria se ocuparon de dejar, con fotos y videos, una huella de su paso por allí.

El encuentro creció a medida que pasaron los días. Para la primera jornada, el 90% de los stands había logrado recuperar el alquiler del stand, para la segunda, 9.600 lectores habían pasado por el predio y el domingo la concurrencia fue de 8.100 personas.

«La cantidad de gente fue increíble. Vendimos muy bien a libreros y a lectores y notamos mucho interés en nuestro catálogo. Además hubo una gran afluencia al espacio de la mini FED, un espacio para las infancias que armamos en un sector», repasó Luciana Kirschenbaum, del sello de literatura infantil y juvenil Limonero. «Solemos decir que las ferias del libro son como fiestas, pero realmente la FED me parece una fiesta, sin mediación de ninguna metáfora. Uno se encuentra, comparte e intercambia entre muchos autores, lectores y escritores que están felices de asistir», define.

Para Joana D´Alessio, editora y creadora del sello Vinilo y del infantil Ralenti, la FED fue «una bomba». «Nos fue bárbaro con las ventas. El año pasado era la salida del encierro y eso generaba cierta euforia por la situación social. Este año, creo que la gente tuvo más resto para reparar en los libros, para buscar una editorial que les gusta mucho. Siempre es lindo encontrarse, pero ahora pareciera haber más tiempo y disponibilidad para hablar de literatura». Gimena Bilbao, quien también estuvo en el stand del sello, destaca la sed por «saber, preguntar y curiosear» con la que se acercaban los lectores. Para poder atender a todos, el escritor Mauro Libertella, editor de Vinilo, pasó varias horas con lápiz y papel anotando las ventas y actualizando el stock.

Si bien D´Alessio este año notó cierta revitalización de lo literario por sobre lo coyuntural, extrañó estar al aire libre porque las jornadas son largas. ¿Sus preferidos? El catálogo que trajeron las editoriales chilenas y mexicanas.

El escritor y traductor Martín Castagnet participó de la feria como encuestador: «Todos los años realizamos una encuesta, organizada por la propia FED y el Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro de la UNSAM, que coordina Alejandro Dujovne, para conocer a quienes se acercan a la feria. El objetivo es descubrir hábitos de lectura, qué editoriales y autores siguen, cómo es su consumo de libros y a través de qué medios. El resultado de este relevamiento anual es importante para nuestro presente y confiamos en que eventualmente también será una fuente de información muy rica para la historia nacional del libro y la edición». Castagnet, quien fue elegido por Granta como uno de los mejores autores sub 35 en lengua castellana, estuvo presente en el stand de Cúmulus Nimbus con su traducción de «Diecisiete sílabas», el libro de cuentos de la japonesa-norteamericana Hisaye Yamamoto. Entre la multitud de stands, eligió tres destacados: los títulos de poesía de la editorial Llantén, incluyendo los libros de sus dos editores y traductores, Natalia Litvinova y Tomás Maver, con joyas rusas, australianas y locales; los libros de Erizo Ediciones, en especial «El empapelado amarillo» de Charlotte Perkins Gilman y «La historia de una hora de Kate Chopin», dos libros esenciales de la literatura norteamericana del siglo XIX y cuyas autoras son cada día más actuales; y la editorial Pupek, una de las mejores novedades de literatura infantil, con libros pensados con un corazón musical.

Foto Eliana Obregon
(Foto: Eliana Obregon)

Santiago La Rosa, editor del sello Chai, hizo un balance sumamente positivo de las tres jornadas. «Nos fue muy muy bien con las ventas y las novedades tuvieron mucha fuerza. Hubo gran cantidad de compras chicas. Entre viernes y sábado, vendieron más que en la edición 2021 y también más ejemplares que durante toda la Feria del Libro», comentó el editor, en una ecuación que da cuenta de hasta qué punto la FED es fundamental para el sector independiente. Las novelas de Cynan Jones y «Autorretrato» de Celia Paul fueron las estrellas del catálogo de Chai. La charla de Peter Orner impulsó las ventas de su libro, «¿Hay alguien ahí?» y generó gran expectativa entre los lectores que esperaron más de una hora para irse con su ejemplar autografiado. Entre ellos, hubo uno muy agradecido que le obsequió un fernet con coca cola como un souvenir argentino.

Hubo otras visitas internacionales de lujo en esta edición: la consagrada autora mexicana Margo Glantz; la filósofa y socióloga eslovena Renata Salecl; la especialista canadiense en urbanismo y género, Leslie Kern, y desde Brasil la escritora feminista y crítica literaria Amara Moira.

Nicolás Leyton de la editorial chilena La Pollera celebró el interés de los lectores argentinos por el catálogo. «Ha sido muy lindo ver cómo el trabajo y la organización de la FED, que integra a editoriales y libreros y que fortalece finalmente a toda la cadena del libro», sostuvo. La Pollera también celebró la dinámica comercial: «Hemos vendido bien. Recuperamos el costo del stand el primer día, pero más que eso ha sido muy importante para nosotros poder conversar con nuestros lectores acá en Argentina

Quienes se acercaban al stand del sello, repararon en las dos novelas del escritor Marcelo Vera, «Estepicursor» y «Solo», su primera novela del año 2020. También vendieron varios ejemplares de la colección de narrativa contemporánea como «La muerte viene estilando» de Andrés Montero o el libro de divulgación científica «Vida sumergida», de Catalina Velasco, que trata sobre la importancia de preservar el océano para preservar la vida en la Tierra.

Quienes pasaron por la FED usaron las redes sociales para postear su «botín», la foto con los ejemplares que se llevaron. «Creo que el año que viene hay que hacer la FED en La Rural», lanzó por Twitter la periodista, escritora y editora en Siglo XXI, Raquel San Martín e inauguró un diálogo en el que otros proponían a Tecnópolis y al Centro Cultural Kirchner como nuevas sedes. El intercambio, en tono de apuesta, da cuenta de una sensación: la FED es un evento cultural consolidado que en el futuro requerirá de un espacio más importante para seguir creciendo.

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