18 agosto, 2022

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Schlink: «Decir adiós es el inicio de un proceso de reafirmación de lo que dejamos atrás»

El autor alemán que logró reconocimiento con su novela "El lector" dio a conocer "Los colores del adiós" compuesto por nueve cuentos.
Bernhard Schlink es escritor y juez
Bernhard Schlink es escritor y juez.

«Los colores del adiós» reúne nueve cuentos del autor alemán, juez y bestseller Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944), quien con perspicacia, precisión y elegancia retoma los grandes temas que le dieron cuerpo a su obra como la identidad, la huella del pasado o la culpa y se aboca a explorar el sedimento de un adiós: «A veces, las despedidas nos permiten ver con claridad lo que dejamos atrás, apreciarlo y evaluarlo. Pero la mayoría de las veces necesitamos más distancia», dice en entrevista con Télam.

Schlink se volvió reconocido mundialmente a partir de su novela breve “El lector”, traducida a cuarenta idiomas, y a los 78 años se define precisamente a sí mismo como un «lector apasionado».

En el intercambio por email con Télam, retoma una cuestión central en toda su obra, que también abordó desde distintas aristas en novelas como «El fin de semana» y «Mujer bajando una escalera» y en libros de relatos: ¿Es posible reconciliarse con el pasado?

“Están todos muertos; las mujeres a las que amé, los amigos, mi hermano y mi hermana, y por supuesto mis padres, mis tías y mis tíos. Fui a sus entierros, durante un tiempo muy a menudo porque por entonces moría la generación anterior a la mía, luego raras veces y en los últimos años de nuevo a menudo, porque la que muere ahora es mi generación”, plantea el narrador del primer cuento -que recrea la vida de unos científicos pioneros en inteligencia artificial en la Alemania comunista, con la Stasi y los remordimientos de fondo- en un párrafo con la virtud de condensar las cuestiones alrededor de las despedidas que el autor plantea en «Los colores del adiós». En ese diálogo entre el pasado y el presente, Schlink también cuenta la historia de un hijo que descubre el gran secreto de su madre durante unas vacaciones de verano en una isla, la del profesor de música que tiene un encuentro con una mujer de la que estuvo enamorado, la de un padrastro que se enfrenta al deseo irrefrenable de una hija lesbiana de tener descendencia o la del hombre que busca asimilar la muerte de su hermano aunque le resulte casi un desconocido.

– Télam: “Los colores del adiós” se publicó en Alemania en 2020. ¿Cuándo escribió estos cuentos? ¿Fue capaz de escribir durante la pandemia?

– Bernhard Schlink: “Colores del adiós” fue escrito en los dos o tres años anteriores a la publicación. Durante la pandemia escribí mi próxima novela y disfruté muchísimo el proceso. La escritura durante la pandemia se volvió más lenta y silenciosa.

– T.: Muchas de las historias de “Los colores del adiós” tratan de la memoria personal: la conciencia, los secretos, la infancia, un viejo romance o la culpa de un científico ante el pasado. ¿Encuentra un vínculo entre la operación de recordar y la de escribir?

– B.S.: Al escribir nos basamos en lo que hemos experimentado, pensado, sentido y observado. Observamos desde la proximidad temporal y espacial, y también desde la distancia temporal y espacial. Por supuesto, escribir y recordar están relacionados.

– T.: Retoma la cuestión de las despedidas varias veces en los distintos relatos. ¿Qué dicen las despedidas sobre nosotros?

– B.S.: Hay muchos tipos de despedidas y formas de vivirlas. Pueden ser tristes

dolorosas, destructivas, pero también liberadoras y estimulantes. En cada despedida algo se termina, pero también puede empezar algo, pueden ser voluntarias o necesarias.

– T.: Un personaje de uno de los cuentos dice: “Cuando no has hecho nada especial, quieres al menos haber sido víctima. Como si fuera un título honorífico”. Como abogado y juez, usted trató con víctimas reales. ¿Qué sucede, en cambio, con este tipo de victimización honorífica?

– B.S.: Durante mucho tiempo, nuestra cultura solo vio y respetó a los ganadores, no a las víctimas. Eso ha cambiado y es bueno. Pero como suele suceder, hay situaciones sobregiradas. Al igual que antes uno se preguntaba si el ganador merecía ganar, ahora uno se pregunta si la víctima merece o no la derrota.

– T.: Algunas historias dan cuenta de la relación entre hombres mayores y mujeres más jóvenes. En un cuento, el narrador cita a “Lolita” la novela de Vladimir Nabokov que ha sido incluida dentro de las listas de libros “cancelados” ¿Por qué lo eligió ?

– B.S.: Me interesan las relaciones y no conozco ninguna lista negra.

– T.: A lo largo de su carrera, ha escrito novelas y también cuentos. ¿Qué encuentra en cada uno de los géneros? ¿Cambió esto con el tiempo?

– B.S.: Algunas historias quieren ser contadas como novelas, otras más cortas, no. Yo no decido eso, las historias lo hacen.

– T.: Las historias del libro están relacionadas con ciclos o situaciones que se cierran. ¿Son las despedidas el hito decisivo que nos permite valorar el peso que ha tenido un vínculo en nuestra vida? ¿Las despedidas nos permiten ordenar las experiencias según el grado de impacto que tiene el duelo? ¿O la importancia relativa de lo que dejamos atrás no siempre está relacionada con la intensidad de ese duelo?

– B.S.: A veces, las despedidas nos permiten ver con claridad lo que dejamos atrás y apreciarlo y evaluarlo. Pero la mayoría de las veces necesitamos más distancia, y decir adiós es solo el comienzo de un largo proceso de reafirmación de lo que dejamos atrás. Depende de qué tipo de despedida sea, una que acaba o una que también comienza algo, una que se nos impone o una que elegimos tener, una dolorosa o una liberadora. Hay muchos tipos de despedidas, al igual que ocurre con los colores.

– T.: ¿Hay un efecto acumulativo en la idea de un adiós? ¿Cuando procesamos el duelo resignificamos otras pérdidas y otros finales significativos?

-B.S.: Un adiós y sobre todo un adiós triste puede hacernos recordar despedidas anteriores y también despedidas tristes anteriores. Pero no tiene por qué ser así necesariamente, también hay despedidas en las que solo se mira hacia adelante.

– T.: Primo Levi dijo una vez, refiriéndose a lo que pasó en Auschwitz, que “quizás no se debe entender lo que pasó, porque esa comprensión es casi una justificación”. ¿Está la comprensión tan cerca de justificar o comprender permite evitar repetir lo que se rechaza?

– B.S.: La comprensión lleva a la tentación de disculparse, en lugar de justificarse. La tentación de disculparse -hay un dicho «tout comprendre c’est tout pardonner» (puede soportarse, puede resistirse)-. Y ciertamente no es una razón para renunciar a la comprensión. ¿Cómo se supone que vamos a aprender del destino de las personas, las instituciones y el curso de la historia si no los entendemos?

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