30 mayo, 2024

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Se reeditan novelas y aguafuertes de Roberto Arlt, el escritor de la ardiente belleza

A 81 años de su muerte y convertido en clásico de la literatura argentina, Arlt se sigue leyendo y reeditando y, en diálogo con Télam, la investigadora y docente Soledad Quereilhac; la escritora e investigadora Sylvia Saítta; y la docente e investigadora Margarita Pierini, vuelven sobre su figura y su huella en la vida cultural.
Telam SE

Periodista y escritor, Roberto Arlt (1900-1942) escribió con el impulso de la urgencia impuesta por el periodismo y la atracción por la ardiente belleza de un mundo en crisis en el que su foco eran los desdichados, los fraudulentos y los que sufrían sin esperanza alguna, y parte de esa obra vuelve a reeditarse en estos días: sus novelas «Los siete locos» y «Los lanzallamas», por un lado, y sus aguafuertes bonaerenses, por otro.

A 81 años de su muerte y convertido en clásico de la literatura argentina, Arlt se sigue leyendo y reeditando y, en diálogo con Télam, la investigadora y docente Soledad Quereilhac, responsable del prólogo de las dos novelas publicadas por Colihue; la escritora e investigadora Sylvia Saítta, estudiosa de su obra y autora su biografía «El escritor en el bosque de ladrillos»; y la docente e investigadora Margarita Pierini, a cargo de la compilación de aguafuertes publicados por Ediciones Bonaerenses, vuelven sobre su figura y su huella en la vida cultural.

«El conjunto que hace a la estética de Arlt es único. Está muy ligado a su época, que son los años 1920 y 1930 en la Argentina, décadas de enorme transformación tanto a nivel mundial como local. Tras la Gran Depresión, el mundo se transforma y Arlt capta con su literatura esa dimensión social y políticamente violenta del presente, aquello que está pasando en su aquí y ahora pero que no despierta una percepción inmediatista, sino la intuición de una desgarradora transformación de largo plazo. Se trata de ese ‘edificio social que se desmorona’ al que alude en el prólogo a ‘Los Lanzallamas’, de 1931″, dice Quereilhac

La investigadora señala en el prólogo de la reedición de «Los siete locos» y «Los lanzallamas» que su literatura fue de vanguardia porque abrió un mundo radicalmente nuevo para la narrativa y la dramaturgia argentina. ¿Qué continuidad hay en esa impronta?

«Por supuesto que luego han surgido en la literatura argentina textos de fuerte impronta ideológica y política, textos muy conectados en un sentido profundo con su presente histórico; pero el extremismo de Arlt, su combinación de melancolía y furia, su olfato para detectar el nudo de lo abyecto en nuestra condición de clase, no volví a encontrarlos así en otro autor o autora», responde.

Saítta, autora de una de las biografías más emblemáticas de Arlt, considera que se trata de «un vanguardista solitario» y explica: «Es casi un oxímoron, dado que la vanguardia es un movimiento grupal. Arlt no pertenece enteramente a los grupos de vanguardia de los años 20, pero su literatura no solo incorpora grandes procedimientos narrativos, textuales de las vanguardias históricas sino que en la corta tradición de la novela argentina está a la vanguardia de todo lo que se había escrito en ese momento».

Sobre todo hace referencia a «Los Siete Locos», «Los Lanzallamas», a la que define como «una gran novela cosmopolita que incorpora no sólo como referente lo que está sucediendo en la Argentina de ese momento sino que entra en diálogo con el gran debate ideológico, político, social y estético de todo Occidente».

De esta manera, Saítta destaca que Arlt se hace cargo en esa ficción del momento de enunciación en el que escribe y ese hacerse cargo es lo que marca una línea en la literatura argentina que viene después.

En ese después cita «ciertas zonas de un realismo que corroe al mismo tiempo las convenciones del realismo y se pueden encontrar tanto en algunas zonas de la narrativa en David Viñas, en Carlos Correas, y ciertas zonas de la experimentación que reaparecen en lugares más imprevistos. La reflexión de César Aira, por ejemplo, sobre el expresionismo en Arlt, da cuenta también de una línea Arlt en la narrativa de César Aira. Lo mismo podría decirse de cierta zona Arlt en en la lectura que Julio Cortázar hace de Roberto Arlt y en los momentos en los que Cortázar decide vincular literatura y política, por ejemplo, en ‘El libro de Manuel'».

En su texto «Un ‘manager de locos’ en la literatura argentina» que abre la reedición de «Los siete locos» y «Los lanzallamas», Quereilhac plantea que en su obra lo político está en la presentación de lo económico como destino. «Esas no son ocurrencias mías, sino de Ricardo Piglia y de Oscar Masotta, dos brillantes y sagaces lectores de la obra de Arlt», sostiene la investigadora y agrega: «Arlt capta, a través de sus ficciones tanto teatrales como narrativas, la tremenda hipocresía de la moral social, que sólo encubre la violencia de las diferencias de clase, así como la dimensión material y miserable de las relaciones humanas».

Y ejemplifica: «En ‘El juguete rabioso‘ queda claro, en el acto de traición final, que los valores de bondad y de ética son meros artificios de unos pocos, revestimientos ideológicos que sirven para escatimar la discriminación y la exclusión. En ‘Los siete locos’ y ‘Los lanzallamas’ se avanza mucho más en ese desenmascaramiento, pero no con tono denuncialista, ni apelando a moralinas ni sermones, ni siquiera a idearios redentores o liberadores, sino con la fuerza misma del universo ficcional y la dinámica de sus personajes. Todo es sometido a la deformación y a la farsa».

Entre la ficción y el periodismo, Arlt construyó una obra que no deja de reeditarse

Autor de novelas como «El juguete rabioso», «Los siete locos», «Los lanzallamas» y «El amor brujo», piezas de teatro como «Trescientos millones», «Saverio el cruel» o «La isla desierta», Roberto Arlt (1900-1942) fue responsable de una obra prolífica que hizo base en la escritura cotidiana de textos periodísticos para ganarse la vida pero que se expandió más allá de las redacciones y hoy su vigencia se puede ver en las constantes reediciones de sus libros.

Sobre esta vigencia, la investigadora Sylvia Saítta dice que esto se debe a que «en tanto clásico de la literatura argentina, sus obras continúan interpelando a lectoras y lectores que aún con perspectivas de lectura muy diferentes a aquellas en las que estas obras fueron escritas o publicadas dan respuesta a ciertas cuestiones que continúan en el presente».

En este sentido, cita «El juguete rabioso», donde está en el centro «la problemática de cómo los jóvenes, sobre todo aquellos que provienen de sectores populares, logran, pueden o fracasan incorporarse al mercado laboral. Cómo pueden acceder o no a un mercado laboral, a un trabajo que esté o que sea acorde a sus expectativas, a sus deseos o a sus propias elecciones». «Leído a comienzos del siglo XX o ahora, ya en el siglo XXI, continúa proponiéndonos la reflexión sobre esta pregunta. También nos interpela en el modo en cómo acceden los jóvenes al mundo de la imaginación, de la lectura y de la ficción. Aunque los soportes hayan cambiado, en ‘El juguete rabioso’ obviamente se trata de libros o de una literatura que circula en publicaciones periódicas o en revistas, y la pregunta por el acceso al mundo de la ficción y al impacto que la ficción produce en los imaginarios de quienes consumen esa ficción tiene una actualidad realmente notable».

Además resalta «ese panorama espectacular» de ‘Los siete locos’, ‘Los lanzallamas’, donde las preguntas y las reflexiones nos permiten continuar pensando el presente. «¿Qué pasa cuando un grupo de marginados sociales, del mercado de trabajo, del acceso a los bienes simbólicos, se organiza bajo la tutela de una figura como la del astrólogo, que es un líder carismático, autoritario, y que propone como salida a un presente que se vive como opresivo, no solo la violencia, sino la organización violenta de un grupo, que en la novela es una sociedad secreta», analiza.

La vigencia de esa pregunta es lo que subraya Saítta como «impactante»: «En esa figura, la del astrólogo, se concentran muchas de las preguntas que podemos hacernos hoy sobre la situación política tanto argentina como de una parte importante del planeta. ¿Qué pasa cuando los pobres quedan afuera del sistema? ¿Qué pasa con la aparición de estos líderes carismáticos, vaciados de ideología, pero que pueden dar respuesta a ese conjunto de marginados?».

Soledad Quereilhac asevera que la obra de Arlt tiene «una vigencia arrolladora por sus cruces entre realismo y expresionismo, sus estrategias de deformación de lo real para hacerle hablar su verdadero sentido, su particular uso del castellano -siempre en cruce entre el lunfardo y las formas cultas, en el que hablan metáforas industrialistas, esotéricas, geométricas-, el permanente riesgo de desquicio de sus universos ficcionales, su potente sensibilidad social y su lucidez ideológica, entre muchas otras virtudes, colocan su narrativa y dramaturgia entre las mejores obras de la literatura argentina y latinoamericana».

En el mismo plano, ubica a sus textos periodísticos, sus crónicas urbanas, de viaje y, hacia sus últimos años, los artículos sobre política internacional. «Ya condicionado por los imperativos del periódico para el que trabajaba y atento a las convenciones soportables por el público lector de la época, Arlt provoca todo el tiempo y juega con los límites -repasa-. No cultiva ningún pintoresquismo ni corrección política; saca temas de la galera para sus crónicas, en las que nunca faltan los variopintos perfiles de vagos, chantas y rufianes, la bobería moral de las clases medias, las transformaciones de la ciudad, entre miles de otros temas».

En tanto, Margarita Pierini destaca que «la crónica tardó en ser reconocida como un gran género literario. No todos los cronistas tenían y tienen ese manejo del enfoque en llegarle al lector» y se reconoce fascinada por «la creatividad que tiene Arlt con las palabras, con los giros, el humor y con la iniciativa de sumar alusiones literarias, cinematográficas. En cada aguafuerte uno siente que tiene mucho más para decir pero lo que el diario daba era un cuarto de página».

La investigadora tiene una aguafuerte a la que siempre vuelve: su cobertura del fusilamiento de Severino Di Giovani. «Me parece perfecta. Es un decir y no decir que se vuelve impresionista que se filtra con el respeto y la admiración por quien en ese momento era un chivo expiatorio. Es un texto único en nuestra literatura», asevera.

 

Quereilhac reconoce una diferencia en relación a sus textos periodísticos, en los que dice que «emerge una voz algo más civilizada, inserta en el mundo del trabajo -el periodista del diario El Mundo- que sin traicionar su ideario claramente establece otro pacto con sus lectores y elige otras formas de la comunicación, que puede apelar al humor, la ironía y la picardía del paseante urbano».

Sobre ese perfil periodístico de Arlt trabajó Margarita Pierini en el libro «Viajero de cercanías», que recopilaba aguafuertes de Arlt y se publicó en 2022, y ahora volvió a meterse con las aguafuertes pero especialmente las dedicadas al territorio bonaerense.

«Hay muchas cosas que se han ido publicando. Como escribía muchas notas por semana durante 20 años, descubrí que había todavía muchos inéditos. Trabajando con las aguafuertes inéditas para ‘Viajero de cercanías‘ encontré que había muchas sobre lugares de la Provincia de Buenos Aires», cuenta sobre cómo llegó a este conjunto de textos publicados originalmente entre 1927 y 1941 y en su mayoría en el diario El Mundo.

Así se pueden encontrar desde un texto sobre una plaza de Morón, pasando por una crónica sobre un día en Luján -donde todos los días, y más aún los de descanso, se vive «en fiesta lucrativa»- o la descripción de un paseo por la ciudad de La Plata, a la que describe como «el vaciadero de toda atorrancia porteña».

En estas aguafuertes, Pierini reconoce «por un lado la dureza que tiene el efecto de extrañamiento o sorpresa sobre ciertos lugares. El tema de la pobreza se puede encontrar en sus aguafuertes. Se indigna ante la miseria pero no con los pobres, sobre los que hay una mirada muy humana. Puede ser un poco irónico tal vez pero hay un respeto».

Arlt explicita que va al territorio bonaerense desde la ciudad y desde allí imagina «que la vida en estos pueblos debe ser sustancialmente distinta de la que hacemos nosotros, pobladores de cuevas de cuatro por cuatro y balconcitos para pigmeos».

«Porque nosotros, hombres de ciudad, estamos acostumbrados a un espacio de dieciséis metros cuadrados. A la oscuridad de los departamentos. Y a todo lo francamente abominable que el progreso, la tacañería de los propietarios y los digestos municipales han amontonado sobre nuestras cabezas», escribe en una aguafuerte fechada en marzo de 1929.

Para Pierini, «en sus aguafuertes porteñas está la desidia de los hospitales, los barrios inundados» pero dice no haber registrado aguafuertes sobre Recoleta, por ejemplo. «Mi impresión es que no le interesa como tema. Muchas veces cuando está en lo que llamamos Conurbano, casi cercano con el campo en ese momento, todo lo ve como idílico yo. Después dice que no, que más de dos o tres días no resistiría».

Saítta considera que en las aguafuertes porteñas publicadas en el diario El Mundo, «la política queda afuera o entra de un modo indirecto, dado que era un diario dirigido a los sectores medios, un diario muy cuidadoso a la hora de tomar posición política» pero advierte que la política internacional irrumpe en las notas de Arlt llamadas «Al margen del cable», publicadas en el mismo diario, donde retoma los sucesos políticos de lo que está aconteciendo antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

La docente de Literatura Argentina recupera también su participación explícita en el diario del Partido Comunista, Bandera Roja, o algunas de las notas que escribe para una revista filocomunista que se llamó Actualidad, dirigida por Elías Castelnuovo, donde ahí sí irrumpe el Arlt analista político. A su vez, cita la presencia de la política en los textos de teatro, en los que está lo vinculado a las problemáticas abiertas por el avance de los totalitarismos y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Formas de llegar a Arlt: el encuentro con una obra que es un «cross a la mandíbula»

Sylvia Saítta, Margarita Pierini y Soledad Quereilhac se cruzaron con la obra de Roberto Arlt y el encuentro determinó un vínculo de pasión y estudio sobre el autor argentino que se convirtió en clásico a fuerza de prepotencia de trabajo.

«Lo primero que me impactó cuando leí ‘Los siete locos’, ‘Los Lanzallamas’, fue la figura misma de Roberto Arlt. Ese escritor que venía de otro lado, que tenía que, por prepotencia de trabajo, hacerse un lugar en la literatura argentina, me conmovió», repasa Saítta.

Después ya leídas las novelas, su beca de investigación, siendo estudiante de la carrera de Letras fue sobre Arlt. En esas dos novelas, que Arlt pensaba como una unidad, estaban muchos de los temas y muchas de las preguntas que le interesaban: los vínculos dislocados entre la literatura y la política.

«Esa mirada tan desesperanzada que Arlt tiene con respecto a las relaciones sentimentales o los vínculos afectivos, la ciudad de Buenos Aires como gran escenario de la literatura argentina, ese escenario que es a la vez tan conocido por quien nació en Buenos Aires como yo, pero al mismo tiempo tan alejado de una representación realista de ese Buenos Aires», enumera.

También le impactó que «este recién llegado al mundo de lo que llamaríamos ‘la cultura alta’ sea el portavoz de las grandes discusiones que atravesaba en ese momento no solo Argentina sino al mundo».

Pierini se encontró con Arlt a partir de una recopilación publicada por Losada y si bien admite que nunca dejó de ser leído, subraya que «hasta que no llegó (Ricardo) Piglia a hacer una reconstrucción de esa obra, no tuvo el impulso que ha obtenido después su escritura».

En tanto Quereilhac cuenta que su vínculo con Arlt nació a partir de «El juguete rabioso» (1926). «La leí a los 14 años, cuando tenía la misma edad que el protagonista, Silvio Astier, quien es, paradójicamente, un ávido lector y que también está descubriendo parte del mundo a través de sus lecturas. Es, a su extraña manera, una novela de aprendizaje, y yo estaba también aprendiendo (y sufriendo) mucho a esa edad. El encuentro con la novela fue un momento muy hermoso, porque me la regaló mi profesora de literatura de segundo año. Me escribió una dedicatoria tan amorosa y tan atenta a lo que podía gustarme que, imperdonablemente, decidí sacarla del libro para guardarla como carta y terminé perdiéndola. La busqué años, aún de grande y luego de varias mudanzas. Yo había llegado un día al aula contándole que había leído ‘La metamorfosis’, de Franz Kafka, un libro de la biblioteca de mi papá. Y recuerdo haberle confesado que, si bien yo había encontrado mucho placer en su lectura, sobre todo por cómo estaba escrita y por el desafío que implicaba mirar al mundo desde los ojos de un humano ‘amanecido’ cucaracha, lo cierto es que no había entendido casi nada. A la semana me llamó aparte en el recreo y me regaló ‘El juguete rabioso'».

«La novela jamás hubiera entrado en la currícula de esa escuela, que era religiosa y muy conservadora; el regalo fue una decisión suya, por fuera de sus ‘obligaciones’ por decirlo brutalmente. Sin saberlo (¿o sí?), me inició en uno de mis autores favoritos, a quien vuelvo frecuentemente cuando dicto los programas de literatura argentina en la Facultad de Filosofía y Letras», reconoce.

Después, a los 17 años, descubrió las aguafuertes porteñas, «gracias al regalo de un compañero de quinto año de otro secundario, ya laico». «No supe valorarlas en su momento, pero al poco tiempo, cuando cursaba la carrera de Letras, volví a ellas y me fasciné. No tienen desperdicio, son realmente maravillosas y en ellas el castellano rioplatense suena como en ningún otro texto», asegura.

 

«En la ficción, en cambio, y sobre todo en las novelas, en ‘El amor brujo’, de1932, la política está de un modo más cifrado aunque el mismo Arlt, a través de una nota al pie, por ejemplo, localiza y data de alguna manera los sucesos de la novela en lo que implicó en el antes y el después del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930″.

Saítta marca que lo que atraviesa toda la obra de Arlt es «cierta concepción de lucha de clases, el modo de percibir el rol de la clase media en la lucha de clases en relación a un proletariado que nunca es mencionado de ese modo, aunque la figura del obrero, de las obreras sobre todo, aparece bastante en las notas periodísticas y sobre todo la reflexión sobre el desencanto de todo aquello que un sistema democrático de gobierno promete, pero no cumple».

A Quereilhac, la obra de Arlt le resulta tan intensa que, cuando debe leer en clase, en voz alta, el prólogo a ‘Los Lanzallamas’, al que caracteriza como «una especie de manifiesto de su obra y su tarea de escritor«, no logra llegar al final porque se emociona.

«No me sale la voz y debo disimular, porque me da un poco de vergüenza. Me conmueve su intensidad, su furia, su verdad, en un punto su impulso utópico, que avizora un mundo que vendrá (o que podría haber venido): ‘El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un ‘cross’ a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y ‘que los eunucos bufen’. El porvenir es triunfalmente nuestro.’ A la altura de la segunda frase, ya empiezo a pedir a lxs estudiantes que alguno o alguna me releve…», relata.

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