30 mayo, 2024

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Unos US$ 88.000 de multa al hombre que robó manuscritos de más de mil obras literarias

La decisión fue tomada por la jueza del tribunal de Nueva York, Colleen McMahon, quien específicamente lo consideró culpable de una estafa informática y de usurpación de identidad, algo que podría haberle costado hasta 20 años de prisión.
La editorial Simon Schuster en Londres donde trabajaba el impostor
La editorial Simon & Schuster, en Londres, donde trabajaba el impostor.

Filippo Bernardini, detenido por las autoridades estadounidenses en enero de 2022 en un aeropuerto de Nueva York, por haber robado más de 1.000 manuscritos previos a su publicación, entre los que estaban obras de autores como Margaret Atwood, Sally Rooney o Ian McEwan, fue declarado culpable por estafa, pagará una multa por 88.000 dólares y tendrá tres años de libertad vigilada.

La decisión fue tomada por la jueza del tribunal de Nueva York, Colleen McMahon, quien específicamente lo consideró culpable de una estafa informática y de usurpación de identidad, algo que podría haberle costado hasta 20 años de prisión.

Bernardini, de 30 años y nacionalidad italiana, trabajaba en Londres para la editorial Simon & Schuster, se hizo pasar por agentes y editores a través de correos electrónicos para obtener novelas y otras obras de los escritores y sus representantes. Y aunque la estafa se había detectado en los círculos literarios desde hacía varios años, hasta la detención del empleado de la editorial no había ninguna pista sobre este episodio.

Bernardini, de 30 años y nacionalidad italiana, trabajaba en Londres para la editorial Simon & Schuster, se hizo pasar por agentes y editores a través de correos electrónicos para obtener novelas y otras obras de los escritores y sus representantes

Las direcciones falsificadas se parecían a los nombres de dominio de editores legítimos pero con una letra cambiada: según los fiscales que llevan adelante la causa, Bernardini llegó a registrar más de 160 dominios fraudulentos.

A principios de este mes, el empleado de esta editorial desde hacía 7 años escribió una carta a la jueza en la que aseguró que sus acciones «atroces, estúpidas y equivocadas» y relató: «Mientras trabajaba, veía cómo los manuscritos se repartían entre editores, agentes y ojeadores literarios o incluso con personas ajenas al sector. Así que me pregunté: ¿por qué no puedo yo también leer esos manuscritos?».

Además definió su accionar como «una obsesión, un comportamiento compulsivo» y explicó que «no pensaba en el daño que estaba causando». «Nunca quise y nunca filtré estos manuscritos. Quería mantenerlos pegados a mi pecho y ser uno de los pocos que los conservara antes que nadie, antes de que acabaran en las librerías», expresó en esa carta.

Aunque la estafa se había detectado en los círculos literarios desde hacía varios años, hasta la detención del empleado de la editorial no había ninguna pista sobre este episodio

 
Los abogados de Bernardini también presentaron ante la jueza cartas de sus amigos y familiares, entre las que había una de una víctima: el escritor Jesse Ball, autor de «Cómo provocar un incendio y por qué», «Toque de queda» y «Censo».

Bernardini se hizo pasar por el editor de Ball para convencerlo de que le enviara manuscritos inéditos y el autor en su carta habló del estado de la industria, la caracterizó como «cada vez más corporativa y cocainómana» y se refirió al accionar del acusado como una «travesura» y una «cosa trivial, frívola». Argumentó que «debemos estar agradecidos cuando algo humano entra en escena: cuando la industria editorial por una vez se convierte en algo sobre lo que merece la pena escribir».

«Por una vez una persona se preocupa profundamente por algo: ¿qué importa que sea un intruso? No se puede imaginar el aburrimiento que aplasta el alma de la correspondencia editorial corriente», manifestó Ball, y señaló: «Agradezco que todavía haya sitio en el mundo para que ocurra algo gracioso de vez en cuando». Bernardini será deportado de Estados Unidos, luego de ser haber sido declarado culpable pagar 88.000 dólares en concepto de restitución.

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