26 noviembre, 2022

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Ballenas jorobadas en amenaza por el cambio climático

Esta emblemática especie se está recuperando de su casi extinción, pero el calentamiento de los mares podría obligarla a alejarse de sus zonas tradicionales de reproducción.
Una madre jorobada y su cría nadan en una bahía protegida en Vava’u, Reino de Tonga. 
Foto de Brian Skerry National Geographic Creative

Después de una importante recuperación tras décadas de caza excesiva, una de las especies de ballenas más emblemáticas puede estar en peligro por el cambio climático, ya que el calentamiento de las aguas podría obligarla a abandonar sus zonas de cría tradicionales en los trópicos. Se trata de las ballenas jorobadas, quienes se enfrentan a otro enemigo que no pueden combatir.

Según un nuevo estudio publicado en Frontiers in Marine Science, el aumento previsto de la temperatura de la superficie del mar significa que muchas zonas de cría de las ballenas jorobadas ya no estarán dentro de su rango de temperatura histórico a finales de siglo. Combinado con el calentamiento de sus zonas de alimentación, así como con los impactos de otras actividades humanas, estos cambios pueden significar que, incluso después de años de recuperación, el futuro de las ballenas jorobadas siga estando lejos de ser seguro.

Las ballenas jorobadas, quizás las más conocidas de las grandes ballenas, con sus largas aletas pectorales y su afición a saltar fuera del agua (comportamiento conocido como «breaching«), también son famosas por sus largos, complejos e inquietantes cantos. Al nadar principalmente en aguas costeras, fueron presas fáciles y tempranas de los balleneros comerciales, que empezaron a buscarlas en el siglo XVI y mataron unas 250.000 sólo en el siglo XX, reduciendo su cantidad mundial a unas pocas miles. Mientras que otras poblaciones de ballenas han tardado mucho tiempo en recuperarse o directamente no lo han hecho, las jorobadas se han sobrepuesto con fuerza en toda su área de distribución.

Por ejemplo, señala Philip Clapham, antiguo miembro del Centro de Ciencias Pesqueras del Noroeste de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) y actual científico principal de SeaStar Scientific, las poblaciones que migran desde el Antártico a lo largo de las costas del este y el oeste de Australia, «bien podrían haberse reducido a apenas unos cientos de animales cuando los rusos (en lo que entonces era la Unión Soviética), terminaron de expoliarlas ilegalmente en la década de 1960». Pero hoy se cuentan «por decenas de miles, con un fuerte crecimiento continuo«. El especialista agrega que «incluso en la (isla) Georgia del Sur, donde la caza de ballenas en la Antártida comenzó en 1904 y donde las jorobadas fueron prácticamente eliminadas en 1915, ha regresado una cantidad significativa de ballenas en los últimos años, después de décadas sin avistamientos».

Una ballena jorobada se da un festín de peces que se han congregado en las cálidas aguas de la bahía de Monterrey, California.
Foto de Paul Nicklen National Geographic

Las jorobadas se mantienen firmes

En verano, las ballenas jorobadas se alimentan en aguas frías de altas latitudes (como las de Alaska, la Antártida, Islandia, Noruega y la costa oriental de Canadá y Estados Unidos), y migran anualmente a aguas más cálidas para reproducirse. No está claro el motivo exacto de su migración, aunque las teorías van desde el evitar a las orcas depredadoras (que son mucho más abundantes en las zonas de alimentación frías) hasta el rejuvenecimiento de su piel.

Otra teoría es que las aguas tropicales permiten a las crías recién nacidas canalizar sus energías en algo más que mantener el calor. «No es que una cría vaya a morir si nace en aguas frías, sino que en aguas cálidas puede invertir más energía en el crecimiento», explica Clapham. El agua cálida es en sí un factor importante y lo indica el hecho de que la temperatura de la superficie del mar en todas las zonas de cría de las jorobadas a nivel mundial, ronda los 21 y 28 grados Celsius aproximadamente (70 y 82 grados Fahrenheit).

La presencia de las jorobadas en estas zonas de cría ha dado lugar a una enorme industria mundial de observación de ballenas. En Hawái, donde aproximadamente 10.000 ballenas de esta especie se desplazan cada año desde sus zonas de alimentación frente a Alaska, la industria aporta más de 11 millones de dólares al año a la economía de ese lugar.

Sin embargo, según el nuevo estudio, todo esto (la recuperación de las jorobadas, sus migraciones a las zonas de cría, la industria de la observación de ballenas) puede estar en peligro por el cambio climático. En el estudio, Hannah von Hammerstein y Renee Setter, estudiantes de doctorado del Departamento de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Hawai en Manoa, trabajaron con expertos en ballenas de la universidad y de la Pacific Whale Foundation (Fundación de la Ballena del Pacífico) para proyectar el aumento de la temperatura de la superficie del mar en las zonas de cría de las ballenas jorobadas.

Los investigadores descubrieron que, en un escenario «intermedio» de cambio climático en el que el crecimiento económico continúa a niveles históricos, pero se combina con esfuerzos limitados para reducir el calentamiento, el 36% de las zonas de reproducción de las jorobadas del hemisferio norte y el 38% de las del hemisferio sur experimentarían sistemáticamente temperaturas iguales o mayores al límite superior de 28 grados Celsius a finales de siglo. Sin embargo, en un escenario en el que las emisiones de combustibles fósiles continúen a un ritmo acelerado, esas cifras aumentan al 64% en el hemisferio norte y al 69% al sur del ecuador.

Los resultados fueron una sorpresa para los investigadores.

«Esperábamos que algunas zonas de cría se vieran afectadas», expresa von Hammerstein, «pero cuando examinamos nuestras proyecciones y vimos que una zona de cría tras otra salía en rojo, nos quedamos con la boca abierta».

Una ballena jorobada muestra su aleta caudal antes de sumergirse en el estrecho de Gerlache, en la Antártida. Foto de Paul Nicklen National Geographic

Impactos desconocidos

Dado que se sabe muy poco sobre las razones por las que las ballenas jorobadas seleccionan zonas de cría específicas, es difícil determinar el impacto exacto de su evolución. Aunque en teoría es posible que las ballenas simplemente seleccionen nuevos lugares para reproducirse y parir, la coautora del estudio, Stephanie Stack, sostiene que no es tan sencillo.

«No sabemos adónde irían si este hábitat no estuviera disponible para ellas», explica Stack, bióloga y responsable de la Pacific Whale Foundation. «El hábitat en todo el mundo se está degradando, así que no sabemos cómo reaccionarán en absoluto». Además, señala, en algunos lugares, sobre todo en Hawái donde las masas terrestres más cercanas son California (a más de 2.000 millas), y Japón (a casi 4.000 millas de distancia), simplemente no hay zonas cercanas a las que puedan desviarse de forma obvia y fácil.

Es importante señalar que cualquier cambio en las zonas de cría no se produciría de forma aislada. Las ballenas jorobadas, al igual que otras ballenas, se enfrentan a las amenazas acumuladas de las colisiones con barcos, la pesca, el ruido submarino y otras actividades humanas. Si la temperatura está aumentando en sus zonas de cría, lo hará también en sus zonas de alimentación, con impactos potencialmente aún más graves.

«Aunque el umbral de temperatura no supere el ideal en sus zonas de alimentación, ya estamos viendo cambios en ellas debido al calentamiento del océano«, dice Stack. El sureste de Alaska, por ejemplo, ha experimentado una serie de eventos de aguas cálidas en los últimos años. Como ejemplo, la especialista cita a la formación de una especie de piscina de agua caliente conocida como «la mancha», que se extendió hasta el sur de México y puso en jaque la cadena alimentaria marina, cerrando las pesquerías, devastando el número de salmones y dando lugar a mamíferos marinos muertos, moribundos y hambrientos.

«Los avistamientos de ballenas jorobadas en Hawái y el sureste de Alaska disminuyeron durante unos años y, al día de hoy, no se han recuperado las cifras anteriores», afirma Stack. «No sabemos si las ballenas murieron como resultado de eso o si se fueron a zonas diferentes donde no las buscamos, o tal vez una combinación de ambas».

Para la estudiante de la Universidad de Hawai en Manoa, Von Hammerstein, la perspectiva de que esos cambios aumenten en frecuencia e intensidad y se extiendan hasta afectar las zonas de cría, es «desalentadora». «Pero no lo veo estrictamente negativo porque los resultados también muestran que aplicando medidas de mitigación y reduciendo las emisiones se puede ganar mucho», afirma.

Para este fin, los autores del estudio recomiendan aumentar la protección de las zonas de cría de las ballenas jorobadas, a fin de proporcionarles una mayor resistencia frente a las amenazas climáticas y permitir un mayor estudio de cómo y por qué eligen esas regiones.

«Las ballenas jorobadas han sido celebradas como una historia de éxito en la conservación, y con razón», enfatiza Stack. «Creo que ahora es nuestra responsabilidad mantener esa tendencia y hacer lo que podamos para reducir los factores de estrés adicionales que se producen en el océano. Nuestro trabajo no ha terminado».

Por Kieran Mulvaney/NataionalGographic